DIME QUÉ PRESUMES Y TE DIRÉ LO QUE CARECES

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PRAVIA 13 (septiembre – octubre 2014)

Por: Romina Pons.

Me habló una amiga para contarme que iba de la chingada con su novio y que estaban a dos de cortar. Apenas unos días antes había subido una foto de los dos, muy contentos en San Miguel de Allende.

-Oye, ¿pero que no andaban muy contentos el fin?

-No guey, el fin explotó todo.

-¿Y la foto que subiste?

-Ah bueno, osea si hubo momentos chidos pero en general vamos de la fregada.

La foto estaba llena de hashtags: #teamo #lovemyboy #happy #life #SMA y miles de etcéteras.

Cuando entramos a redes sociales, por todos lados vemos a personas presumirnos su maravillosa vida: comen en los mejores restaurantes, se la viven de viaje o en yates, ven atardeceres impactantes o se acaban de comprar un outfit increíble. Queremos la vida de todos menos la nuestra, sin darnos cuenta que nosotros estamos aparentando exactamente lo mismo: un nivel de satisfacción utópico.

Guardando las apariencias

Son pocos quienes deciden subir a redes la parte aburrida o negativa de su vida. Casi nunca vemos imágenes de gente enferma, o cruda, o llorando, o deprimida. Lastimada si, porque una herida hace ver que la persona se arriesga. ¿Subirías un vine tuyo lavando platos? ¿O una foto del desorden de tu cuarto un domingo por la noche? Claro que no. Elegimos mostrar la mejor parte de nosotros mismos. Buscamos crear una imagen de nosotros mismos que sólo abarca una de nuestras miles áreas. Es normal, pero no podemos asumir que lo que vemos en redes es el paquete completo.

The grass is always greener on the other side

Cuando subimos algo a redes de algún momento, tenemos en el cerebro todo lo que antecedió y sucedió a dicho evento: sabemos que al final nuestro cuate se puso mala copa o te fuiste a dormir temprano porque tenías sueño. Sin embargo cuando ves imágenes de otros, no tienes todo el concepto contigo y asumes que esa persona siempre está plenamente feliz y en los mejores eventos.  Algunos tenemos un constante complejo de que la vida de todos los demás es más interesante que la nuestra, y enfocamos más energía en imaginarnos vidas ajenas que en disfrutar la propia. Esas cuestiones se convierten en inhibidores del autoestima, haciéndonos pensar que todos tienen vidas divertidas y excitantes y sólo nosotros estamos estancados en una vida aburrida o conflictiva.

¿No les da pena?

Esta es mi principal pregunta. ¿No les da pena desplegar tan descaradamente su ego? ¿Creen que no nos damos cuenta? ¿Neta se la creen? La ridiculez de la situación es directamente proporcional a la cantidad de hashtags. Con tres la armas, no necesitas más. Claro que las redes sociales son precisamente para compartir momentos pero no hay que exagerar. Si amas taaanto a tu “baby”, díselo en la cara, no tenemos que verlo en tu estatus diario. Si tienes el mejor trabajo del mundo, ¡felicidades! No debes recordarlo diario con un check-in de foursquare. Si en verdad te gusta tanto, ¿porqué debes repetirlo cada día? 

Hay personas que de verdad exageran. Claro que vas a subir una foto el día que te comprometes, pero recordarnos cada tres horas lo maravillosa que es tu vida comprometida cansa. O el famosísimo “¡Sólo faltan 5 días!”. O nos cuentas bien qué pasa en cinco días o mejor no digas nada. Hay personas que son tan intensas en redes sociales que sólo me hace pensar que tienen demasiado que aparentar y una vida bastante vacía.

Pasarela de egos 

Pareciera que las redes sociales se convierten una competencia para ver quién es invitado a mejores eventos, quién come en mejores restaurantes, quién es más amiguero, o quién viaja más. Se nos olvida que las redes sociales son mucho más que eso y sirven para compartir cosas más interesantes –y menos egocéntricas- .

Menos redes, más encuentros.

Entonces pasamos el tiempo presumiendo o viendo a los demás presumir sus vidas, pero conviviendo menos. Hoy en día es típico voltear a ver mesas en restaurantes para ver a todos clavados en sus teléfonos sin hablar. Estamos en todos lados al mismo tiempo pero no disfrutamos ningún sitio. Y por otro lado, sentimos un falso sentimiento de unión con amigos porque ya vimos qué hicieron, cuándo y con quién. No es cierto. Saber que tu amiga comió ayer en Panchos y fue en la noche al White Rabbit no quiere decir que la convivas, que sepas cómo está, que no te extrañe. Las redes sociales son un excelente recurso para unirnos y separar distancias pero jamás pueden ser reemplazadas por la verdadera convivencia. Soy de la idea de que deberíamos embarrar menos cosas en dichas plataformas y disfrutar más el aquí y el ahora, independientemente de que este sea en la fiesta más nice o en tu casa en pijama viendo la tele. Ser real es más importante que ser cool. Compararte con el resto no te lleva a nada y sólo te hace sentir miserable. Es momento de darnos cuenta de que las cosas que en verdad valen la pena de la vida no pueden ser compartidas en redes sociales.

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