El MÉXICO QUE QUIERO

Y SÉ QUE TÚ TAMBIÉN

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PRAVIA

Por: Romina Pons.

Mi papá me contó una anécdota que me dejó impactada. Un amigo suyo se fue a vivir a Finlandia con toda su familia por cuestiones de trabajo. Un día su vecino le propuso hacer ronda para ahorrar gasolina ya que ambos trabajaban en el mismo edificio y sus hijos iban en la misma escuela. Dejaron a los niños a las 8 am y se dirigieron a su trabajo, que iniciaba a las 9. Tres cuadras antes de llegar al trabajo el finlandés le dijo que se parara y se estacionara. El mexicano lo miró raro y le dijo que no, que al llegar temprano iba a aprovechar para estacionarse más cerca. Entonces el finlandés le respondió: “¡Al revés! Nosotros tuvimos la fortuna de llegar temprano, así que podemos darnos el tiempo de caminar tres cuadras al edificio. Así aquellos que tiene el tiempo más justo podrán estacionarse cerca y no llegarán tarde a trabajar. Si todos empezamos puntuales, la empresa será más productiva y todos estaremos mejor.”

¿Ya entendieron por qué me impactó? Dentro de mi cabeza esa posibilidad ni siquiera existía. Recuerdo perfecto que lo único bueno para mí de tener clases a las 7 am en la universidad era precisamente eso: estacionarme cerca del edificio. Estamos acostumbrados a ver por el bien propio, y nunca por el bien común. No es ninguna coincidencia que precisamente Finlandia sea considerado como uno de los países con mejor calidad de vida. Si bien no es nuestra culpa que no tengamos ese chip integrado, es nuestra responsabilidad desarrollarlo. Es una pena que la frase “el que no tranza no avanza” esté tan metida dentro de nuestro léxico. Tenemos que entender que buscando el bien común nos beneficiamos todos a largo plazo, mientras que el bien personal viene siendo como un chocolate: un placer instantáneo y fugaz.

Me parecen muy incongruentes las personas que se quejan de lo mal que está el país pero no hacen nada al respecto. Yo estoy convencida que el cambio no radica en la persona o el partido que esté en el poder, este surge desde el interior de cada mexicano. No podemos quejarnos de la corrupción y dar mordidas, molestarnos por las inundaciones y tapar las coladeras con basura que tiramos en las calles. Me da mucho coraje ver coches de señoras en completamente sanas en las áreas de discapacitados, alumnos que presumen que sacaron acordeón en un examen, personas que se enorgullecen por tener cable sin pagarlo. Culpar al gobierno de nuestras carencias es muy fácil, pero también muy irresponsable.

No sé cómo, cuándo ni quién nos hizo pensar que si al de al lado le va bien, tenemos que fregarlo, que nuestro éxito se mide según qué tan arriba estamos de los demás. Las hormigas, cuando cae mucha lluvia, se agarran todas de sus patitas para formar así una balsa y poder flotar. Si intentaran nadar cada una por su lado, todas se hundirían y morirían. Es momento de darnos cuenta de la enorme capacidad que tenemos como humanos –y mexicanos- si trabajamos todos en conjunto. Si buscamos el bien común.

Esto no es una tarea épica, es cuestión de hacer pequeños cambios en nuestro día a día para generar grandes mejoras. (el famoso efecto mariposa). Empieza por ti, con tu ejemplo y contagiaselo a tus conocidos. Les apuesto a que si todos ponemos nuestro granito de arena, el país estará mucho mejor en 6 años. Y no, no por su gobierno, sino por su gente.

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