ESTEREOTIPANDO ANDO

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PRAVIA 10 (marzo – abril 2014)

Por: Patti Chapatti.

Apenas llevo dos semanas en este nuevo trabajo y mi oficina bien podría considerarse como uno de los lugares más elegantes y stylish de la ciudad. El ejecutivo del banco “X” ha llegado y yo tengo los papeles listos para abrir una nueva cuenta de cheques.

Una vez que le han traido su latte a mi invitado, comienzo a entregarle la documentación e insisto en llamarle de “usted” –aunque sospecho que somos casi de la edad-. Él responde mis preguntas o comentarios no sólo de manera informal, sino que deja escapar uno que otro “wey” en medio de alguna frase. Me ha pedido que firme varias hojas y así lo hago cuando me interrumpe:

“No manches…. (hace una pausa mientras sonríe) te puedo imaginar perfecto bailando, te lo juro, hasta sé qué ropa que usarías y así”

Obviamente dejo de poner atención a lo que estaba haciendo, me he quedado sin palabras, sigo sin entender a qué se refiere cuando agrega:

“Se te ve, se te nota durísimo que eres tipo super electro y que te encantan los raves”…

Sin entender por qué lo dice o cómo es que ha llegado a esa conclusión volteo a verme: llevo puesto un vestido negro, largo, muy elegante y hoy -cosa rara- llevo el cabello suelto y perfectamente alaciado. Pero de repente todo es muy claro: su mirada fija en mi cara. Sonrío y le pregunto:

– Ahhhh ok entiendo… ¿lo dice usted por la argolla que llevo en la nariz?-

Menos de cinco minutos después el muchacho se dirige directito al Banco donde trabaja; nuestra conversación terminó cuando le expliqué, gentilmente, que siempre me habían gustado las argollas en la nariz, que la música electrónica no era lo mío y que era lamentable no poder usar esas alas de mariposa rosa fluorescente, colgadas a la espalda, con las que él ya me había imaginado.

La palabra estereotipo puede definirse como la  imagen estructurada y aceptada por la mayoría de las personas como representativa de un determinado colectivo. Es por ello que incluso podemos dividirlos o clasificarlos según sea el tema de nuestro interés: estereotipos sociales;  culturales; clasistas; religiosos; de género, etc.

Hoy en día, resulta cada vez más difícil distinguirnos de los demás y tratar de ser originales, únicos, e irrepetibles (aunque creas que tu facebook te haga ver como lo más in y cool de este mundo). También es cierto que no vivimos aislados y que lograr la aceptación de cierto grupo -social, cultural, you-name-it– resulta importante. Si elegimos formar parte de un colectivo social con cierta ideología y una serie de características, es común que se siga determinado comportamiento o se imite algún tipo de actividad.

Una vez que éste comportamiento se reproduce entre los integrantes, se genera empatía entre éstos y se adquiere un sentido de pertenencia. Es así como encontramos grupos colectivos divergentes y emergentes, mejor conocidos como tribus urbanas.

Puede resultar fácil definir o categorizar a cierto grupo de individuos ya sea por la forma en que se visten; la música que escuchan; el partido político que siguen; la colonia dónde viven; su apellido; dónde estudian; dónde vacacionan; su nivel de escolaridad; preferencia sexual; la forma en la que bailan; en la que se peinan, etc. Sin embargo,  también es cierto que esta tendencia a “estereotipar” a la gente no sólo fomenta la ignorancia sino que limita el conocimiento,  además de propiciar situaciones de discriminación y violencia.

Analicemos a profundidad y caeremos en la cuenta de que en más de alguna ocasión hemos actuado basados en estas creencias limitantes sobre lo que se espera o se cree de “x” persona o su grupo.

Después de todo no es tan complicado: traer un mohawk no te hace punk así como tener la cabeza afeitada no te convierte en un skin head. No, no todos los gays aman la música de Gloria Trevi y tu prima “la gordita”, tiene un problema en la tiroides, no con los pingüinos Marinela. Y si, los hombres si lloran, menos Chuck Norris obviamente…

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