SISTEMA DE RIEGO

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PRAVIA 21 (Enero – Febrero 2016)

Por: Redacción Pravia

Desde hace un tiempo hemos venido hablando de permacultura, agricultura natural y demás. En algunos artículos se muestra cómo alguna persona con conocimientos ancestrales de tal o cual pueblo, vacía una regadera en un agujero de la tierra. Claro, ese agujero es en realidad una vasija de barro sin esmalte enterrada que, al poseer ese material la capacidad de distribuir luego el agua uniformemente y continuamente, ayuda a ciertos cultivos.

El riego es una herramienta fundamental para intensificar la agricultura. Aunque sólo el 16% de los campos del mundo tienen riego, en ellos se produce el 36% de las cosechas mundiales. En los países en desarrollo, el riego incrementa el rendimiento de la mayor parte de las cosechas entre 100 y 400 por ciento. Pese a esto, algunos de los campesinos más necesitados del mundo siguen sin poder regar sus tierras efectivamente.

Las técnicas de riego son resultado de combinar adelantos revolucionarios de la ciencia de la irrigación logrados en los últimos decenios, con tecnologías tradicionales utilizadas con éxito durante siglos. Hoy es posible mantener condiciones de humedad del suelo casi óptimas con vasijas de barro poroso eliminando así los problemas de anegamiento y salinización, a la vez que se economiza agua a lo largo del ciclo agrícola, respondiendo continuamente a las variables etapas del clima y del crecimiento de los cultivos.

¿Apenas lo suficiente es lo mejor?

Es una falacia humana universal suponer que si un poquito de algo es bueno, entonces más de lo mismo tiene que ser mejor. En el riego (como también en muchas otras actividades), apenas lo suficiente es lo mejor.

Un científico israelí que ha atravesado las fronteras políticas y étnicas para ayudar a decenas de países en el Medio Oriente, África, Asia y América del Sur para mejorar la agricultura, con nuevos métodos de riego recibirá el Premio Mundial de Alimentos. Daniel Hillel, quien se acredita con el desarrollo de métodos de riego que conservan el agua al mismo tiempo que permite el crecimiento de los cultivos alimenticios en los climas más secos del mundo.

Su estudio hace una comparación del sistema de riego con vasijas de barro sin esmaltar con el sistema de riego por goteo y microaspersión. Se realizó la investigación específicamente para condiciones particulares de microfundios utilizándose materiales baratos y adquiridos en los mercados locales. Los 3 sistemas de riego se evaluaron con base al cultivo de la lechuga, que presenta gran demanda y forma parte del sustento económico y familiar del pequeño agricultor. Los sistemas de riego con vasijas, goteo y microaspersión permiten obtener 4 cosechas al año de lechuga, incrementando así su producción y a la vez genera excedentes para el mercado local; de esta manera se multiplican los ingresos y se soluciona la distribución irregular de aguas pluviales. El sistema de riego con vasijas de barro obtuvo la mayor producción de lechugas y la más alta rentabilidad; mientras que el sistema de riego por goteo y por microaspersión presentaron producciones intermedias.

Para utilizar ollas en un jardín o granja, uno entierra la olla en el suelo dejando la parte superior que sobresalga ligeramente desde el suelo (idealmente en el agujero del cuello de la olla se pone una piedra para evitar la evaporación o se aplica un pegote de barro a modo de tapón). La olla se llena de agua y la apertura se tapa al máximo ya sea con una placa de roca arcilla u otro material disponible para prevenir la reproducción de los mosquitos, la introducción del suelo y la evaporación.

Dependiendo de factores tales como las necesidades de agua de la planta, del tipo de suelo, de la época del año, las ollas se pueden rellenar cada semana o diariamente. El agua normalmente tarda entre 24 y 72 horas en fluir a través de una olla. El agua debe ser añadida a una olla cada vez que el nivel de agua en la olla cae por debajo de 50% con el fin de evitar la acumulación de residuos de sal a lo largo de las superficies de la olla que pueden impedir la filtración deseada.

Las ollas de barro tienen microporos en las paredes que no permiten que el agua se escape libremente de la olla, pero permiten las microfiltraciones de agua en aquel lugar donde se desarrolla la succión. Cuando una olla es enterrada hasta el cuello en la tierra, llena de agua, y los cultivos plantados alrededor de la misma, debido al efecto de exudación de la arcilla en la sub-superficie, el agua rezuma de la misma debido a la fuerza de succión que atraen a las moléculas de agua a las raíces de las plantas. La fuerza de succión se crea por la tensión de humedad del suelo y/o de las raíces de las plantas. Las raíces de las plantas crecen alrededor de las ollas y van tirando de la humedad cuando sea necesario, y así nunca desperdician una sola gota de agua. Las ollas realmente eliminan la escorrentía y la evaporación común en los sistemas modernos de riego, lo que permite a la planta absorber casi el 100% del agua.

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