FEMINICIDIOS: MUERTE A LAS MUJERES POR EL HECHO DE SERLO.

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PRAVIA 19 (septiembre – octubre 2015)

Por: Nayeli Tello Mendoza

En León Guanajuato la vida no vale nada, y más si se trata de la vida de una mujer. El fenómeno del feminicidio en todo el estado en los últimos cinco años se incrementa de forma constante y parece que el tema de la seguridad de las mujeres no es prioritario. Un total de 46 mujeres asesinadas en lo que va del 2015, 13 de ellas en el municipio de León (casi el 30%), las otras distribuidas en los municipios aledaños, de Celaya a Irapuato, desde Acámbaro hasta Juventino Rosas, en 38 de los 46 municipios del Estado se ha presentado al menos un asesinato de una mujer por razones de género en ese periodo de tiempo.

Guanajuato se ha convertido en territorio de feminicidios, un panorama de inseguridad aunado al clima de miedo e impunidad es lo que permea en quienes se esfuerzan constantemente por visibilizar los crímenes y tratar de darles voz a esas mujeres que ya no se encuentran más entre nosotros, pero parece que la desesperanza se instala con cada esfuerzo pues las autoridades hacen oídos sordos o se encargan de dar paliativos para hacernos creer que en Guanajuato no pasa nada; lo que menos queremos es que estas mujeres se conviertan en una  cifra, en un porcentaje escalofriante.

¿Por qué nos están matando? Son varias las aristas a analizar para comprender esta pregunta esencial a un problema social que atañe a todas las personas. La violencia que se vive en el país es brutal pero tratándose de violencia hacia las mujeres la situación se torna aún más complicada porque intervienen elementos que la normalizan hasta el grado de hacerla invisible. Un componente clave para comprender el fenómeno del feminicidio es la sociedad en la que vivimos, machista y misógina, dividida en roles en base a la genitalidad que posees. Culturalmente se nos enseña que los hombres salen a trabajar y las mujeres nos quedamos en casa a parir la fuerza de trabajo que sustenta al sistema, a hacer el trabajo doméstico que aporta a la economía del país pero que nadie reconoce, visibiliza y mucho menos remunera.

¿Es esta una base para perpetrar asesinatos contra mujeres? La respuesta es sí, pero es sólo una de ellas. La ciudad de León se encuentra hoy en el cenit de asesinatos contra mujeres, no se trata de un asesino serial del que tengamos que cuidarnos, ni de una persona con un desorden mental, se trata en su mayoría de las parejas sentimentales de esas mujeres, hombres cercanos a ellas perfectamente ceñidos al modelo machista y patriarcal con el que son educados, un adoctrinamiento que enseña a los infantes que “los hombres no lloran” o “vieja el que llegue al último” donde se les enseña a despreciar cualquier manifestación relacionada con lo femenino, pues no contamos con una educación que nos permita crecer sin prejuicios librándonos de todas las construcciones sociales que giran en torno al género. Un niño que hoy diga cosas del tipo “pegas como niña” será un adulto que el día de mañana diga “las viejas no saben manejar” o “deberían de quedarse en su casa a lavar los platos”. Cuestiones claras de violencia pero que están tan normalizadas en nuestra cultura que ya ni nos damos cuenta, y la división de los roles de género indica que los hombres van al ámbito público y las mujeres se confinan al ámbito privado (como atender su casa y ser madres). También tenemos que pensar en nuestras construcciones respecto al amor, gran parte de los feminicidios cometidos están sustentados por la idea de que las mujeres les pertenecemos a los hombres, de que somos sus mujeres, como si tener una pareja significara pasar a ser propiedad del otro, porque la idea retorcida del amor es esa: las mujeres pertenecemos a un solo hombre, al “príncipe azul”, ese que ejerce poder y control sobre nuestros cuerpos, el mismo que un día les dijo “eres mía” y al otro les arrebató la vida con saña, ese: el macho feminicida. Pero pareciera que esto tampoco importa, incluso los medios de comunicación disfrazan las noticias con el nombre de “crímenes pasionales” en donde en un ataque de celos un sujeto le arrebata la vida a una mujer, pero no, no es un ataque de celos, es toda una cultura patriarcal incardinada en donde la vida de las mujeres no vale porque ni siquiera somos autónomas, somos para el otro.

Y de la cultura que nos hace ver como propiedad de un hombre pasamos a la cosificación de las mujeres, misoginia en los medios de comunicación: nuestros cuerpos como objetos a la venta en la publicidad sexista. La violencia está inscrita en los cuerpos de las mujeres, no estamos seguras al caminar por las calles a ninguna hora del día, el acoso callejero es el pan de cada día donde los acosadores se sienten con el derecho de opinar sobre nuestros cuerpos  y disfrazan la violencia sexual con el nombre del “piropo, una vez más la violencia se normaliza, pero les tenemos una noticia: la calle es pública, nuestros cuerpos no.

La violencia sexual es un claro elemento de género en la violencia que vivimos, la mayoría de las mujeres asesinadas presentaban algún tipo de abuso sexual en sus cuerpos, porque por el hecho de ser mujeres no sólo se les asesina, además son torturadas y violadas por estos machos feminicidas que se sienten con el poder de retener, abusar y agredir a otras sin que haya la menor consecuencia. De 2010 a la fecha 320 mujeres han sido asesinadas en el estado de Guanajuato, 72 de ellas en la ciudad de León.[1] Por eso es que en este León, nuestra vida como mujeres no vale nada.

Nayely Tello Mendoza.

Tiene 24 años, estudió filosofía en la Universidad de Guanajuato. Activista por los derechos de las mujeres desde 2011. Ha colaborado con el Centro Las Libres en investigaciones sobre el aborto y el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos; coordinó el Seminario de género: masculinidad y feminismo en la Universidad de Guanajuato en 2013 y 2014. Ha impartido talleres de prevención de la violencia y salud sexual y reproductiva para las mujeres. Actualmente trabaja por la prevención y erradicación de todas las formas de violencia hacia las mujeres.

[1] Las estadísticas proporcionadas por el Centro “Las Libres”.

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