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Las mujeres se vienen a divertir

PRAVIA 21 (Enero – Febrero 2016)

Por: Esther Bedolla Aceves

El orgasmo femenino no es tema nuevo, pero a pesar de ello hay muchos hombres que no terminan de entenderlo. Para desgracia de ellos en los últimos años un nuevo fenómeno ha ganado popularidad; La eyaculación femenina, creando más confusión ya no sólo en ellos, sino en ellas.

Este controversial acto que según estadísticas menos del 20% de las mujeres mexicanas creen haberlo experimentado, tiene varios enfoques. La llamada eyaculación femenina se logra al estimular consciente o inconscientemente el punto G o también conocido por algunos como la próstata femenina, ubicado en el techo de la vagina, dicha estimulación concluye con fluido procedente de la uretra. Las sensaciones provocadas por la estimulación del punto G exigen una liberación de fluido difícil de controlar, haciendo el uso del término eyaculación, el más sencillo de usar, pero quizá no el ideal.

Ahora, no hay que confundir el squirting que vemos en pornografía con la eyaculación femenina, porque, aunque hay publicaciones en internet que lo usan como sinónimo, no es lo mismo. En el squirting hay una expulsión exagerada y abundante de líquido transparente proveniente de la vejiga con cierto contenido urinario rebajado. La confusión quizás está en el hecho de que ésta expulsión se provoca y libera al sentir el orgasmo, lo que simula algún tipo de eyaculación.

Otro enfoque que no podemos ignorar es la teoría médica de incontinencia coital. Estudios recientes reportan que al examinar a un grupo de mujeres que experimentan eyaculaciones regulares, no se encontraron problemas urinarios, pero sí describen la sensación como aquella de orinar, una sensación totalmente diferente a la de lubricar y por supuesto a la de tener un orgasmo, razón por la cual los médicos hacen a un lado la idea de que se trate de estimulación sexual placentera sino de una incontinencia de secreción durante el sexo. Sin embargo, no hay pruebas claras de que se trate de una cosa o la otra.

Entonces, ¿por qué es que, si no se ha encontrado prueba real sobre la eyaculación femenina como tal, siguen arrojando el término a la mesa? Bueno, principalmente se cree que tenga que ver con temas sexistas. A inicios de los años setentas con el movimiento de empoderamiento de las mujeres, se consideró un punto más a favor de las mujeres el hecho de si lo deseaba podrían eyacular tal como lo hace un hombre, aunque el propósito era nulo pues, el hecho de que el acto fuese posible ya era un gane para el poder feminista.

Por otro lado, para los machos, el desconocimiento del cuerpo femenino, sus zonas erógenas y el mágico y temido logro del orgasmo, eran todos conceptos ajenos a su entendimiento, pero el saber que la liberación de algún tipo de fluido (aún sin saber su origen o composición), era más fácil de entender y sobre todo de empatizar.

La razón de que sean tan pocas las mujeres que se animen a llevar esta sensación a conclusión total, es por el hecho de creer que es orina lo que están sintiendo y temen estar en lo correcto, enfocándose en luchar contra la sensación y contener la pelvis, porque nadie desea un Golden Shower cuando no fue pedido, ¿verdad? Sin mencionar Ia anticuada creencia que venimos arrastrando sobre cómo la mujer debe mantenerse limpia y tapar todo olor o secreción aún de su propio cuerpo.

Idealmente, buscar temas sobre el punto G y su estimulación, ayudará a conocer mejor el cuerpo femenino y experimentar en lo personal si esa expulsión es o no para ti una eyaculación, al final, si la sensación es placentera, el término que usen para describirlo ya no importará mucho.

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