MIEDO A LA INTIMIDAD SEXUAL

0

PRAVIA 18 (Julio – Agosto 2015)

Por: Esther Bedolla Aceves

Para muchos cuando el gusanito del sexo entra al cuerpo es naturalmente excitante, impulsivo, reactivo y espontaneo, pero entonces ¿porqué es que muchos otros lo evitan, tachándolo de doloroso, sobrevaluado o sucio? En este momento como lector podrías querer responder esta pregunta argumentando que quien diga eso debe ser viejo, llevar mil años casado y aburrido o un fanático religioso. Y quizá pueda ser cierto en casos, pero nada es tan cerrado que pueda limitarse a etiquetas banales, tan es así que cuando nos topamos con otra persona con estas ideas sobre el sexo, lo rechazamos por desconocimiento de la raíz del problema.

Este fenómeno de la intimidad sexual tiene varias hipótesis y aquí les lanzo a la mesa algunas. Ya sea que consideres que pudieras tener alguna de estas creencias que no te permitan intimar naturalmente o que sea tu pareja la que pueda beneficiarse en convertir una parte importante del disfrute humano en una actividad sana y natural.

Primero fortalece los niveles de intimidad general que vengas cargando, el tener miedo a la intimidad en general es recomendablemente donde debes partir antes de siquiera considerar reparar el miedo a la intimidad sexual. La experiencia del verdadero amor muchas veces amenaza nuestra auto-defensa e incrementa la ansiedad, conforme nos volvemos más vulnerables y nos abrimos a la otra persona, llega el miedo y con el tiempo, al primer signo de mariposas en el estómago, mejor salimos corriendo antes de volver a sentirnos vulnerables.

Chécate si esas descripciones de sexo son realmente tuyas o por tu experiencia, o si son aprendidas por la familia o sociedad en general.  El miedo a la intimidad sexual puede venir del miedo al rechazo social o desaprobación familiar. Por ejemplo, tu madre pudo haberte dicho en la adolescencia que el sexo es doloroso y que las posiciones sexuales son innaturales, por lo que ahora rechazas cualquier posición “extraña” que tu pareja quiera probar y si finalmente la pruebas, tu satisfacción es nula o al término tienes una sensación de infelicidad. O tu círculo de amigos puede burlarse de chicas “gorditas” y descartarlas como buenas amantes,  por lo que si conoces a una mujer que no cumpla con el 90-60-90 y aunque para ti sea atractiva e interesante quizá rechaces una propuesta sexual de su parte.

Malas experiencias en el pasado pueden paulatinamente desarrollar el miedo a la intimidad sexual. Si por la razón que sea, tu “amiguito” no funcionó esa noche que pensaste sería memorable, se puede formar un estigma en tu cerebro que en relaciones posteriores desaten el miedo a meter cualquier tipo de emoción, lo conviertes en una misión de guerra contra cualquier distractor que no sea enaltecer a tu “pieza de ajedrez”.

El sexo sin sentimientos es irreal por mucho que la pornografía lo contradiga, por ello otra hipótesis dice que el miedo a la intimidad sexual puede venir también del miedo a la responsabilidad que conlleva intimar. Puede parecerte nefasto pensar que tu pareja invierte su lado emocional en un acto sexual por ello trates de evitar intimar para no sentirte ansioso en una actividad que para ti es meramente física. Debes encontrar los momentos de intimidad tan beneficioso y satisfactorios como tu pareja porque enriquecen el sexo, si esto lleva a una relación formal o a AMOR, qué mejor, no tengas miedo, vivir es correr riesgos y aunque parezca espeluznante sentirse vulnerable o terminar con el corazón roto, el premio mayor al vivir es amar.

Seas hombre o mujer, lo realmente admirable es ser un master en intimidar y no un master en sexo.

DEJA UNA RESPUESTA

Déjanos un comentario!
Por favor ingresa tu nombre aquí