UVAS

EL INGREDIENTE PRINCIPAL DEL VINO.

0

PRAVIA 08

Por: Ana María Arias.

¿Por qué hablar de la uva en los vinos y no de su marca, región de elaboración, bodegas, o añadas?

Los países tradicionales en elaboración del vino y en especial los europeos nombraban en las etiquetas de sus vinos su región de elaboración como característica especial. Recordemos cuando los vinos españoles de la Rioja, Ribera del Duero, Priorato eran simple pero importantemente eso, vino con nombres de regiones. O los vinos de Italia con nombres de regiones, de métodos de elaboración, o emblemas históricos o románticos como Chianti, Amarone, Barolo.

Tendríamos que haber tenido una gran cultura, conocimiento o al menos haber estado en contacto directo con las regiones para entender qué era el vino que nos tomábamos.

Con el paso del tiempo y entrando en escena, los países llamados del Nuevo Mundo (por contraposición, los del Viejo Mundo son los países básicamente europeos con una larga tradición vitícola), generaron un nuevo mercado y un nuevo consumidor.

Sin mucho conocimiento de vinos, el mercado se abrió a una nueva generación ávida de consumir y entender el vino. Entonces aparecen las etiquetas con el nombre de las cepas, con información sobre sus características de cata (aromas, colores, sabores) y con propuestas sobre el maridaje. Hasta los países más tradicionales como Francia, tuvieron que ceder y empezaron a imprimir el nombre de las uvas en su etiqueta.

Y es que nuestro primer contacto para entender lo que trae una botella en su interior es la etiqueta. Claro, si ya hemos catado el vino, sabemos qué esperar, pero la primera información para decidir la compra bien podría ser el tipo de uva con que se ha elaborado el vino. Este nuevo marketing ha dejado de ser una soberbia propuesta de regiones, para convertirse en un amigo de los amantes del vino.

Hay cerca de 6000 distintos tipos de cepas, ¿cuántas conocemos en el mercado diario? Tal vez podríamos nombrar unas 150 y con mucho esfuerzo alcanzaríamos unas 200. Cepas y cepas que han dado nombre a vinos maravillosos, a experiencias inigualables. Si hablamos de uvas blancas, las 4 reinas o uvas nobles son la Riesling, Chenin Blanc, Sauvignon Blanc y Chardonnay. En orden ascendente, la alemana Riesling sería la más ligera, pero excelente en aromaticidad; y la más potente sería la francesa y reina Chardonnay. Son las uvas nobles, debido a que se encuentran plantadas en casi todos los países productores de vino. Las 4 nobles tintas, serían la Pinot Noir, Merlot, Shiraz y Cabernet Sauvignon, todas de origen francés y en su orden de menor a mayor estructura.

Italia es el país con mayor cantidad de cepas autóctonas distintas. Recordemos que a México han llegado uvas italianas a formar parte de importantes vinos nacionales. Por ejemplo, tenemos algunos excelentes vinos elaborados con la uva Nebbiolo, Barbera y Zinfandel, cuyo origen al parecer es la uva italiana primitiva.

Sin embargo, fue Francia el país que internacionalizó sus cepas autóctonas con mayor certeza e inundó el mundo con sus fuertes y elegantes uvas. Seguramente todos hemos tomado un aromático, ligero y apacible vino elaborado con uva Merlot, o un potente y tánico Cabernet Sauvignon.

Para nosotros la influencia de España ha sido y sigue siendo la número uno en este tema. Por tener con ellos un importante intercambio comercial desde la conquista, los vinos españoles se siguen consumiendo de manera importante en nuestras mesas. Sabemos que los vinos de la Rioja, por legislación, están elaborados con uva Tempranillo en su mayor proporción, aunque aceptan algunas mezclas con uvas Garnacha, Graciano o Mazuelo (también españolas). Los Ribera del Duero -que además tienen un buen lugar de honor en el consumo y en la fama dentro de los enófilos- son elaborados con Tempranillo, pero se acepta la compañía de otras cepas como la Cabernet Sauvignon, la Merlot y la Malbec.

Tendríamos que revisar muchas etiquetas para poder identificar las regiones del mundo, con las uvas que se han elaborado. La situación cambia cuando hablamos de vinos elaborados en algunos países donde no existe tal regulación para las uvas utilizadas en sus vinos. En México, no hay una legislación sobre la plantación y uso de cepas, así que tenemos la libertad de elaborar nuestros vinos con las uvas que mejor se vayan adaptando a nuestros suelos y consumidores.

Aunque seamos fans de una uva en especial, recordemos que no todas tienen las mismas características para todas las regiones del mundo en que se cultivan. Incluso en un mismo país, la uva puede tener una expresión aromática o tánica diferente. Un buen ejercicio es tomar vinos con monovarietales. Es decir, una sola uva es la protagonista de esa botella. Aquí podemos conocer nuestros gusto sobre los diferentes tipos de uva y entender lo que aporta cada una de ellas. Es Chile uno de los países más destacados en esto, sus botellas con un fuerte impacto aromático y buena concentración en colores y sabores han ganado un reconocimiento y un aplauso por las expresiones contundentes de sus vinos. Cuando pasemos a vinos coupage, que es la mezcla de varias uvas, podríamos entender qué aporta cada uva en el producto final.

Otras características integran un vino; como el suelo, el clima, el proceso de elaboración, el método de crianza, etc. Pero como dicen los expertos, el vino se hace en la vid, es decir, una uva de baja calidad o con problemas de campo, difícilmente nos dará un buen vino. Una buena uva, seguramente y con la mano de un buen experto enólogo podrá producir una buena botella.

Son tantas las cepas, que darnos la oportunidad de probar una diferente cada vez que compremos una botella, es un excelente método de ampliar nuestra cultura del vino.

Algunas personas se casan con un vino en particular y les cuesta lanzarse a nuevas experiencias, yo les sugiero que caten diferentes uvas, es un camino maravilloso para compartir la copa…

DEJA UNA RESPUESTA

Déjanos un comentario!
Por favor ingresa tu nombre aquí