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ACUMULA ACUMULADOR

PRAVIA 15 (enero – febrero 2015)

Por: Romina Pons 

Lo confieso: soy -¿o era?- una acumuladora. No llego al grado de esas personas que salen en programas de tele, quienes acumulan casas enteras de cosas; pero no creo que debas llegar a ese nivel para admitir que es un problema.

Tengo guardadas cartas que me dieron amigas en secundaria a las cuales no he vuelto a ver. Tengo prácticamente todos los boletos de conciertos a los que he acudido; y, dada mi profesión, estos son más de dos cajas. Tengo también mi colección de pingüinos que hice en la primaria, todos guardados en cajas.

Afortunadamente he realizado varias mudanzas que hacen que me libere de cosas en el proceso, pero aún con eso tengo un cuarto –de tres que tiene mi departamento- inundado de cajas que ni sé bien qué tienen; y esto sin contar las cajas que desde hace algunos años están empolvándose en casa de mi mamá.

Los pretextos son miles: seguro esta prenda se vuelve a poner de moda, esos pingüinos se verán hermosos en el cuarto de mis hijos, cuando me mude a un lugar más grande ocuparé todos esos cuadros, algún día volveré a leer esas revistas, etc. La realidad es que tengo demasiadas cosas y me pongo justificaciones para mantenerlas.

Reitero: no estoy tan mal, hay personas que llegan a guardar hasta basura por años. Esta enfermedad es conocida como  acumuladores compulsivos o Hoarder Disorder.

Este trastorno puede llegar al nivel de que las personas se sientan completamente aisladas, pues prefieren acumular que tener vida social, y tiende a ser un reflejo externo de problemas internos. También hay personas que acumulan cosas específicas debido a traumas o carencias en sus primeros años de vida. Un sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, probablemente tendrá mucha comida extra y no perecedera en su alacena.

La gente con este desorden acumula cosas pues cree que lo utilizarán en el futuro (y, aunque sea cierto, es posible que ni sepan dónde está lo que busquen y compren otra cosa igual). También le atribuyen valores emocionales a las cosas, o creen que sin el artefacto perderán la memoria ligada a dicho artículo. Deshacerse de cosas les genera ansiedad.

Acumular puede ser un comportamiento aislado o la manifestación de otro tipo de desorden como: Desorden Obsesivo Compulsivo, Déficit de Atención con Hiperactividad e inclusive, Depresión. Lo que es un hecho es que no debemos llegar a esos extremos para que la acumulación afecte de alguna forma nuestras vidas.

No hay que confundir la acumulación con coleccionar cosas: la principal diferencia es que un coleccionador se enfoca en cosas muy específicas y les da un espacio especial para exhibirlas o conservarlas. En el caso del acumulador, las cosas no son específicas y están descuidadas, echándose a perder con el tiempo.

A partir de esta reflexión, y tomando como pretexto el año nuevo, aproveché para limpiar y deshacerme de muchas de mis cosas. Algunas fueron facilísimas, otras me costaron mucho trabajo (mi colección de CDs, por ejemplo). Hay otras que no pude desechar (esa colección de pingüinos sigue en cajas). Sin embargo, después de dos días de limpieza y cerca de 10 cajas que serán donadas, puedo decir que me siento muy bien: más ligera, más organizada.

Nuestro espacio externo es un reflejo del interno, y más si le metemos dicha intención al momento de deshacernos de las cosas. Es mejor tener pocas cosas que nos importan a muchas que no nos interesan. La única forma de que entre lo nuevo es tirar lo viejo. Renovar tu espacio es renovar tu persona.

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