CUÉNTAME UNA DE DETECTIVES

0

PRAVIA 24 (Julio – Agosto 2016)

Por: Bernardo Monroy.

La escena la hemos visto cientos de veces: un detective privado está sentado, con los pies encima del escritorio. En el techo de su oficina aletea un ventilador. De repente, su secretaria entra y anuncia que una hermosa dama necesita de sus servicios. El detective enciende un cigarrillo y aguarda a su cliente.

El instante anterior es la típica introducción de una historia de detectives hard boiled, género de la ficción policiaca que se hizo famoso durante los tiempos de la Gran Depresión en Estados Unidos. Aunque toma muchos elementos de las historias de Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle, no tiene la habitual elegancia ni ritmo apacible del detective inglés. Al contrario: las historias hard boiled son frenéticas, violentas, intensas y sus protagonistas reconocen que no les importa que el mundo vuele en mil pedazos con tal de lograr sus objetivos.

Las escenas de sexo y tiroteos están a la orden de cada página, junto con mujeres fatales, gangsters inhumanos y detectives que hacen su chamba buscando justicia en las calles de grandes urbes, todo al ritmo de blues, jazz y swing. Entre la enorme cantidad de personajes de este divertidísimo género literario destaca, quizá por encima de todos, Dahsiell Hammett, creador del detective Sam Spade.

Dashiell nació en Maryland en 1894. A los 14 años dejó de estudiar porque se aburría y se dedicó a diferentes empleos, hasta que ingresó a la Agencia de Detectives Pinkerton. Esto le dio un plus que otros escritores de misterio no tienen ni tendrán; sabe de lo que habla cuando narra sus historias. Hammett publicaba novelas y cuentos a la par de su trabajo, pero no sería conocido hasta 1930, cuando aparece en las librerías uno de los más grandes clásicos del género de misterio en la literatura y el cine: “El halcón maltés”.

“El halcón maltés”, es la historia de una estatuilla con incrustaciones de piedras preciosas que los caballeros de la Orden de Malta regalaron al emperador Carlos V en 1530. El detective Sam Spade debe encontrarla, pues un ejército de criminales de distintos giros la quiere obtener. Durante la búsqueda, el investigador privado enfrentará tantos obstáculos que el lector ni cuenta se habrá dado que la novela concluyó.

Spade se convertiría en el detective privado por excelencia, pero no es un justiciero enmascarado ni un policía mediocre y holgazán, él simplemente hace su chamba porque le gusta, es cínico y carece de cobardía y tacto. “Aquí está el culpable y aquí está la evidencia. Hagan lo que quieran”, dice.

Es, sin duda, el enemigo del delito que todos quisiéramos que existiera en la vida real. Tanto las novelas de Hammett como las películas basadas en su obra, pueden conseguirse en internet o en cualquier librería, sin hacer una investigación digna de detectives privados.

Así que ya saben: cuando quieran asaltarlos, no llamen al 066 ni vayan a la caseta de policía de la esquina, mejor busquen una novela protagonizada por el genial Samuel Spade.

DEJA UNA RESPUESTA

Déjanos un comentario!
Por favor ingresa tu nombre aquí