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INFERNO

Y era entonces cuando el infierno que se creía bajo nuestros pies palidecía y éste,
el que me rodeaba, brillaba cada vez con más intensidad hasta cegarme.

Por: Galia Monzón

Cada quien tenía su propio concepto del infierno; había quienes se adherían al de Alighieri, llamas tan grandes como montañas y tan eternas como el universo. Otros ni siquiera creían en un infierno. Mientras caminaba bajo el sol ardiente, me di cuenta de que no necesitaba morir para saber si había o no un infierno; caminaba en él.

A mí alrededor se alzaban columnas de humo que ahogaban mis pensamientos, con una cacofonía de lamentos e histeria como música de fondo. Los seres que se jactaban de ser pensantes se quitaban las máscaras, y yo prefería no mirar, porque lo que veía en sus ojos me aterraba; celos, hambre de cosas que no podían más que desear, desesperación.

Y entonces me hundía más en mí mismo, y mantenía la mirada baja y el alma hasta el suelo.

El infierno son los otros. Lo sabía porque lo había visto muchas veces: cómo dolían sus corazones, cómo se rompían sus alas y cómo se conformaban con descender de las estrellas sin más. “¡La culpa no está en las estrellas, sino en nosotros que nos dignamos a ser inferiores!” Y era entonces cuando el infierno que se creía bajo nuestros pies palidecía y éste, el que me rodeaba, brillaba cada vez con más intensidad hasta cegarme.

Lo único que me aliviaba era mirar el cielo y los colores cambiantes, las formas que creaban las nubes me hacían pensar que quizá no todo estuviese perdido, que tal vez existía una posibilidad de que el paraíso coexistiera con el infierno. Pero no; ¿podían acaso las aguas sostener las llamas en sus manos, o el fuego mirar al mar sin quemarlo?

inferno

¿Y qué? Si ni siquiera me gustaba el lugar que había más allá de esas colinas. No sabía qué había, mas no importaba, con tal de escapar del infierno, ése infierno infinito que sabía acabaría algún día. Entonces todo sería hermoso, y a las flores dejaría de preocuparles que las cortasen, y el viento cantaría todas las canciones que habían sido ignoradas por los seres enmascarados.

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