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ONIRIA

Cuento de Daria Volta, lectora de Pravia Magazine

“Tiene días que la alcachofa se encuentra tapada, bueno, al menos eso es lo que considero. Presupongo entonces que ha sido el sarro acumulado con los años, no me di cuenta cómo fue sucediendo, de setenta y nueve orificios con los que cuenta, sólo cinco permiten la salida del agua; esto lo sé porque yo mismo los he contado de manera meticulosa.

Fue entonces, que la destornillé del tubo, por donde pasa el prístino líquido, cuyo rumbo está destinado a traspasar esta novísima coladera. Después de colocarla en una solución sarricída por lo menos nueve horas y al claro de la luna menguante, una vez enjugada y colocada de manera muy cuidadosa nuevamente a la boca del citado tubo, quedé satisfecho pensando que su funcionamiento sería el óptimo. Y fue después de colocarla, que me dispuse a preparar mi cama satisfecho, sabiendo que podría dormir y despertar por la mañana a darme un buen regaderazo.  Esa noche soñé con García Márquez, no recuerdo de qué manera llegaron durante éste, unas hojas sueltas a mis manos pero estaba plasmada su letra, mis ojos me decían que era una letra hermosa.
-¡Qué pena que, cuando sueño con textos, no logro saber qué es lo que dicen!  Pero eso sí, había un dibujo pequeño en la parte inferior derecha de la primera hoja realizado a lápiz, una extraña sirena.

Bueno, una vez que logré despertar, seguí pensando en el significado del sueño, ¿por qué uno siempre trata de creer que éstos traen implícitos algún significado de suma importancia para el día que comienza?

Tomé mi toalla del barandal de las escaleras donde siempre la coloco después de bañarme, calcé mis sandalias y me dirigí al baño. Después del ritual cotidiano de la desnudez, giré la llave del agua caliente y, ¡cuál fue mi sorpresa!, sin saber ¿por qué? o ¿cómo?, los setenta y cuatro orificios de los cuales yo mismo había visto al agua fluir una noche antes, estaban nuevamente obstruidos, por lo tanto, tuve que bañarme con los cinco que quedaban. Aclaro, me sentí un poco desilusionado y pensé: tal vez dentro de ella vive una pequeña sirena, que debido a su diminuto cuerpo, no logra tapar los cinco orificios que restan de los setenta y nueve de mi alcachofa.”

Desde mi escritorio. Julio 2011

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