Martha Graham

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PRAVIA 23 (Mayo – Junio 2016)

Por: Miriam Pérez Manrique.

La danza ha sido una de las expresiones más antiguas que ha tenido el ser humano, considerada una de las bellas artes desde los tiempos de la antigua Grecia quienes la representaban a través de la musa Terpsícore, su función siempre ha sido la misma, comunicar ideas y experiencias a través del cuerpo.

A finales del siglo XIX surge una nueva tendencia de la danza, en oposición a la rigidez del ballet clásico el cual nace en las cortes francesas del siglo XVII. En este nuevo siglo los bailarines buscaban un lenguaje diferente con su cuerpo, discursos que explorarán los dramas psicológicos de su sociedad. La danza moderna o contemporánea se fundamentó en la expresión y comunicación de los fenómenos psíquicos del mundo consciente y subconsciente, buscando el origen de sus movimientos en los instintos y en las reacciones primarias del hombre.martha-graham2

Martha Graham fue creadora de una de las técnicas que marcaron a la danza moderna del siglo XX, transformando el lenguaje del cuerpo a una decodificación de las emociones humanas.

Nacida en Pensilvania en 1894, inició su formación de bailarina en la escuela de danza  Denishawn en los Ángeles, donde aprende las técnicas clásicas de la danza de la época. En 1926 debuta como bailarina independiente, y muestra un estilo diferente de movimientos angulosos y severos, causando controversia y rechazo al principio porque les parecía antiestético. Sin embargo, la expresividad de sus emociones y la fuerza de sus movimientos lograron atraer la atención de los críticos. Creando así un nuevo vocabulario del cuerpo que incluyó los principios de tensión y relajamiento, contracción y expansión, caída y recuperación.

A partir de aquí Martha funda su propia escuela de danza donde formó a varios bailarines en una técnica creada a partir de la liberación de emociones denominada por ella misma como contracción y relajación; teniendo como eje central del movimiento la pelvis y el torso, y el principio de las fuerzas opuestas. Observando cómo el dolor y el sufrimiento se manifiestan en el cuerpo humano, desarrolla un lenguaje hacia todo un abanico de emociones como el odio, la amargura o el éxtasis, representándolos en un sólo gesto. “Los brazos y las piernas pueden ser usados para manipulaciones o traslados, la cabeza para decisiones y juicios. Pero todo, cada emoción, se hace visible primero en el torso. El corazón late y el pulmón se llena, allí está el aire y con él la vida”, decía.

Su trabajo fue parte de una revolución al establishment del arte de la época, el cual sólo reproducía el romanticismo del siglo XIX que era dirigido a una élite, comulgando de esta manera con el movimiento socialista y la corriente filosófica existencialista especialmente influida por su amigo Jean Paul Sartre; sus coreografías reflejaban la vida cotidiana del pueblo estadounidense, el rechazo al nazismo, la condición de las mujeres y su actitud ante la injusticia social, dejó resaltar su visión política ante los acontecimientos de su país.

De carácter tenaz y duro, fomentaba arduamente la disciplina y la técnica para la formación de un buen bailarín. Terminó su carrera como bailarina a los 64 años, y cinco años después regresó a su compañía como coreógrafa hasta 1991 cuando muere.

Considerada la Picasso de la danza, dejó un legado de casi 200 coreografías, las cuales han sido representadas alrededor del mundo, siendo la Técnica Graham una de las bases de entrenamiento de la danza moderna e inspiración para muchos bailarines de hoy en día.

“Mi danza no es un intento de interpretar la vida en el sentido literario. Es una afirmación de la vida a través del movimiento”. – Martha Graham

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