La caza

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PRAVIA 23 (Mayo – Junio 2016)

Por: Juan Andrés Zermeño

– NOVIEMBRE

¿Qué es un respiro? Una purificación personal ¿Qué son varios respiros? Un núcleo de verdad navegando por el ruido cauteloso de interpretaciones basadas en la fe de la mentira. Cuestiones sociales y respuestas individuales iluminan la pantalla de Thomas Vinterberg en la película La Caza (The Hunt, 2012). Dentro de un acto, como es el cazar, es necesaria una presa que en este caso es un profesor de kínder; Lucas, que desea rehacer su vida después de un divorcio pero que pronto se verá envuelto en un suspiro infantil y un tormento social. Directo, secreto y profundo es el personaje que interpreta magistralmente Mads Mikkelsen y que nos arrastra al tema social por excelencia: el chisme.

La acción comienza al ritmo de “Moondance” de Van Morrison. Un grupo de cazadores en calzoncillos juegan a ahogarse en un lago de felicidad y en un paraíso terrenal de risas fugitivas que se verán en peligro por unas palabras inocentes de una niña; Klara, y un salvador que es juzgado por una acción pensada pero no realizada. Lucas es el nombre y el hombre que quiere soplar la incertidumbre de su historia social llevándola a la oxigenación individual de su existencia.

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Klara vive en su propio mundo infantil, danza por una realidad sin líneas hasta que vive el azar circunstancial del otro. Un día, su hermano y su amigo, le mostraron un vídeo pornográfico, y escuchó palabras de la anatomía humana para guardarlas y decirlas en cuanto se despierte el rechazo natural de la vida que produce el choque con el otro.

Toda mujer nace con un Edipo, o busca alguien que lo reemplace ¿Qué pasaría si el destino entonado por el coro juega con el hombre para provocar a Edipo romper el corazón de una niña? Klara, la enamorada de Edipo, se defenderá con las palabras que escuchó y con las imágenes que vio con el fin de crear un chisme en la escuela. Sólo se necesita un aliento de expresión para poder sanar, en un instante, el latido del corazón.

¿Por qué una niña va a inventar esa idea si los niños son tan puros que lo único que hacen es decir la verdad? Con gran maestría, Thomas Vinterberg, crea atmósferas y graba con sencillez la frialdad del ser humano al realizar un juicio verosímil y espectral. La comunidad de un pueblo danés enjuicia al profesor, y lo sentencia a la imaginación grupal logrando un filme contingente a través de un acertijo llamado pene.

Nuestra sociedad está llena de chismes y accionada por resentimientos que no permiten discernir la verdad continua de la vida. ¿Por qué anular el sentimiento instantáneo por el resentimiento eterno si somos seres pasajeros con un fin? ¿Por qué romper la estética objetiva en cada objeto subjetivo? Todos hemos fallado, todos hemos roto el momento grupal con palabras que transforman la verdad en falsedad, pero, ¿Tomamos acción de nuestros errores inconscientes? Ahora, en este dos mil dieciséis, sólo encontramos huecos secos de respuestas en lugar de humedades que den vida a un par de pies terrenales y a un pensamiento celestial en la historia del hombre.

En esta realidad es por donde Lucas desea ser inocente pero la costra social se ha transformado en un caballero de justicia por mano propia. Su hábito diario, como él de su hijo, se verá violentado en busca de una verdad llena de silencio, en una interpretación de notas musicales pensadas pero nunca ejecutadas por la inteligencia misma. La única familia que cree en Lucas terminará por ser expulsada por el mesías que busca una cruz donde no hay iglesia. Una línea. Un punto. Un juego de ojos que transitan por la verdad del ser y del estar en una existencia vacía del no existir. Un latido, una mentira, un pulso.

El individuo nace en una dualidad social donde el uno y el menos uno es unido y separado por la mutación continua del tiempo y del espacio. En un segundo veo bien la acción del otro y a la siguiente hora en otro lugar, veo mal la reacción del otro. Mientras que no tomemos conciencia de que existe una batalla eterna entre la verdad y la mentira estamos destinados a vivir en un núcleo social impregnado de hipocresía y armado por la superficie del cemento antinatural. Ya lo dijo Baruch Spinoza “la verdad es índice de sí misma y de lo falso”.

– DICIEMBRE

La fotografía se convierte en una luz de soledad que ilumina una mente atada al discernimiento desordenado de los demás. La cámara se mueve con tal sutileza dramática y se transporta al perdón del coro. Todo el equipo de Vinterberg monta el guion, el tiempo y el espacio con una exactitud moral de una sociedad que tambalea por el capricho emocional de Klara. Es diciembre, año nuevo; el cronómetro consciente del segundo sanará lo que la duda encapsulada en el murmullo de la imaginación coloreada por el resentir de una acción involuntaria.

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Esta película nos invita a cuestionarnos sobre nuestra sociedad leonesa ¿Qué hacemos ante un acto lleno de maldad? Y ¿Qué hacemos ante un acto de bondad? ¿Realmente hacemos y pensamos lo que somos? Yo pienso que sólo caminamos por la delgada línea de la ceguera para observar lo que nos conviene en lugar de despertar y accionar lo que nos conviene. Preferible estar equivocado a invocar la nulidad del no ser. En estos tiempos hay ciudadanos que denigran el espíritu humano y violentan el cuerpo privando la libertad del otro. Jóvenes que se aprovechan de la situación para violar a sus compañeras. SÍ, en León hay violaciones en todas las capas sociales ¿Qué hacemos ante eso? Nos callamos y los saludamos en restaurantes, bares y antros para entrar en la aceptación del otro, nos orgullecemos con un cinismo destructor de que son nuestros conocidos. Hasta los padres de los violadores expresan a las víctimas que no han sido las primeras, que son jóvenes inmaduros pero en realidad son engendros de ignorancia. Ante semejantes hechos, nuestra sociedad está dormida y muda, hay que darnos cuenta de este factor porque sin libertad y justicia social estamos matando a la vida.

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