LA GRAN BELLEZA

0

PRAVIA 16 (marzo – abril 2015)

Por: Juan Andrés Zermeño

 

“Termina siempre así. Con la muerte. Pero primero estuvo la vida. Escondida tras el bla, bla, bla”.

Jep Gambardella

El mundo está de cabeza, o será que el ser humano piensa con los pies y camina con la cabeza. Será que el humano admira más el copete que los ojos del otro, que idolatre más el pensamiento vacío que la acción real. Será que el hombre cree que él es la gran belleza de la tierra sin haber escuchado el silencio del pasado.

El personaje principal, Jep Gambardella[1], cumple 65 años y está destinado a la sensibilidad. Está destinado a ser Jep Gambardella en una  Roma mundana que es regida por la inmediatez del vacío y rodeada de eternidad material. Jep sólo ha escrito un libro y quiere ser el Rey de los mundanos. Quiere ser una persona que no sólo quiere participar en las fiestas, quiere tener el poder de hacerlas fracasar.

Paolo Sorrentino[2], director de la película, nos muestra la contradicción humana que existe entre el pensar y el actuar. Con personajes que rebasan a la propia razón: una enana con gran poder, un cardenal exorcista que sólo habla de recetas de comida, un gobernante con la casa más blindada de Roma, un poeta que sólo escucha. El humano siempre está pensando, o asumimos que estamos pensando, y en la acción sólo llega a construir unas pocas ideas en una vida que se diluye segundo tras segundo ¿Cuáles son esos conceptos que desarrollamos día a día durante toda nuestra vida para llegar a transcender? Ni idea, sólo espero que ustedes vivan mi rastro de vida cuando muera. Una cosa es hablar de vanidades con el otro habitual, y otra muy diferente es hablar con la tierra universal. ¿Quiénes somos en esta realidad donde hablamos de una cosa y actuamos de otra manera? Sorrentino nos muestra, con una belleza cínica, la vida de un escritor contemporáneo que se cuestiona las mismas ideas que sus antecesores.

lagranbelleza2

Jep no sólo piensa, también sabe actuar en una coreografía ficticia. Conoce a la perfección el baile de “La Colita”, como hacer sentir bellamente su persona en un velorio lleno de soledad. Jep sabe lo que tiene que hacer en el presente pero prefiere vagar en un ambiente bohemio y burgués que está sobre el coliseo romano; con fiestas de trenes, muy lindos, que llevan a ningún lado.

La película es un deleite al consciente como al inconsciente. No importa que se pierdan en el minuto cinco o diez, ya llegarán a disfrutar el minuto treinta o el sesenta. Tómense la liberta de viajar por una Roma eterna y camaleónica que está en una constante construcción contradictoria. Con una gran fotografía que danza por una Roma llena de símbolos subjetivos acompañada de música clásica a beats veraniegos. La cámara sueña con el movimiento del mar durante el día y despierta por la noche para deambular en la espera de encontrar una belleza fugaz.

El estilo de la película contiene la magia, el humor y la inconsciencia de Fellini (Roma, ciudad abierta). También la degradación social que provoca la capital Italiana de Pier Paolo Pasolini (Mamma Roma)[3]. No me gustan las comparaciones, me agradan mas las conversaciones que complementan un mismo concepto sin fin. En esta ocasión el tema es la vida en Roma; por un lado Fellini hace burla de la iglesia con un desfile memorable de las vestimentas del Papa, por otro lado Pasolini degrada con mucha naturalidad al provinciano, y por último, Sorrentino, con su propia identidad, actualiza el concepto de lo que significa ser romano a través de personajes salidos del circo (antros), rodeados de tragicomedias que abrazan su perdición en favor del estar vivos. Los tres directores, cada quien con su singularidad, exponen una ciudad que observa el pasado cada día y vive el presente en espera de un bello porvenir.

El mundo nunca se verá de pie porque estamos constantemente balanceando una cabeza y el otro está balanceando otra cabeza. Y este par de cabezas se cuestionan lo mismo que millones de cabezas enterradas. Comienzo y fin. Nacimiento y muerte. Una separación mínima por una letra que se danza entre ambos conceptos. La Gran Belleza nos invita a reírnos de la mentira hecha verdad. Nos representa como bufones inteligentes y serios que no vemos lo que sucede realmente alrededor de nosotros. Jep, al sentir que está llegando a la vejez, decide dejar de hacer las cosas que no quiere hacer; las disfruta con mucha vida de pensamiento pero sin acción. Sin embargo su disciplina es sólo un relámpago de inspiración, ya que la realidad banal lo quiere tragar una y otra vez. Es como el hombre que tropieza con la misma piedra una y otra vez. No se preocupen, estamos destinados a tropezar pero de uno depende cuántas veces quiere que suceda. Por lo tanto, disfruta el paseo que separa a la gran vida y a la bella muerte.

“Todo está sedimentado bajo la charlatanería y el rumor. El silencio y el sentimiento. La emoción y el miedo. Los exiguos e inconstantes rayos de belleza. Y luego la tristeza desgraciada y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. Más allá está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por lo tanto… que comience esta novela.”

Jep Gambardella

[1] Toni Servillo

[2] Il Divo, 2008

[3] Paréntesis económico: algunas películas, de estos directores, se pueden encontrar a 49 pesos.

DEJA UNA RESPUESTA

Déjanos un comentario!
Por favor ingresa tu nombre aquí