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La película que te hará ver la brutalidad de nuestra sociedad

The Lobster ahora en Netflix

Por Laura Itzel Domart 

Un plano general de un hotel en medio de un bosque es una de las primeras escenas de The lobster (2015), la penúltima película del director griego, Yorgos Lanthimos. Vemos a David (Colin Farrell) en la recepción de un hotel. En ese sitio algo descuadra al espectador: empieza una especie de interrogatorio sobre la situación sentimental del que será el protagonista. David responde que su esposa lo ha abandonado, mientras le indican que tiene cuarenta y cinco días para encontrar una nueva pareja. En caso de no concretar una nueva relación, será convertido en un animal.

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The lobster se estrenó hace un par de años en México, pero no muchos le pusieron la atención que merecía. Posiblemente por tener un estilo un tanto atípico o simplemente por ser de un contexto diferente. A pesar de ello, la fama de Lanthimos ha ido en aumento y plataformas como Netflix lo han añadido recientemente a su catálogo. De tal forma que, The lobster está nuevamente en la mira. Es más, hay nuevas interpretaciones sobre lo que propone el director griego: el patético esquema de relaciones humanas.

Lanthimos propone una sociedad ficticia en la que se condena la soltería y se sobresaltan las relaciones basadas en los rasgos en común.

En este sentido, diré que The lobster puede dividirse en tres escenarios claves: el hotel, el bosque y la ciudad. En éstos se realiza toda la acción, por decir algo, pues en realidad ésta tiene un ritmo monótono. Los espacios son desolados en todos sus ángulos; pero sobre todo, los personajes son mecánicos. Si pudiera definir el tono del ambiente, diría que es incoloro. Sin embargo, es justo esta inexpresividad lo que dota al film de un dramatismo singular.

Lanthimos propone una sociedad ficticia en la que se condena la soltería y se sobresaltan las relaciones basadas en los rasgos en común. Para tener una pareja es necesario compartir el mismo defecto. (David es miope, por lo tanto, su pareja debe ser miope). Este punto no dista mucho de la forma en la que nos relacionamos en nuestra sociedad, en la que establecemos parámetros de atracción a partir de las virtudes físicas e intelectuales. Una falacia argumentativa la nuestra, pues suponemos que al tener “coincidencias” con el otro, tendremos éxito.

Pero continuemos con el universo distópico que plantea Lanthimos, en el que se condena la soltería de diversas maneras. La primera es cuando arrestan a todos los solteros en las calles de la ciudad. La segunda se da al cumplir el plazo de los cuarenta y cinco días para encontrar pareja, pues de no ser así, la persona soltera es convertida en un animal. (David, por ejemplo, elige ser langosta). Finalmente está la condena de los solitarios, quienes prohíben todo tipo de relación amorosa.

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The lobster se enfoca en mostrarnos la brutalidad de una sociedad, que bien puede ser la nuestra.

El bosque es el escenario más perturbador de la película, pues representa la paradoja en sí: una guerra que, tiene como telón de fondo, hermosos paisajes. En ese sitio, habitan los solitarios vigilándose los unos a los otros para evitar contacto amoroso/sexual entre ellos. Esto mientras, los huéspedes del hotel asisten en forma de expedición para cazar solitarios. Entre escenas apacibles de conejos corriendo entre los árboles, se cuelan asesinatos cuya inexpresividad es inquietante.

De este modo, The lobster se enfoca en mostrarnos la brutalidad de una sociedad, que bien puede ser la nuestra. O por lo menos, eso podemos inferir al ver hombres cavando sus propias tumbas, mientras una mujer muere lentamente junto a una piscina. Nadie se conmueve de lo que le pasa al otro pues todos están concentrados en su propio devenir (un futuro esquemático). En la búsqueda de una pareja que los acompañe en la dolorosa rutina de los días.

Es cierto que los universos distópicos son difíciles de delinear, porque se requiere profundidad en los personajes y coherencia en la secuencia narrativa; sin embargo, considero que Lanthimos logró concretar el guión de una forma afortunada. Para mí, por lo menos, no hay incoherencias en los aspectos narrativos e incluso la exageración de las acciones corresponde con la intención simbólica. Caso distinto es el de la fotografía que dejó todo al ambiente natural de los espacios, sin preocuparse por jugar con los planos para reforzar el significado.

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Su reto ahora es, quizá, transgredirse a sí mismo.

Si bien, el cineasta aún tiene aspectos que trabajar en su estilo cinematográfico, lo cierto es que ya es una referencia del cine contemporáneo. De ahí que no extrañe que La favorita (2018), su última película, esté nominada en los Premios Oscar 2019. En The lobster y Canino, ya propuso un estilo personal y transgresor de hacer cine, en el cual priman las representaciones simbólicas y perturbadoras sobre las relaciones humanas. Su reto ahora es, quizá, transgredirse a sí mismo.

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