RASHOMON

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PRAVIA 17 (mayo – junio 2015)

Por: Juan Andrés Zermeño

¿Qué pasaría si se comete un asesinato y cada testigo del suceso cuenta una historia diferente? ¿Quién tiene la verdad? ¿Por qué el hombre miente? ¿Cómo se puede hacer justicia en un mundo que abraza la mentira y duda de la verdad? Un hombre cuenta una historia real y mil oyentes crearán dos mil ficciones de incertidumbre.

Akira Kurosawa (1910 – 1998) es uno de los directores más importantes de la historia del cine. Con su película, Rashomon (1950), nos presenta un universo donde la confianza en el ser humano es cuestionada por la magnitud de la verdad y su ego de poseerla. La película ganó el León de Oro en Venecia y ayudó a conocer el cine japonés en occidente. Recordemos que Japón acababa de sufrir una guerra mundial y Kurosawa nos lo presenta desde un comienzo con un escenario olvidado y abatido por una tormenta. Tanto el exterior de la materia como el interior del humano se encuentran en un tiempo lleno de dudas y nada de claridad.

La película se basa alrededor de un hecho: un samurai fue asesinado. La historia es contada por un leñador y un monje a un tercer hombre mientras esperan a que pase la tormenta sobre Rashomon. El leñador fue el que encontró el cuerpo del samurai y el monje fue el último en verlo vivo, por lo que primero fueron llamados al juicio y, segundo, a ser testigos de los testimonios de las tres personas que sufrieron el suceso.

El primero en ser llamado es un bandido llamado Tajomaru. La segunda es la esposa del samurai. Y el tercero, es el mismísmo samurai, “el asesinado” que se presenta a través de un médium. Cada personaje cuenta una historia diferente del suceso ¿Cuál es la verdadera? Aquí no les voy a platicar la película sino más bien a provocarlos para que la vean y saquen sus conclusiones.

La obra de Kurosawa nos invita, con gran maestría,  a ser del espectador el juez de los hechos, a cuestionar los testigos para poder descubrir la verdad. A preguntarnos si somos congruentes con nosotros mismos y con el otro. Si somos honestos con el recuerdo haciendo juicios constructivos en el presente y que nos acompañen por el futuro incierto. Yo creo que una mentira no sólo afecta al yo o al ello, sino mata la evolución de la humanidad. Una mentira nubla la razón durante siglos pero una verdad despierta con violencia el amanecer de una nueva vida.

Durante la película los personajes están en constante movimiento alrededor de un triángulo: por un lado está el hablante, por el otro el oyente y el tercero el juicio. Esto sucede en toda comunicación humana: por momentos nos toca hablar, a veces escuchar, otras cuestionar. Pero, ¿quién es esa persona que interactúa con el otro? ¿Una verdad o una mentira? Esto depende de cada uno, olvidando el ego y desnudando nuestra persona con el fin de que me conozcan y me conozca quién soy en esta realidad camaleónica.

Kurosawa en una ocasión explicaba a sus asistentes de dirección el tema de Rashomon: “Los seres humanos somos incapaces de ser sinceros con nosotros mismos. No somos capaces de hablar de nosotros sin pavonearnos. Este guión retrata al ser humano, el tipo de ser humano que no puede sobrevivir sin mentiras para creerse que es mejor de lo que realmente es. El egoísmo es un pecado que el ser humano arrastra desde su nacimiento; es lo más difícil de liberar de nuestra persona. Esta película es como un extraño pergamino abierto representado por el ego. Decís que no entendeís este guión en absoluto, pero es porque es imposible poder entender el corazón humano”.[1]

[1] Akira Kurosawa: La mirada del samurái. Jordi Puigdomenech , JC CLEMENTINE, 2010

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