FRAUDE FOTOGRÁFICO

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Y hablando de fraudes, hoy en día hasta ni parece novedad mejor dicho, ya no es novedad.

Por: Aidee Loza.

En estas últimas semanas ha circulado la historia del famoso fotógrafo estadounidense Steve McCurry por haber despertado la polémica de manipular digitalmente una de sus imágenes y ha puesto en duda sus anteriores trabajos.

El fotógrafo italiano Paolo Viglione fue a una exposición de McCurry en Italia y posteó en su blog su sorpresa al ver la siguiente imagen en la muestra.

Famoso y reconocido por su fotografía emblemática de la niña Afgana, publicada por National Geographic en 1985. Puesto en duda por su colega italiano Paolo Viglio después de publicar en sus redes sociales un artículo en el que cuestiona el tratamiento y mal uso de Photoshop en las imágenes de McCurry.

Toda la idea que se creía sobre esperar el momento, no dirigir a las personas fotografiadas, no mover nada en la escena y jamás manipular una imagen en postproducción, esto fue lo que llevo a su caída.

Viglio cuenta que en una de sus visitas a una de las exposiciones del artista de la National Geographic, descubrió que una de las imágenes estaba alterada digitalmente, ya que se muestra en una de las instantáneas que el retoque digital fue tan exagerado que dejó a un hombre sin uno de sus pies.

No hay nada de malo en la manipulación fotográfica, siempre y cuando se presente como tal y no quiera hacerse pasar por otra cosa.

Pero el punto aquí no es sólo el retoque que McCurry utilizó en las imágenes, ya que esto es común en los fotógrafos utilizando algún programa digital que ayuda a mejorar la calidad de las imágenes. El problema es que se ha puesto en duda la ética del reconocido fotógrafo, ya que McCurry se destacaba  por no intervenir digitalmente sus obras. Todo su prestigio fotográfico se basaba en hacer foto documental directa sin alteración alguna.

Otras personas se dieron a la tarea de buscar más casos en los archivos del fotógrafo y encontraron al menos las dos imágenes siguientes

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La justificación de McCurry es que él, como corresponde a un fotógrafo célebre, está siempre viajando y no puede supervisar personalmente las impresiones finales de sus fotos. Es un argumento falaz. Es normal que los fotógrafos famosos tengan un equipo de editores que procesan e imprimen sus imágenes, pero ningún miembro de un equipo manipularía de esa manera las fotografías si no fuera una práctica aceptada por el jefe.

Claro está que la carrera de McCurry no será la misma después de esto, pero que también será un golpe duro a los ideales y dogmas de la fotografía documental, y cambiará la visión del mundo que aquellas revistas y agencias impusieron durante la mayor parte del siglo XX en sus exposiciones. Aunque también es una buena oportunidad para reflexionar y replantear sobre los mecanismos de la representación fotográfica.

No fue mi error, sino de mis editores.

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