Carlos Orozco

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PRAVIA 24 (Julio – Agosto 2016)

Por: Valeria García.

Qué fortuna crecer escuchando música de uno de los más grandes e influyentes compositores de todos los tiempos, Ludwig Van Beethoven. Teniendo como base a un personaje tan importante, no resulta nada complicado imaginar que Carlos Orozco comenzara a desarrollar su gran pasión por la música a partir de entonces.

Nuestros padres son nuestra primer escuela, y me refiero en todo sentido. Así que como era de esperarse, el primer acercamiento que tuvo este bajista leonés con la música fue precisamente gracias a la enseñanza de su padre y su abuela, melómanos entusiastas.

Curiosamente fue hasta la edad de 18 años que tuvo su primer gran contacto con lo que se convertiría en su esencia, “ese momento fue como si te encontraras cara a cara con el amor de tu vida, o como ver a los ojos a tu peor miedo, a tus más grandes retos” me cuenta Carlos. Imagino todo lo que él pudo sentir en ese instante, un cosquilleo en los dedos y un montón de cosas extras que varían dependiendo de cada quién.

El instrumento te elige

Y eso es algo que Carlos ha tenido siempre muy presente. Comenzó estudiando violoncello con el maestro José Covarrubias Salles, parte fundamental en su formación que más tarde sería completamente dedicada al bajo eléctrico. He ahí la situación: cuando algo es para ti, lo es desde el principio, es únicamente cuestión de tiempo para ir perfeccionando todo aquello que ya es nuestro, creo yo.

Comenta Carlos: “también influyen aspectos importantes en esta clase de decisiones involuntarias, como la personalidad de cada uno. Es seguro que cambiará mucho la perspectiva que tiene un baterista, un guitarrista, a la de un bajista por ejemplo. Seguramente varios estarán de acuerdo en el gran peso que esto representa al momento de elegir un instrumento. El bajo eléctrico es la columna en la música, es donde recae buena parte de la responsabilidad rítmico-armónica, pero de igual forma no suele ser el protagonista, sino el compañero perfecto.

Una de las incógnitas a las que nos enfrentamos todos en algún punto es: ¿Qué quiero hacer con mi vida?, y sin duda resulta una de las preguntas más complicadas de responder. Son pocos los que saben a ciencia cierta lo que desean ser y hacer, y esto tampoco es una garantía. La vida da tantas vueltas y te pone a prueba en tantas ocasiones, que el plan que en algún momento tuviste, se modifica una y mil veces.”

Es curioso que no sea el caso, porque Carlos Orozco es de esa minoría de personas que tiene claros sus objetivos desde los 18 años, y a partir de entonces sus días han estado encaminados a la música.

Una extensión de lo que soy

Es así como define su estilo musical y al bajo eléctrico: como una extensión, una herramienta de traducción de su ser, de sus experiencias, de su esencia como ser humano. Una forma romántica de ver las cosas, sin embargo; es completamente cierto y aplicable a cada cosa que realizamos, le ponemos nuestra esencia, que nos guste o no, quedará en ello para siempre en mayor o menor medida.

Con una trayectoria de poco más de 20 años, tuvo sus inicios en su ciudad natal con la agrupación Zayza, con quienes compartió su primera presentación a 9 meses de haber comenzado en el estudio formal del instrumento. La música lo ha llevado a vivir grandes experiencias que lo han enriquecido enormemente dentro del ámbito. Con la banda de Death Metal Dies Irae grabó sus dos primeros discos: Ethereal y Naive, este último bajo la producción de Frederick Norstrom, en Gotemburgo, Suecia.

En Nueva Orleans tuvo la oportunidad de tocar en el mismo escenario que lo haría Louis Armstrong varios años antes, el Blue Niles. También ha tocado en Francia, Los Ángeles y gran parte del territorio mexicano. Cuatro discos solistas y múltiples festivales han sido algo del recorrido de este bajista que ha dedicado su vida 100% a la música, definiéndose como tenaz y decidido.

El funk es el género musical con el que mejor se identifica, y ha sido muy significativo dentro de su formación. Actualmente trabaja como músico de sesión en los estudios Testa, Arco Art y Reed, en León, Gto. Además de ser miembro fundador de BASSonar (organización de clínicas y conciertos didácticos).

En los últimos 10 años la escena musical en León ha ido en crecimiento, ahora tenemos propuestas arriesgadas, con mucho potencial que contribuyen a la creación de públicos más críticos y cultos sobre todo.

“No te esfuerces por ser algo que no eres, no luches por causas equivocadas, apasiónate y arriesga todo por aquello que realmente vale la pena, lo que amas.” Son algunas de las recomendaciones de Carlos Orozco para quienes quieren hacer de la música una forma de vida. O para ti, que lees esto.

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