JAMES BROWN, PARÍS Y EL GAS MOSTAZA

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Pravia 08

Por: Oliverio Pagola

21 de Junio, 1995. Fiesta de la Música en Francia. Si algo tienen los franceses es disfrutar al máximo los placeres de la vida y el arte. La música no es la excepción y cada año en junio y desde 1982, se celebra la “Fête de la Musique” en todo el territorio galo y desde entonces, también en otras partes del mundo. París, el epicentro y capital de Francia, es testigo ocular y auditivo de cientos de grupos que en cada esquina simplemente le rinden tributo a lo que más les gusta hacer: música. Normalmente en la Plaza de la República se organizan conciertos masivos gratuitos con grandes bandas de rock.

Y la anécdota sucedió así: plaza pública a reventar, Les Negresses Vertes, (banda francesa fusión, que combina ska, soul, funk, reggae, y rock) calentaba los motores del concierto con mucha fuerza y la plaza -ya a reventar- lo único que esperaba era la llegada de la leyenda viva (en ese entonces) de James Brown, el Padrino del Soul y creador de grandes éxitos como “I Got You (I Feel Good)” y “Get Up (I Feel Like A) Sex Machine”. 

Cae la noche y aparece este personaje cuasi hardcore de la música dando golpes de soul y funk a diestra y siniestra, hit tras hit, prendiendo a toda la gente que lo veía derrochar toda esa energía en el escenario. Bailando, cantando y llegando al final del concierto, de repente, el poco criterio de la autoridad, -tal vez por el exceso de público o por no sé qué rayos- comenzó a bombardearnos con gas mostaza. Los ojos no los puedes soportar, la garganta se te cierra y el olor es insoportable. La gente comenzó a volverse loca, a correr y a gritar para evitar el gas y a la policía que iniciaba su sesión de represión.

Lo que me salvó, fue que pude subirme al techo de un coche para no ser aplastado por la gente que corría por todos lados de forma desesperada y para evitar, en la medida de lo posible, respirar ese gas represor que de alguna u otra forma nos recuerda que podemos ser sometidos por quienes supuestamente nos protegen. Este evento, no minó por nada mi gusto por James Brown ni mucho menos mi gusto por escuchar y ver a leyendas del rock en plena acción. ¡La música no tiene la culpa!

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