LA AUSENCIA Y EL ROCK&ROLL

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PRAVIA 13 (septiembre – octubre 2014)

Por: Oliverio Pagola

“Nadie muere siendo virgen. La vida nos coge a todos.”Digamos que son de esas frases interesantes que saldrían de la boca de Kurt Cobain, líder de Nirvana hace más de 20 años.

Parece normal en la historia del rock las ausencias de los que marcaron huella y que dejaron algo más que su posible y probable egoísmo a ultranza en la escena del rock. Esos tipos y tipas del talante de Brian Jones -que ya nunca más fue lo mismo aquel grupo que sigue dando espectáculo por parte de los casi octogenarios músicos-, o Freddie Mercury, que ni siquiera con un coctel de estrellas como Roger Dartly, George Michael, y varios más pudieron subsanar la pérdida.

La lista de las ausencias es muy larga, un timeline podría ser muy útil en estos casos. Pero si arrancamos con el fatal accidente aéreo de Big Bopper, Ritchie Valens y Buddy Holly en febrero de 1959, nos podemos dar cuenta del tipo de ausencia al que nos enfrentamos. Podríamos seguir con la Bruja Cósmica, Janis, quien en 1970 muriera por una sobredosis de diversas sustancias tóxicas y un buen whisky en las rocas. Le seguiría Jim Morrison 9 meses después y The Doors nunca, nunca volvió a ser lo que fue con su frontman de cabecera: El Rey Lagarto.

Elvis Presley se perdió en un abismo de prescripciones médicas hasta parar de respirar y el Rey del Rock murió de tal forma, que todos quisiéramos recordar mejor su figura, presencia, y performance de 20 años atrás, porque su voz nunca la perdió hasta el último concierto en 1977. El mundo se quedó sin el Rey.  Keith Moon, Sid Vicious, Ian Curtis, John Bonham, Eric Carr, Shannon Hoon, Kurt Cobain, Michael Hutchence, son solo unos cuantos ejemplos de que seguramente sus compañeros de grupo, su familia, y sus amigos de bandas como The Who, Sex Pistols, Joy Divison, Ledd Zeppelin, Kiss, Blind Melon, Nirvana e INXS sufrieron la pérdida de su centro, de su equilibrio, de su guía.

Siempre las ausencias marcan para toda la vida. Pero también nos recuerdan lo grande que fueron estos seres humanos de carne y hueso y que dejaron una huella imborrable para los que disfrutamos de su música, esencia, presencia, impacto y corazón…

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