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DELIRIOS DE UN ESCRITOR SUICIDA

Una década sin David Foster Wallace

Por Juan Rey Dux

Se han cumplido doce años del fenecer del depresivo y autentico escritor estadounidense David Foster Wallace.

 

Nacido en Ithaca, Nueva York. El infamante novelista y cuentista, catalogado como uno de los más versátiles de inicios del nuevo siglo.  Es cierto que debido a su relativa novedad como escritor puede que no sea muy divulgado su acontecer por el mundo; pero si algo tenía David como potencialidad, era su ser prolífico, su exuberancia y su inagotable productividad que se reflejaba en su escritura.

En su paso por la tierra al padecer depresión constantemente, sufría de  recaídas anímicas e intentos de suicidio hasta que logró consumarlo. Estar bajo tratamiento medicinal que lograba mermarle el malestar pero que le impedía y bloqueaba el flujo a su creatividad; constantes altibajos, descuidos con su familia, su trabajo, sus círculos sociales, etc.

Es imposible poder dimensionar el inabarcable personaje que se expresaba en aquel ente de barba desalineada; lentes redondos de bibliotecario, cara abombada, cabello largo hasta los hombros, complexión delgada, una noble manifestación corporal y en todo momento llevando un paliacate que lo retro-vislumbraba como estrella de rock de los ochentas de la bandada del Hair Metal.

David Foster decidió suprimir su existencia el doce de septiembre del 2006.

 

Despidiéndose de su esposa que tenía pendiente el arreglo de una exposición de arte para ese día, la deja ir sola. Wallace sin miramientos, va al traspatio de su casa y se ahorca en la cochera.

Tanto su vida como su muerte, tienen el calibre de lo que fue: una bala. Un tsunami de delirios, de desmesura, de excesos y de inventiva. No tenemos porqué ni siquiera catalogar el malestar que padeció durante más de veinte años como un malestar; sino algo que podría ser un eslabón con el que canalizaba su proceso de escritura.

Libros altamente recomendables como: “Esto es agua”, “Hablemos de langostas” “La escoba del sistema” y la última post-mordem “El Rey Pálido”. Pero para pasar por la paleta fosterwallaceana es indudable ser atravesado por la inefable “La broma infinita”, considerada por la revista Times entre las cien novelas más grandes. Con una multiplicidad temática y de géneros por los que se desenvuelve. Sátira, postmodernismo, existencialismo, ciencia ficción, tragicomedia, distopía, novela filosófica,  novel sicológica, monologo, etc.

El calibre endemoniado de Wallace logra el efecto de arpón en cada una de sus páginas. A sus cuarenta y seis años parecía que el buen David ya le era suficiente con lo que tenía en este mundo, pero era tan sólo el ápice de aquello que nosotros quienes nos quedamos o seguimos en esta dimensión denominamos como genialidad.

Recomendamos a uno escritores estadounidenses de la reciente nueva manada que resucitaba la literatura norteamericana.

 

Fanático de la serie Los Expedientes Secretos X, The Wire, Doctor House. Admirador de Barack Obama y crítico duro del mandato de Bush Junior. Adepto literario por Donald Barthelme, Thomas Pynchon, y Jhon Bart.

En cualquiera de los legados de Foster, en sus entrevistas, sus cuentos y en sus novelas; percibimos a un extraterrestre que nunca evidenció aquello que lo hacía padecer, por ser muy de él. Por ello era el monstruo que era, tomando el concepto de monstruosidad por el lado de la grandeza y prescencia de persona. Un sobrino inadaptado del Tío Sam.

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