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El café de la vida

Cafeína. En la taza, en la sangre y en la vida.

Por: Manuel Rivas Vázquez.
        /ManuelRivasVazquez

Dos tazas de café, un plato de galletas, un par de muebles antiguos, unos cuadros que decoran el lugar y de la misma forma, un piano que tiene un centenar de vida, son los invitados   idóneos que esperan pacientes a una abuela de ocho décadas de existencia y a su nieta de dos décadas.

Son las nueve de la noche, la luna será testigo de lo que está por ocurrir en aquel lugar en donde la magia de dos generaciones se une.

Aquella persona de amplia experiencia, con las manos arrugadas, cabello abultado y cubierto de nieve, espera gustosa a su nieta quien acude regularmente a visitarla para intercambiar experiencias de vida, en donde ambas siempre que lo hacen suelen terminar con una sonrisa y un caluroso abrazo sin importar el tema que se haya charlado esa noche.

Ha transcurrido ya un cuarto de hora, cuando de pronto se escucha el timbre de la casa de la abuela, quien gustosa, se dirige al encuentro con su nieta. En ese momento, ambas caminan a ese espacio que las ha estado esperando desde muy temprano y en donde tiene un sinfín de anécdotas por contar, ya que allí se han vivido diversas experiencias.

cafedevida

La conversación entre ambas fluye como aquellas tazas que poco a poco se diluyen pero que no pierden su sabor. De pronto, se escucha el llanto del cielo que se estremece por lo que esa noche se está hablando., de lo que no se ha percatado la nieta es que su café ya está frío y, el de su abuela aún se encuentra caliente.

En cuanto la nieta se da cuenta de ello, sorprendida le pregunta a su abuela.
– Abuela, ¿cómo es posible que tu café aún esté caliente y el mío no?
Aquella señora sabia con una sonrisa le responde.
– El café es como la vida. Tienes que tomarla despacio y disfrutar su sabor sin dejar que se enfríe.

En ese momento, el viento acarició suavemente la mejilla de su nieta, ella cerró los ojos y sonrió. Ese plato que, en un principio estaba cubierto de galletas, ahora sólo conserva los residuos de los mismos y, de igual forma, aquella noche la nieta comprendió la importancia de mantener su café caliente.

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