EL MÓNACO

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Por Efrén Jiménez

El concepto de “Cantina” en territorio mexicano, se remonta a los años entre 1846 y 1848. Tiempo de la pugna por el territorio de Texas, entre México y Estados Unidos de Norteamérica. Los soldados estadounidenses requerían de un espacio agradable en donde pudieran ingerir alcohol, ya que en aquel entonces no había más que una barra en donde podían beber solamente de pie.

Fue entonces que el espacio nombrado cantina, se convierte en un lugar un en donde se podía beber y comer entre compañeros alrededor de una mesa, exclusivo para hombres en aquel entonces. Fue un total éxito.

A través de los años, las cantinas se fueron extendiendo por todo el país, siempre con el mismo concepto; un lugar ameno con botana y bebidas embriagantes. La mayoría de estos, eran y han sido negocios familiares realmente redituables por la naturaleza de su giro; y han dejado huella en las familias que trasladan orgullosas el negocio entre generaciones.

– Mi nombre es Salvador Flores Alcalá, nacido en esta bella ciudad León, Guanajuato, México. Estoy orgulloso de estar hoy al frente de esta herencia de cuatro generaciones, “El Mónaco”.

Toda mi historia comienza cuando mi bisabuelo, Salvador Flores Maldonado en el año de 1897 decide abrir un negocio justo frente a Catedral, por cierto, el segundo negocio de la ciudad que se llamaba en aquel entonces, “La perla del Occidente”.

Él mismo trasladaba los barriles de cerveza en carretas desde la ciudad de México. En aquel entonces, malamente “La Perla” fue saqueada por los revolucionarios; cambió su ubicación en esa misma calle en donde fue saqueada también, pero esta vez por los cristeros.

Para el año de 1934 mi abuelo Adolfo Flores Gaona y mi Tío Abuelo Salvador Flores Gaona, lo trasladaron a Portal Guerrero No. 2 en donde se les otorgó legalmente la licencia de venta de alcohol, emitida por el Presidente Hidalgo. Luego mi papá Salvador Flores Ibarra en 1964, lo traslado aquí donde está actualmente, en la Calle Emiliano Zapata 123; donde ahora estoy yo finalmente desde 1999.

Para mí es un verdadero orgullo, pero también un gran compromiso estar al frente de esto, por todo lo que representa para mi familia, para mi ciudad y para mi país. Es un ejemplo claro y tradicional de que una cantina, no es un lugar en donde la gente va solamente a tomar, te sorprenderías a menudo de todo lo que pasa aquí.

Para empezar, la botana es una de las cosas principales. Hasta la misma gente dice: “vamos a la botana”, haciendo referencia de la variedad de platillos y lo rico que se cocina en las cantinas. Nuestra especialidad aquí en “El Monaco” es el hígado rebanado, pero tenemos muchos otros platillos y entradas que la Sra. Alicia se encanta de prparar y cocinar desde hace 36 años.

Nuestro estandarte es la pasión en todo, incluso ese sentimiento está plasmado en nuestras paredes. Es una obra del artista Alejandro López, quien antes de pintar, se dio el tiempo de venir y captar toda la esencia del lugar.

Aquí las clases sociales se olvidan por completo. Vienen desde políticos, empresarios, artistas, vecinos, obreros y amigos. Todos vienen con el mismo objetivo, a pasar un rato agradable.

Un lugar para comer, beber, convivir, escuchar buena música, o ver un partido sintiendose en casa. Siempre con un ambiente de camaradería, totalmente familiar. Un espacio donde las pasiones brotan a flor de piel, puedes cantar, puedes compartir lo que quieras con todo aquel que sin ser un experto en el tema, seguro te deja algo nuevo.

Nuestro código de discreción fue y será siempre lo principal, que el cliente se sienta con toda la confianza, que sepa que está con grandes amigos. He tenido también siempre en mente la idea que me inculcó mi padre, “Aquí no se vende alcohol, se da atención; porque si uno da una excelente atención, la gente consume alcohol y regresa”.

Tratamos de conservar la esencia del lugar, actualmente tenemos las mesas con más de 70 años de antigüedad; con la singularidad del tradicional portavasos en sus patas. Increíblemente, hay gente que ha venido exclusivamente a ver ese detalle, pues hace mucho tiempo que ya no se elaboran de esa manera. Además de los espejos antiguos, la caja registradora y varios de los accesorios que de hace más de un siglo, adornan el lugar.

Y por supuesto, aquí somos una gran familia, desde la cocinera, los meseros y todos quienes estamos aquí. Estamos siempre gustosos de recibir a quien desea pasar un rato agradable, atendiendo las necesidades de nuestros clientes de la misma manera que se hacía hace 121 años; con ese sentimiento de atención especial que nos caracteriza. Porque “En el Mónaco”, arriba toda pasión.

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