Compartir,

Posted in:

LIBRES PARA ENCADENARNOS A LO QUE QUERAMOS.

Por Marco Aguilar

Escucharlo era lo más cercano a trasladarme en el tiempo, entraba en un viaje a la mano de su narración y me esforzaba por imaginar todo lo que pudo haber sido. Mi abuelo murió cuando yo tenía apenas siete años. A pesar de haber sido muy pequeño, aprendí mucho de él. Es muy difícil para un niño aprender lo que es la muerte; para mi en ese momento lo sintetizaba en una frase, “nunca volvería a verlo”.

Se aprende a vivir con ausencias, se vive a diario esperando el día siguiente, creamos rutinas y nos encadenamos a la que en algún momento nos parece la mejor opción.

 
En mi caso fue trabajar en la industria hidráulica; aunque pronto sentí que le faltaba el lado artístico o algo diferente a mi vida, así que decidí también estudiar cine.

Esto me ayudó para trabajar a la par en una productora audiovisual y mi vida fluía prácticamente entre estos dos trabajos. Un día de pronto cerró la productora en donde quedaron varios proyectos parados, pero la vida debía seguir su camino.

Me dieron un ascenso en el trabajo de Ingeniero y parecía que no todo iba a estar tan mal. Tenía una casa a menos de 30 minutos del trabajo, un salario decente, doce días de vacaciones al año, las cuales invertía en ir al festival de cine de Guanajuato y alguna playa en la costa del pacífico de Nayarit; pero las historias cada vez eran menos. Pensaba, ¿Esto es la vida?

¿Levantarte de la cama, vestirte, trabajar de nueve a siete con una hora de comida, regresar a casa, ver “Los Simpsons”, tomar un baño, cenar y dormir para al día siguiente iniciar la misma rutina? Pues, esa rutina ya no me hacía feliz.

Una mañana, mi compañero de trabajo me hizo una pregunta. Una de esas que hacía constantemente cuando algo se le venían a la cabeza.

¿Qué harías si te dijeran que te vas a morir? Que tienes una enfermedad que no tiene cura y morirás hagas lo que hagas.

 
Al principio me dio risa, pero al ver que sí esperaba mi respuesta, le respondí:

  • Tomaría mi bicicleta y recorrería toda la Republica Mexicana o hasta donde pudiera llegar.

Reímos y todo siguió de manera cotidiana pero a mi esa respuesta jamás me dejó en paz. Me estuvo dando vueltas y vueltas en la cabeza durante todo ese día. Pues entendí que algo había de cierto en esa pregunta que me había hecho mi compañero. No cuento con una enfermedad terminal, pero si moriré; en algún momento tendrá que pasar y era algo que nunca me había puesto a pensar.

No creo en el destino, aún me fijo a ambos lados de la calle antes de cruzar; pero sí creo que suceden cosas en nuestras vidas por alguna razón y que depende de nosotros si seguimos eso que se nos presenta, o simplemente lo dejamos pasar.

¿Dejaría yo pasar esta señal? Estudié cine y vendo bombas hidráulicas.

Es difícil imaginar una vida sin un salario “seguro” cada semana, pero es más difícil fingir que se es feliz.

 
Pasó un año de eso, me convencí de que no era lo que yo quería hacer ni en donde debería estar. Empaque mi vida en un par de alforjas, subí mi bicicleta a un avión y volé a la punta del país, a Baja California Sur.

Ahora busco historias nuevas, viajo con mi bicicleta por México y un pequeño proyector con el que llevo cine a los lugares por los que voy pasando.

¿Fin? No lo creo, esto apenas comienza.

Imagen destacada por  Diana Laura G López

1550 Total 1 Hoy

Compartir,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>