Compartir,

Posted in:

NO SOPORTO Y ODIO EL CAFÉ

Por Manuel Maerz

No entiendo cómo algunos aman algo tan amargo que pone el agua de otro color y que te quita el sueño. Yo disfruto mucho durmiendo. Me encanta despertar, pero solo en su debido momento. Envidiando quizás a esos que pasan horas hablando y sonriendo con su taza en mano y con los dientes decolorados. Creo que solo buscan un pretexto para salir juntos o según conocerse mejor.

Yo no funcionó así. A mi su sabor no me mueve nada ni me despierta. Su sabor bien amargo no me gusta. Hasta con azúcar me sabe bien mal y nomas no entiendo el momento que pierden mientras según disfrutan del café.

¿Será que soy el único al cual le desagrada? ¿Será que soy de otro planeta porque a mí se me hace una costumbre muy deprimente?

No lo sé, pero al pasar por las cafeterías, no puedo evitar escuchar las falsas risas y el choque de las tazas con las cucharas. Me hace sentir incómodo verlos agregar azúcar en esa agua color decolorada. Me preguntó, ¿cómo es que pueden beber eso?

Pero sí sé que todo tiene un porqué y mi odio al café también tiene un porqué.

Fue algo así:

Conocí a la mujer más hermosa que mis ojos hayan visto antes. Su sonrisa era como la luna en cuarto menguante y me sobran las palabras para describir su abstracta belleza. Pero vamos directo al trauma.

Ella me hizo cien promesas. Todas y cada una de ellas hermosas, pero también falsas.

Cinco de esas cien son las que más recuerdo. Eran las menos comunes y por eso, aún las recuerdo.

En la primera promesa, prometió que mis pies de noche jamás estarían fríos. Dijo que ella los calentaría con los suyos.

En la segunda, ella prometió bañarse todos los días para estar linda, solo para mí.

Prometió, que cada vez que mirara al cielo habría en él estrellas, y que, si era de día, sería ella la estrella, que en mi cielo brillaría.

Prometió también llorar conmigo cuando estuviera triste. Limpiarme las lágrimas y hacerme reír después. Aunque era yo, el que se las limpiaba cada mes.

La quinta promesa la odió como odio a veces ser yo mismo, como odio a mis abismos.

En la quinta promesa, ella me prometió: Que pasara lo que pasara, que, aunque el cielo se derrumbara, ella todas las mañanas, ME ENDULZARÍA El CAFÉ.

787 Total 1 Hoy

Compartir,

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>