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“Tempestad”. Una cinta con gotas de dolor.

Una lucha de mujeres en otra manera de narrar cine.

Por María Alcántara Loredo.

En Pravia somos abiertamente amantes del cine, y también de lo hecho en México, por lo que no es de extrañarse que al conejo le encante el cine mexicano.

En esta ocasión, hablaré de “Tempestad”; la multipremiada cinta de la fotógrafa y directora mexicana Tatiana Huezo, y su sexta película de su filmografía. Esta cinta cuenta es el viaje de dos mujeres que narran su experiencia con el narcotráfico, la corrupción y el nepotismo al que fueron lamentablemente sometidas.

Es Miriam, somos todas. Es el primer mensaje que me llevo de la película. Es una historia de norte a sur que retrata México. Miriam fue encarcelada injustamente en un reclusorio al norte del País, y el documental comienza ahí. La directora recrea el camino que la llevó de regreso a su casa. Así que la película sucede alrededor de un viaje en camión, con tintes de road movie, haciendo diferentes paradas.

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Hay algo clave, la directora decide no mostrar el rostro de Miriam, o la cárcel, así como la violencia que relata. En lugar de recreaciones o entrar en situaciones que arriesgue la dignidad de sus personajes, Tatiana evoca con la imagen una serie de metáforas que ilustran las vivencias.

Porque evitar mostrar a una de sus protagonistas, significa que cualquiera pudo haber sufrido lo mismo.

Es una película que nos pone cara a cara con la violencia, y nos hace saber lo frágiles que somos todos ante esto que sacude a nuestro País. Y en el camino nos encontramos con la segunda protagonista, Adela; una mujer que perdió a su hija en manos de hijos de policías federales. Ambas mujeres se ven indefensas frente a un sistema impune que no las protege ni defiende, sino las convierte en mártires, chivos expiatorios, o simples daños colaterales de un sistema corrupto.

Es un filme sumamente íntimo, nuestras narradoras prácticamente nos susurran sus anécdotas, como lo haríamos nosotros si estuviéramos también en ese autobús. Estas experiencias que nos cuentan Adela y Miriam no son el tipo de vivencias que uno platica tan fácilmente, o a todo el mundo. Son sentimientos y emociones que traspasan la pantalla, vibra cada escena, y esto sólo demuestra un trabajo de investigación previa, con lo que consigue llegar a ese nivel de intimidad con sus protagonistas.

La narrativa es de resaltarse, pero no es lo único, los aspectos técnicos igualmente son bien logrados pues nos hacen parte de la historia. Como comunicóloga sé que el medio es el mensaje, y no hay mejor ejemplo que esta película. Desde la voz en off, el uso de las sobras, el montaje, el diseño sonoro, todo esto nos está ya contando algo digno de revelarse.

La fotografía retrata este viaje desde el encierro a la libertad.

Cada encuadre nos muestra soledad, abandono, mercados sin suerte, el mismo autobús en cortes tan precisos que afirman la idea de que en el cine nada es casualidad. La fotografía es precisa y parece casi poético su uso de diferentes escenarios alternando sitios abandonados, con paisajes y lugares llenos de personas.

Otro aspecto que vale mucho la pena mencionar es el agua. El título de la cinta nos hace pensar en una tormenta. A lo largo del camino nos acompaña la lluvia, es la vida de unas personas envueltas en una lucha contra las fuerzas de la naturaleza. El agua va ganando su libertad en el camino, a cuentagotas, y termina por fin sumergida en un cenote, libre.

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“Tempestad”, propone una manera original de narrar. Como mexicanos nos estremece porque hace justo lo contrario a lo establecido, no nos muestra en ningún momento la violencia a la que fueron sometidas, pero nos da a entender todo lo que vivieron. Las compara con situaciones cotidianas, narra todo desde la calma, lo que hace que contraste la narración con la imagen.

Para Tatiana, hubiera sido muy fácil hacer otro documental más llevadero sobre el narcotráfico, la violencia o la corrupción de México. Y nosotros pudimos fácilmente pasar hora y media viendo declaraciones en ministerios públicos, encapuchados con armas, charcos de sangre, y lo de siempre, pero no fue así.

La forma en la que se decide contar estas historias dignifica estas terribles experiencias, dándoles incluso un toque de belleza. Algo nos parece fuera de lugar, y creo que este es el propósito.

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