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White Riot, 40 años del nacimiento de The Clash

Por: Romina Pons
30 de agosto de  1976. En el barrio de Notting Hill en Londres, Inglaterra, se llevó a cabo el tradicional carnaval de la cultura caribeña, un sencillo pero colorido festival lleno de reggae y ritmos del caribe. Las calles se inundaban de soundsystems imitando a aquellos de Jamaica y se podía ver a la gente bailando, comiendo y disfrutando. El Notting Hill de los 70 no era el barrio bohemio y chic que es hoy en día. Era pobre, marginal y estaba lleno de migrantes negros. Paul Simonon creció ahí y en Brixton, al igual que Mick Jones.

Jamaica se había independizado de Inglaterra hace poco más de una década. Irónicamente, esta situación trajo más migrantes que nunca, pues la inestabilidad en la isla caribeña crecía y la promesa de un mejor futuro radicaba en Gran Bretaña. Sin embargo, la realidad era bastante alejada de esta idea. La isla europea se encontraba sumida en una profunda crisis económica, social y de identidad. Tenían más de un millón de desempleados y la moral por los suelos. Los migrantes trajeron consigo la música: tanto el ska como su sucesor el rocksteady y por último, el reggae.

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Regresemos al carnaval. Un joven negro fue aprehendido por supuestamente robar una cartera. Fue golpeado por un policía frente a múltiples testigos. Este fue el momento perfecto para que la bomba de presión social estallara. Ganas no les faltaban, la violencia racial iba en aumento. Estaban hartos de los encarcelamientos injustificados, las redadas, las hostilidades y los abusos de poder. La respuesta de la multitud fue unánime: defender al joven y atacar a la policía con lo que tuvieran al lado; piedras, palos, ladrillos, lo que sea. El saldo fue de 100 policías y 60 asistentes hospitalizados, mientras que otros 66 civiles fueron arrestados. Mil seiscientos policías asistieron al carnaval, una cifra que claramente buscaba intimidar a la comunidad migrante por encima de buscar el orden y la paz.

Joe Strummer, Paul Simonon y Bernie Rhodes (quien fuera manager y co fundador de la banda) asistieron al carnaval. Los tres eran amantes del reggae y querían bailar un rato con los soundsystems. (Basta escuchar “(White Man In) Hammersmith Palais”, “Rudie Can’t Fail” o “Guns of Brixton” para constatar la fuerte influencia del reggae en la música de The Clash.) Se encontraron a sí mismos a mitad del riot y no dudaron en participar. Simonon le aventó un cono de tránsito a un policía en motocicleta y Strummer intentó –sin éxito- incendiar una patrulla. La anécdota es que, como había demasiado viento, nunca pudo mantener un cerillo prendido el tiempo suficiente como para iniciar el fuego.

Ese momento fue un parteaguas en la vida de Joe Strummer, y sabía que debía escribir al respecto. De este suceso nació “White Riot”, el primer sencillo de The Clash. Si bien ninguno de los tres eran sujetos de discriminación por ser blancos; ese día, al ver que el pueblo se revelaba, entendieron algo que le daría rumbo al punk: la lucha no es de blancos contra negros, es de ellos (el sistema) contra nosotros.

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Strummer se dio cuenta de que el problema de los blancos es que no se quejaban, no se levantaban, no se unían como los negros. Era necesario un movimiento de la gente para ponerle fin a tanta injusticia, y para que aquellos en el poder entendieran que no era una cuestión racial, sino una necesidad de la clase trabajadora. Todos deben estar ofendidos por la opresión; blancos, negros, pelirrojos, gays o prostitutas. Como lo comentó Strummer a la New Musical Express (NME): “Lo único que estamos diciendo sobre los negros es que tienen sus problemas y están listos para lidiar con ellos. Los blancos en cambio, no están listos. Todo es muy cómodo: tienen estéreos, drogas y coches. Los pobres blancos y los pobres negros están en el mismo barco, pero no se dan cuenta.”

“White Riot” salió el 18 de marzo de 1977 a través de CBS Records. Una canción estruendosa, violenta y directa, que en un minuto con cincuenta y seis segundos denunciaba el conformismo de la sociedad británica: “And everybody’s doing just what they’re told to / And nobody wants to go to jail / White riot, I want to riot
white riot, a riot of my own / White riot, I want to riot / White riot, a riot of my own”.

Llegó al número 38 de las listas de popularidad británicas. El lado B del sencillo fue “1977”, pero ésta no formó parte de su disco debut. La canción se convirtió inmediatamente en una bandera del movimiento punk y, con este sencillo, nació una de las bandas más influyentes en la música y cultura de finales del SXX.

The Sex Pistols eran más incendiarios, provocativos y vistosos, pero The Clash logró más estabilidad y congruencia entre su estilo de vida y su música. Eran el ying yang del punk, y una fue imprescindible en el éxito de la otra. De hecho, los primeros gigs de The Clash (antes inclusive de los disturbios de Notting Hill) fue como teloneros de los Pistols. Como lo menciona Dorian Lynskey en su libro 33 Revolutions Per Minute: A History Of Protest Songs, “La ventaja de Strummer era que tiraba línea, fijaba un rumbo. El impacto de los Sex Pistols fue un shock al sistema, como las palillas de resucitación a un corazón en paro cardiaco, que lo reaniman pero no le enseñan qué hacer después. Lydon (Johnny Rotten) tenía una personalidad tan extrema y compleja que el escucha promedio no lo podía seguir. Era un disturbio mental. The Clash en cambio, tenían un discurso de protesta más convencional y se encargaban de documentar el mundo que les rodeaba. Para cualquier ser humano que viviera el caos, los bajopuentes, y los callejones de una gran ciudad, la lírica de The Clash resultaba extrañamente familiar. Para quienes no, la narrativa resultaba exótica y atractiva. Cuando lanzaron su disco debut The Clash, tres semanas después del sencillo de “White Riot”, Tony Parson, el reportero y apóstol del punk escribió para NME: “Hacen una perfecta crónica de nuestras vidas y lo que se siente vivir en los apestosos setentas mejor que ninguna otra banda, y lo hacen con estilo, ritmo y carisma”.”

Como menciona Lynskey, tal vez la trascendencia de The Clash radique en que, desde el día uno buscaron no sólo criticar la situación sino entenderla, exponerla, y hacerla parte de las preocupaciones diarias de la gente. Sus protestas fueron ampliándose, abarcando temas tan diversos como Guerra Civil Española, la crisis nuclear,  el consumismo, o la hipocresía política pero le inyectaron un sonido más afianzado, melódico y cohesionado que el punk de otras bandas. Su evolución fue más enfocada a descubrir nuevos temas y nuevos sonidos que a mantenerse fieles a un movimiento.

De la misma manera en que “Smells Like Teen Spirit” se convirtió en una maldición para Nirvana, o “Creep” para Radiohead al grado de no querer ni tocarlas; algo similar sucedió con “White Riot”.  Para 1979 Mick Jones ya estaba harto de la canción. Era entendible, pues la banda había evolucionado considerablemente desde su primer sencillo. -En diciembre de ese mismo año vería la luz su obra maestra, London Calling; considerado por la crítica especializada como uno de los 10 mejores álbumes de todos los tiempos.- La situación llegó a su clímax en un show ese mismo año en el que Joe Strummer insistió en tocarla y Mick  Jones se opuso. Entonces Strummer por primera y única vez golpeó a Jones en el escenario durante el encore. Acto seguido empezaron a tocarla mientras Jones tenía la cara vendada y un tanto ensangrentada. Como era de esperarse, se hartó a media canción y dejó a los otros tres en el escenario terminando el show.

Además, muchos promotores le pedían a la banda no tocarla pues el público malinterpretaba el mensaje y aprovechaba esos dos minutos para golpearse y destrozar el venue. Como era de esperarse, cuando más la tocaban era cuando les pedían que no lo hicieran. Punks will be punks.

Irónicamente, en noviembre de 2002 Joe Strummer dio un show a beneficio de la huelga de bomberos en Inglaterra y Mick Jones estaba ahí. “Esta canción es en ‘la’, seguro te la sabes”. Entonces Joe lo invitó a tocar “White Riot”. No habían compartido escenario desde el US Festival de 1983. Strummer murió de un paro cardiaco un mes después.

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Tal vez “White Riot” fue solo el grito de unos punks enojados, indignados por las injusticias que tanto ellos como su entorno tenían que soportar. Tal vez sólo fue el grito de 4 jóvenes ilusos e incomprendidos. Sin embargo, 40 años después, en tiempos de Trump, de tanta desigualdad económica, y de una injusticia social sin precedentes; “White Riot” suena escalofriantemente actual y necesaria. “White riot, I want to riot. White riot, a riot of my own.”

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