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Tokyo

PRAVIA 24 (Julio – Agosto 2016)

Por: Romina Pons

@rominapons

Viajar a Japón es como viajar en el tiempo: al pasado y al futuro simultáneamente. Es impresionante encontrar en una misma ciudad templos budistas como el Meiji Shrine y zonas casi galácticas como Shinjunku. Tokyo es muchas cosas al mismo tiempo, y nada que diga podrá expresarlo suficientemente bien.

Tokyo es una ciudad impecable, y contradictoria. No se ve basura en ningún lado pero tampoco hay basureros. Es enorme pero organizada. Casi no hay tráfico. La mayoría de la gente se mueve en metro. El metro es un viaje en sí mismo; con intensa luz blanca, como si te encontraras en una caricatura o bajo el efecto de un ácido. La gente se forma para subir a los vagones, los cuales van completamente en silencio. No contestan el teléfono por respeto al resto de las personas y llevan tapabocas por la misma razón: para no llenarte de microbios. En las pantallas proyectan comerciales con botargas de criaturas infantiles. La música de entrada y salida hacia el andén parece de caricatura. Las estudiantes ríen en minifalda y las trabajadoras van impecables, como parisinas, en trenchcoats color camello y tacones negros.

Tokyo está diseñada en niveles: es fácil perderse en algún lugar, pues los edificios tienen pisos para arriba y para abajo. Puedes pasar un día entero en la ciudad sin salir al exterior. No lo hagas, sal, las vistas de Tokyo, desde prácticamente cualquier barrio son memorables.

A mucha gente le asusta la cuestión de la comida, pensando que acabarán ingiriendo ratas o huevo crudo. No. No hay que confundir la gastronomía nipona con otras costumbres asiáticas como las chinas, coreanas, etc. Comer en Japón es delicioso, hasta en las tienditas equivalentes a Oxxo, donde puedes comprar un onigiri (triángulo de arroz blanco) relleno de atún, salmón, alga, o algún otro pescado.

La pasta udón (fideo grueso de harina) es exquisito en cualquiera de sus preparaciones. En especial debes probarlos con un témpura de camarón y verduras. Otra pasta memorable es el ramen. Para probar el mejor y tener una experiencia inolvidable dirígete a “Tokyo Station” y visita “Ramen Street”: un pasillo con 6 locales donde compras un ticket en una máquina para dirigirte a cualquiera de los 6 establecimientos. Estos concentran la receta de ramen de 6 de los mejores restaurantes de la ciudad, y se dedican exclusivamente a servir eso. El ambiente es completamente informal y es muy barato. Sin embargo, será el mejor ramen de tu vida.

El platillo que más llamó mi atención por jamás esperar algo así de Japón fue el tonkatsu. Es carne de puerco de primera calidad, empanizada en panko con gravy encima. Se sirve con una ensalada de col, lechuga y zanahoria rallada en aderezo de ajonjolí. Podría comer eso el resto de mi vida.

No podemos concluir el tema de la cocina nipona sin tocar el sushi. Si bien puedes probar buen sushi en cualquier rincón de la ciudad, lo recomendable es conocer la experiencia completa con un Master sushi. Todos los lugares de calidad requerirán una reservación. Los hoteles lujosos suelen ser garantía de una grata experiencia.

Dejarse llevar por un Master sushi es una experiencia que no puedes dejar pasar: el chef prepara los platillos delante de ti y te va guiando por una experiencia única que involucra todos los sentidos. La sucesión de nigiris tiene un orden específico para ir preparando tu paladar. Puedes probar hasta 6 piezas distintas de atún y todas sabrán distinto, dependiendo la parte del cuerpo, la forma de prepararlo, etc. Es un arte muy sutil en el que debes dejarte llevar y confiar en tu guía. Una experiencia inolvidable para el paladar. Un buen Master chef debe comprar la pesca cada madrugada en el Tsujiki Market, el famoso mercado donde se realizan las subastas de atún. Pero este lugar es también una gran atracción para los turistas; sugiero que vayas el primer día que estés en Tokyo, aprovechando el jet lag, pues las subastas empiezan a las 4 am.

La magia en Tokyo es caminar en sus calles. Cualquier barrio termina teniendo un mercado mágico, un templo budista y algo estrafalario. Entre los imperdibles está Shinjunku, el Tokyo del futuro. Un lugar que de noche se transforma entre luces neón, rodeado de tiendas de chácharas, vendimias de mariscos, restaurantitos, bares, table dances, maquinitas de videojuegos, luchas con robots y toda clase de locura nipona. Puedes perderte ahí horas. Resulta una sobreexcitación visual.

La calle donde las mujeres japonesas se visten como lolitas o personajes salidos de un manga japonés es Harajuku. Esta calle tiene infinidad de tiendas de ropa; vintage, disfraces, accesorios, calcetines, zapatos, sudaderas y cuanta cháchara puedas imaginarte. Las japonesas además de arreglarse para ir a caminar ahí, suelen comprar una especie de crepa rellena con varias bolas de helado y a veces, hasta trae un cheesecake adentro. Sí, una crepa con un helado con un cheesecake adentro.

Shibuya es el Tokyo de la película Lost In Translation (2003), y ahí se encuentra el “Shibuya Crossing”, que es el cruce más transitado del mundo. No tan lejos de esa zona se encuentra Martha’s Bar, una verdadera joya nipona. Es un bar en el cual sólo se sirve whisky japonés y se va a escuchar vinilos. Se pide silencio, y la luz tenue es perfecta para agudizar tu oído y dejarte llevar por melodías de Nina Simone, Otis Redding, o cualquiera que sea la selección del curador en turno.

Tokyo es un destino que puede tomar semanas enteras descubrir. Además de tener tanto que hacer, resulta un viaje que te reconecta con tu parte más profunda. No vuelves siendo el mismo de Tokyo. Es una experiencia que necesitan experimentar en carne propia.

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