LA LUNA

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PRAVIA 15 (enero – febrero 2015)

Redacción Pravia

El ojo de la noche, la que todo ve, a todos ve y que pocos percibimos o apreciamos.

El Sol nos marca un nuevo amanecer, un día más en esta realidad visible y tangible. Es el que origina nuestra fuerza vital y el soporte de nuestra razón, personalidad, conciencia, ideales, metas, poder y deseos. Es el que nos da la habilidad para afirmarnos y distinguirnos como seres vivos, el que reafirma que existimos y nos da preocupaciones existenciales sobre nuestro futuro. La luna en cambio, cuando nos envuelve la oscuridad hace posible la luz. Es un puente entre la luz y las tinieblas, entre la oscuridad y el sol, un faro en medio del mar. Una luz fría en la oscuridad que va y viene pero nos ilumina el camino. Es la reina de la noche, la protectora de los sueños. Aquella que guía y cuida al alma que sale a vagar en los sueños. Es el conocimiento interior, lo oculto y desconocido, lo irracional, intuitivo y subjetivo y el comportamiento inconsciente.

Su misterio nos llama y sorprende desde el principio de los tiempos. Desde los orígenes de la humanidad han existido inquietudes por el culto y el estudio de la luna. Su simbolismo es muy complejo y amplio, y podemos hablar de ella mitológicamente, terroríficamente, astronómicamente,  románticamente y hasta espiritualmente. Durante siglos, se le ha dado cierto aire de misticismo y poder a la Luna, se han creado una enorme serie de supersticiones y leyendas sobre ella y el misterio que despierta ha seguido latente en nuestros días. Siempre ha sido una luz en la noche y todas las culturas que han habitado la tierra le han dado la categoría de deidad, culpándola o adorándola por su influencia sobre el ser humano, los mares, la tierra, y las criaturas que la habitan. Ha sido objeto de importante influencia cultural desde la antigüedad tanto en el lenguaje, el calendario, el arte y la mitología, así como de supersticiones, inspiración y leyendas. Por ello, resultaría imposible resumir en un artículo todo lo que se ha dicho y escrito sobre ella a lo largo de la historia.

El ciclo de la Luna alrededor de la Tierra dura alrededor de 28 días al igual que el período menstrual de la mujer, por lo que en casi todas las culturas se le ha dado un carácter femenino y representa la Diosa Madre, la reina del cielo, la fertilidad y la protección. La luna se asocia con la fantasía y la imaginación por su misterio y representación dentro de la noche. Se le atribuye el poder de despertar o transformar, al hombre lobo, fantasmas, brujas y demonios. A la vez se le adjudica un carácter esotérico a la hora realizar rituales, en aquelarres, rituales ocultistas  e invocaciones.

Desde tiempos ancestrales, la luna ha significado mucho más que un astro que nos cautiva con su brillo en las noches. Todos los objetos, incluyendo estrellas, planetas y satélites, emanan frecuencias que nos afectan y se ha comprobado que las mareas, lluvias, aguas, inundaciones y las estaciones del año varían según la fase lunar. Existen variaciones en la presión atmosférica y oscilaciones en la intensidad del campo magnético de la tierra, afecta los procesos metabólicos en los organismos vivos y la conducta del ser humano. En el campo, muchos agricultores todavía se guían por sus fases para la siembra, cosecha y poda.

Si nuestro satélite es capaz de mover enormes masas de agua y exaltar los mares, ¿no serán mayores sus efectos sobre los nosotros que estamos compuestos de más del 75% de agua?

Así como la Luna rige el agua y los mares, también influye sobre nosotros. Influye en nuestra energía y estado de ánimo; varía nuestra capacidad intelectual, sensibilidad, sentimientos, emociones y deseos. Es verdad que cada acto del hombre es el resultado de una complicada interacción entre diferentes condiciones sociales, económicas, factores morales o emocionales y resultaría incorrecto considerar que las influencias cósmicas predeterminan del todo nuestra conducta; pero, también sería incorrecto negar esa influencia cósmica sobre todo lo que vive y habita la Tierra. Durante décadas se han elaborado muchos estudios científicos a favor y en contra de los efectos de la luna en el comportamiento humano, y se  ha confirmado científicamente después de años e investigaciones, que existe una correlación entre las fases de la luna y los ritmos biológicos del ser humano, en el aumento de actividad mental y también durante el sueño. En un día de luna llena es posible que despierten pensamientos que yacen inertes en el subconsciente aprovechando el incremento de actividad mental.

Dentro de la mente subconsciente tenemos cierta cantidad de impresiones grabadas que deciden nuestra personalidad.  Neurocientíficos afirman que el subconsciente conforma hasta el 95 % de nuestras vidas; es donde se recolectan y almacenan nuestros recuerdos, memorias y pensamientos acumulados durante los años. Sin embargo, no somos conscientes de ello y las frecuencias lunares tienen la capacidad de hacer que los pensamientos escondidos procedentes del subconsciente emerjan a la mente consciente. Una vez siendo conscientes de estos pensamientos, es cuando podemos sentirnos exasperados, locos, excitados y sin sentido. Está claro que la luna condiciona el comportamiento de la gente. En noches de luna llena hay más crímenes, accidentes y suicidios, los dementes pierden aún más a los estribos, la gente hace cosas raras y el trabajo se multiplica para los guardianes del orden. En esta fase las quejas de molestias físicas y mentales incrementan, aumentan las visitas a las unidades de emergencias médicas, centros psiquiátricos y los nacimientos se disparan. Del mismo modo la luna también afecta a la mente de los animales. Sin embargo, consiste únicamente en deseos e instintos  básicos como el hambre, sexo, sueño, etc. Todavía siguen siendo objeto de estudio este tipo de correlaciones, pues son tanto los factores que no se puede llegar a una conclusión unánime.

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