Pervitin: la droga para combate de los Nazis

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Por César García

El método no consiste en un remedio milagroso, sino que consiste en un producto de pastillas de Pervitin. Una marca comercial de metanfetaminas que se produjeron por millones durante la Segunda Guerra Mundial como un experimento para ser usados en las tácticas militares.

Era de mañana los soldados nazis recorrían la frontera con Polonia sumidos en un profundo cansancio. La noche anterior la habían pasado atacando pequeñas compañías polacas que aunque eran superadas numéricamente se aferraban a defender sus posiciones.

No había lugar para el descanso ni el alivio. Cuando llegaron al puesto de avanzada de su mismo bando se encontraron con una noticia inesperada: les sería suministrado un nuevo método que les ayudaría en el combate.

Los soldados se miraron desconcertados entre si, pero rápidamente acataron las órdenes, y casi como si fuera un milagro recuperaron sus energías paulatinamente. Ya no había necesidad de dormir, pues todos se encontraban listos para continuar con la campaña bélica que se asoma victoriosa.

Así fue como probaron las famosas pastillas Pervitin.

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Fue una misteriosa droga que utilizó el Tercer Reich para convertir a sus soldados en máquinas, eliminando el sueño, el hambre, y la razón. Cortesía.

Al empezar la invasión europea, el Tercer Reich optó por atacar a sus objetivos con un uso desmedido de fuerza tanto terrestre, como aérea conocido como “guerra relámpago”.

Para esto se necesitaba que los soldados nazis pudieran soportar jornadas largas en sus enfrentamientos contra los ejércitos enemigos. Es aquí donde el Pervitin era de gran ayuda.

Su efecto generaba euforia, aliviaba la fatiga y mejoraba el rendimiento en tareas simples, por lo que quedaba perfecto para las intenciones de Hitler y su rápida expansión.

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El Pervitin era considerado un estimulante tan natural como el café u otras drogas. Después se aplicó en un experimento con estudiantes universitarios en 1939. Después se utilizó para el buen desempeño de la “guerra relámpago”. Primordialmente, en la invasión a Polonia y posteriormente en la de Francia.

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Cortesía.

El Pervitin se repartió a pilotos, marineros y elementos de la infantería para aguantar un esfuerzo sobrehumano. Sin embargo generó una adicción muy arraigada en las fuerzas militares nazis que empezó a resultar contraproducente para los planes de la campaña bélica.

El uso continuo del Pervitin disminuía su efectividad y generaba efectos secundarios que afectaban al rendimiento de los soldados.

El gobierno de Hitler no reconocía abiertamente el empleo de esta droga e incluso se catalogó como una sustancia restringida el 1 de julio de 1941. Irónicamente se siguieron produciendo millones de comprimidos de metanfetaminas a medida que la guerra avanzaba.

Y no terminó ahí. Para 1944, los mandos militares apoyaban la creación de una droga. Una píldora milagrosa que pudiera aumentar su periodo de rendimiento y su potencial del mismo sin tener los efectos secundarios del Pervitin. En una sola píldora se llegaron a combinar cocaína, metanfetaminas y analgésicos.

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Cortesía.

Así como los nazis de Alemania dotaban a sus tropas de Pervitin, Estados Unidos y Gran Bretaña les daban a los suyos otro derivado de la metanfetamina conocido como “speed”. Hasta hoy es posible que esta práctica continúe con la escalada de violencia que se vive.

Posiblemente, justo en este momento, haya un grupo de soldados cansados y sin dormir recorriendo alguna frontera de algún país devastado, donde están a la espera de revivir con alguna píldora milagrosa.

Esto demuestra que el avance en los conflictos bélicos no sólo produce nuevas herramientas tecnológicas o cambios en el sistema político-económico; sino que también acarrea una producción masiva de drogas efectivas para el campo de batalla.

Redacción: Laura Márquez

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