El confort de la pasividad

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PRAVIA 21 (Enero – Febrero 2016)

Por: A. de Coeur

Hace unas semanas asistí al concierto de Pearl Jam en el Foro Sol de la Ciudad de México. A pesar de que el recinto siempre me ha parecido horrible para eventos de este tipo, el concierto fue espectacular, la agrupación nos ofreció un show tremendo de 3 horas en el que tocaron todos sus clásicos. ¿De qué va que hable del concierto de Pearl Jam? Bueno, en un punto del ya mencionado evento, Eddie Vedder se tomó un momento para recordar a las víctimas de los ataques terroristas de París. Haciendo un gran esfuerzo, el frontman expresó en español: “La felicidad es un acto de desafíos”. A continuación dedicó “Imagine” de John Lennon a las víctimas.

Sin embargo, en el intervalo entre la dedicatoria y la canción, por parte del público comenzaron a emerger comentarios de diferente naturaleza, algunos de agradecimiento por la dedicatoria de Eddie, mientras que otros, -bastante estúpidos- catalogando al señor Vedder de racista y peores cosas por recordar a los parisinos muertos y no a los sirios.

Durante esa semana, y las pasadas cuando ocurrieron los ataques en París, las redes sociales se infestaron de comentarios y publicaciones relacionadas a los atentados de París y los bombardeos en la ciudad de Raqqa, algunos condenando los ataques a la capital Gala, y otros condenando los ataques a la ciudad bajo control de DAESH.

No soy quien para expresar públicamente mi opinión con respecto a este tópico y este artículo tampoco fue pensado para hablar de ello, sin embargo sí lo utilizo de contexto para hablar de algo que estamos viviendo y a todos nos atañe y eso es la vacía necesidad de pertenencia que impera entre los usuarios de las redes sociales.

Muchos de esos comentarios, publicaciones y fotografías compartidas de lo ocurrido en ambos lugares venían acompañadas de mensajes vacíos, carentes de conocimiento de la situación o el contexto, condenando lo ocurrido o lo hecho por alguna de las dos facciones en conflicto. Esto sin olvidar la tremenda cantidad de fotografías falsas que circularon por todo Facebook e Instagram y pertenecían a otros conflictos o años pasados y que los usuarios defendían férreamente como verdad absoluta sobre lo que ocurría del otro lado del Atlántico.

Estamos en un  punto en que los usuarios comparten noticias, información o cualquier tipo de contenido únicamente siguiendo el flujo de información que ocurre en las redes o la moda que impera en el momento y todo para obtener un par de “likes” o querer ser parte de la discusión y creer que se tiene conocimiento sobre el tema que toma lugar. Tal cual como lo pronosticó Andy Warhol: “En el futuro, todos serán famosos mundialmente por 15 minutos”. Y después pasará todo al olvido.

Ese es otro factor a considerar al hablar de esto, mientras la noticia dura en boca de todos, alrededor de una semana aproximadamente, todos son conocedores y férreos defensores del papel que elijan jugar de acuerdo a la discusión del momento; y a la semana siguiente, todo se ha olvidado y pasan a ocupar otro lugar en una nueva discusión de la cual no se tiene el conocimiento.

Agregado a esto se encuentra el hecho de que “toda la información” al respecto está a sólo un “share” de los usuarios, el asumir que lo que se presenta en las redes sociales es toda la información o es todo real, es un verdadero peligro, y es algo que se presenta en el grueso del pueblo mexicano; no olvidemos que este fue uno de los factores que se tomaron en cuenta para recientemente clasificar a México como el país más ignorante.

Todo lo anteriormente mencionado ha hecho realidad lo expuesto por Aldous Huxley, la humanidad se encuentra en un estado de pasividad debido a la sobreinformación en la que se encuentra sumergida, ya no existe una necesidad real por investigar o mantenerse verdaderamente informado sobre cualquier tema.

El problema se torna más serio si nos ponemos a pensar en que la mayoría de los usuarios son jóvenes. Si la juventud se encuentra en este estado de pasividad, donde la norma de lo que se habla y piensa la impone las redes y el cuarto poder, ¿qué futuro nos depara? En este escenario al fin vemos realizada la visión de Huxley, en donde la cultura se encuentra banalizada y basada sobre los frágiles pilares de las distracciones y el entretenimiento, donde la información real y relevante se encuentra ahogada en un mar de información irrelevante y únicamente recreativa.

Con todo esto, no quiero decir que las redes sociales sean malas ni mucho menos. Sin embargo, tuvieron su boom en un momento crítico para la humanidad: donde la línea entre la información real y seria parece muy difusa con los asuntos superfluos. Simplemente hay que tener en cuenta el poder que está depositado sobre las redes sociales y más que nada hacer conciencia sobre el manejo que hacemos de la información que llega a nosotros.

Para concluir me gustaría mencionar nuevamente al señor Huxley. En “Un mundo feliz” (A Brave New World), él expone un futuro donde la guerra y la pobreza han sido erradicadas, y toda la humanidad vive en un estado de permanente felicidad. Sin embargo, la ironía es que esta felicidad se ha alcanzado a costa de eliminar muchas otras cosas como la familia, la diversidad cultural, el arte, el avance de la ciencia, la literatura, la religión y la filosofía; una felicidad ignorante.

Retomando el inicio de este artículo, tal cual dijo Eddie Vedder: “La felicidad es un acto de desafíos”, pues bien, desafiemos esta norma actual, esa pasividad, ese letargo en que se ha caído. Vivamos una felicidad informada, no ignorante, real.

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