En ocasiones la vida nos saca a empujones de los sitios en los que no debemos estar

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Los sitios en los que no debemos estar nos dan señales que en ocasiones nos hacen tanto daño, pero es necesario para darnos cuenta de que nos están afectando de distintas maneras.

En el momento que ocurre, puede que no entendamos la razón del porque algo tan horrible nos está sucediendo; ya sea una infidelidad, una pelea, problemas económicos, etcétera. Pero estas señales nos indican que tal vez es mejor salir de esa relación, esa persona no era tu amigo o es momento de cambiar de empleo.
Y estas razones no nos llegan al momento, sino hasta que nuestro amigo el tiempo nos abre los ojos de poco a poco; nos explica el porque de esas vivencias que nos dejan marcados de una manera tan profunda y dolorosa.

Dejar que el duelo ocurra

El universo nos abre una puerta cuando otra se cierra, siempre llega algo mejor; llega la calma después de la tormenta. Sin embargo, podemos estar tan enfocados en la puerta que se cerró, que no nos damos cuenta de las nuevas oportunidades que están ocurriendo frente a nuestros ojos.

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Es la sanación, el tiempo y las ganas de querer seguir adelante lo que nos hace ver más allá de cualquier dolor que hayamos vivido. Ese es el primer paso que nos lleva por un camino distinto, y en muchas ocasiones, nos lleva a nuestro lugar correcto.

En ocasiones sabemos como terminarán las cosas y aún así nos negamos a ver las señales, a aceptar realidades; en medio de esa burbuja que hemos creado para protegernos de lo que inevitable, se crea una tormenta de la cual nuestra única alternativa es salir.

Salimos golpeados, confundidos, alterados, desconcertados… pero ¡salimos! que es lo importante y así el mensaje es finalmente recibido: No era sano permanecer en un sitio que no nos generaba tranquilidad, que nos sometía a alguna incomodidad y a un infierno.

No hay que renegar de las experiencias que hemos vivido, pues todas llevan consigo un propósito, es cuestión de tener confianza en el proceso de la vida, fe en que la normalidad es estar bien.
Aunque los cambios que llegan sean bruscos y en ocasiones hasta dolorosos, llegan a nuestra vida por una razón: ayudarnos.

Cuando hayamos aprendido a escuchar nuestra intuición, ignoramos los miedos y la necesidad a aferrarnos a aquello que nos hiere; podremos usar recursos que nos mantengan protegidos de forma más oportuna y sobre todo menos traumática.

Tenemos que aprender a poner límites, no cerrarnos a las posibilidades, entender que estamos aquí para aprovechar la vida al máximo; debemos procurar que nuestros aprendizajes sean por la vía del bien y no del mal, del amor, no del dolor.

Fuentes:

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