FEMINISMO

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PRAVIA 22 (marzo – abril 2016)

Por: Valeria García

El papel de la mujer en la sociedad se ha ido modificando conforme al paso de los años. En la antigüedad, el género femenino era asignado al espacio privado, a las labores domésticas y al cuidado de los hijos que, como toda buena mujer, su deber era aceptar todos los que Dios le mandara.

Los derechos, siendo mujer, eran motivo de chiste, no tenían sentido alguno y éramos ajenas a ese grupo privilegiado de la sociedad; el cual podía recibir educación, tener voz, ser escuchado y reconocido; tener poder de decisión sobre sí mismos, y hasta de los demás. En cambio, esa minoría que eran las mujeres no podía tener intereses intelectuales, pues una serie de adjetivos comenzaban a estereotiparlas.

Como sociedad, el error que comúnmente cometemos radica en la forma que tenemos de adaptarnos a los estándares establecidos, a lo permitido, a lo que clasifican como “correcto”. Algunas valientes fueron capaces de seguir su verdadera esencia, que finalmente la presión social terminó por marcar buena parte de su existencia, escritoras, poetas, mujeres reprimidas y censuradas.

Sor Juana Inés de la Cruz, puede considerarse como una de las pioneras en la historia del feminismo, rompiendo con los estándares impuestos sobre el matrimonio, dispuesta a toda costa a ser fiel a sus deseos de conocimiento.

En el ámbito político, Elvia Carrillo Puerto y Hermila Galindo encontraron una razón para luchar y para dar a las mujeres el lugar que les correspondía, el derecho al voto y al divorcio, esfuerzos por la libertad sexual, movimientos de reivindicación femenina en el esquema social etc.

La participación de las mujeres en el ámbito social ha evolucionado notoriamente, sin embargo no estamos aún en posición de pensar que el cambio ha sido total.

Gracias a los movimientos feministas, 1953 se reconoce el derecho al sufragio femenino. El papel de la mujer en la política se ha visto limitado por la cultura machista que prevalece hasta nuestros días, y me atrevo a asegurarlo debido a las cifras que lo respaldan: datos oficiales muestran que en 83 países las mujeres ganan del 10% al 30% menos que los hombres por igual trabajo, o la estimación de que al menos el 35% hayan sufrido violencia por parte de sus parejas. La mayor parte de las mujeres violentadas no denuncia al agresor por temor a represalias, abandono o por sentir que el hecho “no es para tanto”, haciendo la desigualdad más grande y evidente.

El término feminismo resulta incómodo para muchos, pues tienen una connotación negativa basado en el desconocimiento de su significado y todo lo que representa. El feminismo también es importante para los hombres pues es un término que busca la inclusión.

A este movimiento se le han dado términos alejados de la realidad, como hembristas o feminazis, equivocadamente. Para comprender a profundidad la labor feminista es necesario comprender la diferencia entre conceptos. Ver a la mujer como un ser superior al género masculino significa ponernos a la par de lo que estamos tratando de desmentir y sustituir: el patriarcado en el que hemos estado viviendo durante todo este tiempo.

El hembrismo hace referencia a una situación de superioridad de género, a la supremacía de la mujer. Feminazi es un término creado por el locutor Rush Hudson Limbaugh para describir a las feministas radicales que le dan un rumbo distinto y complicado a la esencia del movimiento, lo cual sin duda causa indignación a quienes comprendemos el verdadero significado del término.

Feminismo es la palabra correcta que busca la igualdad de género y no la supremacía de uno en particular. El feminismo no busca quitarles derechos a los hombres, privarlos de su libertad, volverlos esclavos ni demás, lo que busca es un estado de equilibrio constante donde ambas partes puedan ser reconocidos en el ámbito social, político y cultural.

Romper paradigmas, y saber, no como hombres y mujeres respectivamente, sino como seres humanos, que merecemos un trato digno sin labores obligadas y/o dictadas por una sociedad patriarcal en la que hemos existido.

En la actualidad hay tantas mujeres que por costumbre siguen aceptando que el mundo sea dirigido por hombres, en donde el género femenino erróneamente acepta sólo lo que suponemos nos corresponde, contribuyendo con nuestras acciones a la cultura machista y con ello a la desigualdad.

Es nuestro deber abandonar falsas ideas dignas de una sociedad retrógrada. Creemos nuestros propios significados basándonos simplemente en la igualdad.

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