OBSOLESCENCIA PLANEADA

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PRAVIA 16 (marzo – abril 2015)

Por: Romina Pons

Históricamente, Francia ha sido un país que siempre se adelanta a los demás en cuestión de derechos, oportunidades, igualdad y libertad. Pues la tendencia sigue, ya que en este país acaban de aprobar una ley para regular la obsolescencia planeada.

Pero ¿Qué es esto?, la obsolescencia planeada es el tiempo de vida de algún artículo, previamente planeado por la empresa que lo fabrica. Puede ser porque deja de funcionar o porque se vuelve obsoleto. Es una manera que tiene la industria de garantizar que sus productos continuarán siendo consumidos.

Mis papás recibieron como regalo de bodas un horno de microondas hace 30 años. Éste funcionó a la perfección por 25 años. En los últimos 5 años, han tenido que comprar dos más. No es casualidad: a la industria no le conviene producir hornos de microondas que duren décadas, es más viable hacerlos desechables para que se consuman regularmente.

Mi pareja compró un iPad 1 en 2010. La pasada navidad me pidió de regalo una nueva. “¿Porqué? Si la tuya funciona perfectamente.” Me respondió que ya no podía actualizar el software ni ninguna de las apps. Apple le estaba exigiendo comprar una versión más nueva. Evidentemente, eligió una Samsung Galaxy.

El tema es interesantísimo y me podría tomar hojas enteras debatirlo. Vivimos en un momento en el cual el consumismo lo abarca todo. Somos lo que consumimos. No importa que sea más factible y sustentable arreglar algo; resulta más práctico (y muchas veces más barato) comprar uno nuevo.  Es un frívolo reflejo de nuestras conexiones: constantemente preferimos dejar una relación y buscar otra, en vez de arreglar la primera.

La obsolescencia planeada es detallada y meticulosa. El productor busca la forma de realizar un producto que funcione de maravilla por un lapso de tiempo determinado pero que luego parte de sus componentes vitales empiecen a fallar. El objetivo es que el consumidor se quede con la idea de que el producto es bueno, que la inversión valió la pena, para que vuelva a comprarlo.

Algunas compañías se jactan de llevar este método de manera “sustentable”. Ajá, como si generar desperdicios por el simple afán de vender más tuviera algo de sustentable. Argumentan que las piezas son reutilizadas o recicladas. Entonces, bajo esa premisa, no sólo te venden algo que se echa a perder, sino que usan las mismas piezas para gastar menos y volvértelo a vender a un precio más alto.

Lo que muchas marcas no toman en cuenta es que los consumidores cada vez estamos más informados y nos cuestionamos más las cosas. El ejemplo de la tableta es claro: Apple hace productos desechables. Cada vez son más las personas que conozco que dejan de lado la marca de la manzanita por algo más duradero y funcional. Lo mismo seguirá pasando con marcas que quieran vernos la cara. Poco a poco las sociedades se están convirtiendo más sustentables y las marcas tendrán que cambiar esta visión o perecer ante la competencia honesta.

Regresemos a Francia y su ley. No piden que los productos tengan una duración fija, simplemente exigen que se le informe al consumidor el tiempo promedio de vida del producto de manera veráz. Pero la iniciativa va más allá: las marcas también deberán informar hasta cuándo estarán disponibles las piezas de dicho producto para que éstas puedan ser reemplazadas en lugar de comprar uno nuevo. Es momento de volvernos consumidores responsables y exigir información sobre aquello que estamos comprando, ¿no creen?

 

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