AHÍ VIENE PEDRO INFANTE…

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PRAVIA 17 (mayo – junio 2015)

Por: Laura Fernanda Meraz

Navegaba por las redes sociales cuando meditaba  sobre mis personajes favoritos en busca de tema para mis queridos y bien ponderados amigos pravianos. Así, me topé con un twit del 15 de abril, aniversario luctuoso mi primer amor escénico y platónicoPedro Infante Cruz. “Ahí viene Pedro Infante ¡Que cante, que cante!” bromeaba con mi papá en aquellos años. En casa, en cada cumpleaños de un miembro de la familia, antes de que despertara, se preparaba el disco de Las Mañanitas, interpretadas por Pedrito. Sigilosamente llegábamos a la habitación del festejado, le cantábamos y abría sus regalos. En la celebración también se hacían presentes los mariachis, marimbas jarochas y románticos tríos. Se brindaba con tequila y mezcal del bueno. Mis papás, abuelos, bisabuelos, tíos y colados daban rienda suelta a sus inquietudes de cantantes. Muchas veces se soltaban balazos al aire, como en películas mexicanas de la Época de Oro. Con mi abuelo cada sábado veía películas de Pedrito y terminé enamorada de ese artista, ¿cómo no?,  si lo oía y veía cantar con esa voz tan dulce y romántica frente al televisor.

Impecable en su traje de charro con botonadura de plata, bragado, valiente, enamorado  y muy macho, -como diría La Doña: con guapeza- cantando aquellas canciones: Mírame, mírame, quiéreme, quiéreme, bésame morenita, que me estoy muriendo por esa boquita tan jugosa y fresca tan coloradita como una manzana dulce y madurita que me está diciendo no muerdas tan duro no seas goloso y chupa que chupa que es más sabroso y dale un abrazo a tu morenita, que me está diciendo besa que besa la condenada que ese mordisco no sabe a nada así me lo dice mi morenita, mírame, quiéreme, bésame morenita. Uy, uy… vaya que me enamoraría.

Cuarenta años de edad tenía cuando murió éste gran personaje, víctima de su gusto por la aviación. Acumuló 2,989 horas de vuelo como piloto, registrado con el nombre clave Capitán Cruz. Antes de ese accidente fatal en Mérida, Pedro había sufrido otros dos percances, el primero en Guasave, Sinaloa, cuando al despegar de una pista improvisada,su avión no pudo ganar altura y se estrelló en una milpa de maíz. De este le quedó una pequeña cicatriz en la barbilla. El segundo, cerca de Zitácuaro, Michoacán, fue más grave, tuvieron que implantarle una placa de platino en el cráneo. Pero no entendió esos avisos y la tercera fue la vencida. El 15 de abril de 1957, Pedrito piloteaba un Consolidated B-24 Liberator, matrícula XA KUN de la empresa Tamsa, que fue bombardero en la Segunda Guerra Mundial. Esta se desplomó entre las 7:30 y 8:00 horas en pleno centro de Mérida, en el crucero de las calles 54 sur y 87 de Mérida, poco después de despegar, cuando había subido unos 20 metros de cielo.

Esa fecha paralizó a México, nadie lo podía creer, cientos de fans discutían en calles, oficinas y cafés la verosimilitud de la noticia. Era cierta, fatalmente cierta. En 1956 Pedro estaba en la cima. Su penúltima película Tizóc, con María Félix fue éxito internacional, tanto que recibió el Oso de Plata del festival de Cine de Berlín, como mejor actor principal. Fue entregado de manera póstuma. Luego de su muerte en 1957, acudió a recogerlo el productor Antonio Matouk, quien informó a los asistentes al festival la triste nota de que Pedro Infante había fallecido, todo el público de pie, le despidió con un minuto de aplausos. El premio quedó en poder del director Ismael Rodríguez. La madre de Pedro lo puso en sus manos como reconocimiento y signo de gratitud. “Don Ismael fue padre cinematográfico de mi hijo, lo justo es que conserve este reconocimiento”.

Pedro, originario de Sinaloa, desde pequeño mostró su talento, su oído musical. Su padre, Delfino Infante era músico, y contaban sus parientes que él era un niño acomedido y amoroso con su familia, sobre todo con su mamá, a quien ayudaba a mover el pedal de la máquina de coser para que no le dolieran las piernas.

Su carrera cinematográfica comenzó en 1939 con un rol de extra en la película El burro tres baturros, dirigida por José Benavides Jr., estelarizada por Carlos Orellana. Luego, bajo dirección de Ismael Rodríguez, Pedro Infante surgió como actor excepcional, aclamado por un gran público nacional. Con el melodrama arrabalero fue género de la época. Grabó y protagonizó más de 60 películas de 1939 a 1957. Fue uno de los grandes ídolos de México y traspasó fronteras. Compartió la pantalla con artistas como los hermanos Soler, Jorge Negrete, Luis Aguilar, Doña Sara García, Silvia Pinal, Angélica María, Carmen Montejo, Silvia Derbez, Irma Dorantes y Ana Luisa León. Estas dos últimas fueron sus esposas. Pedro, sin embargo solía repetir que el amor de su vida fue Ana.

Entre muchos reconocimientos recibió el Ariel  de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas como mejor actor por su papel en la cinta La vida no vale nada, con Domingo Soler, Wolf Ruvinsky, Lilia Prado, Rosario Granados y Magda Guzmán.

Pícaro y enamorado, Pedro Infante fue intérprete de diversos géneros: vals, chachachá, canción tradicional, rancheras y boleros. Grabó más de 244 melodías y muchas mujeres suspiran al escuchar sus clásicas como: Amorcito corazón yo tengo tentación de un beso… fiu fiu fiu fiuu, “Cien años”, “La que se fue”, “Ella”, “Paloma querida”, “Maldita sea mi suerte”, “Que te ha dado esa mujer”, “Mi cariñito”, “Dicen que soy mujeriego”, etcétera. Escritas por maestros como Manuel Esperón, Gilberto Parra Paz y José Alfredo Jiménez entre otros. ¿Acaso todas las hemos cantado en alguna fiesta, con el corazón roto o enamoradas? “Amorcito corazón”, de Manuel Esperón y Pedro de Urdimalas, es quizá la más célebre de Pedro y una de las más famosas en la cultura popular mexicana. Con su versión de estudio esta canción marcó el género bolero ranchero. Otra, la mundialmente famosa “Bésame mucho”, de Consuelito Velázquez, fue la única que grabó en inglés, la interpretó en la película A.T.M. ¡A toda máquina!, con Luis Aguilar.

Entre las muchas consejas sobre Pedro, se dice que pese a que no bebía alcohol, cuando rodaba escenas en la que debía aparecer ahogado, se empinaba una botella de tequila real, para estar a tono con el papel. Nunca hubo como mínima duda de esas caracterizaciones tan realistas. Tampoco tenía que actuar demasiado para aparecer coqueto, lo era naturalmente.

Si aún no conocen a este artista emblemático del género ranchero y actor, pueden buscar sus películas en Youtube y adquirir sus favoritas para su colección privada de clásicos del cine nacional. Podría recomendar muchísimas, pero solo citaré las que más he disfrutado:  Los Tres Huastecos, Los Tres García, Vuelven los Tres García, El Gavilán pollero, Dos tipos de cuidado, A toda máquina, ¿Que te ha dado esa mujer?, Ustedes los ricos (un drama desgarrador) o Tizóc (con María Félix) .

Siempre quise vivir la época de Pedro Infante, los caballos y serenatas. Creo que son hermosas tradiciones nacionales que valdría la pena rescatar, para consentir a nuestros seres amados, a nuestra pareja, desde abajo con mariachi, con el alma en el pecho o quedito y despacito, al oído. ¿No creen que el amor caería rendido a sus pies? Habrá que intentarlo, ¡Oigan!, ¡Ahí viene Pedro Infante!, ¡Que Cante! Que Cante!

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