Censura

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Por A. de Coeur.

El ser humano, animal pensante, posee una cualidad única y maravillosa: la imaginación. Ésta le ha permitido desarrollarse en toda empresa que ha iniciado, a veces de manera magnífica y otras terriblemente. En el ámbito de las artes, la imaginación le ha permitido crear obras bellísimas, dignas de admiración y culto, la pintura, la literatura, la escultura y el cine son sólo algunas de las muchas áreas en las que el hombre ha usado su intelecto para asombrar y generar admiración entre los suyos.

Sin embargo, por poseer una gran inteligencia, al mismo tiempo que la imaginación nació en el hombre, el criterio también se desarrolló dentro de él y donde algunos veían arte o bellos ideales, otros veían algo ofensivo, prohibido o hasta peligroso y buscaban la manera de desaparecer lo que les generaba incomodidad.

Así, cuando aquellos que ostentaban el poder y encontraban que algo les ofendía o era contrario a sus creencias, buscaban la manera de destruirlo o en su caso, de silenciar al creador de la ofensa. De esta forma es como la censura hace su aparición en la historia de la humanidad.

La censura y el hombre tienen una relación que se remonta a los inicios mismos de la civilización, en tiempos de los egipcios algunos faraones trataban de borrar cualquier vestigio de las dinastías anteriores, como le ocurrió a Akenatón o a Hatshepsut, quienes desaparecieron de la historia durante mucho tiempo. En China, Qin Shi Huang mandó quemar libros y enterrar a intelectuales con el fin de unificar todos los pensamientos y las opiniones políticas. En Occidente, la censura se les daba muy bien a los Papas, los cuales dictaban qué se podía publicar y creer y que no.

A pesar de todos los avances que ha hecho la humanidad a lo largo de su historia, la censura sigue formando parte de sus códigos, claros ejemplos de ello son el bombardeo de la ciudad alemana de Dresde durante la Segunda Guerra Mundial a manos de los británicos y estadounidenses; o el Genocidio armenio a manos de los turcos otomanos, ambos hechos han sido borrados de los libros de historia de los países que perpetraron tales actos.

Incluso en nuestros días aún hay libros, canciones, pinturas o películas que están prohibidos en ciertos países. Un argumento para censurar esta información o expresión humana se basa en que dicho material es inapropiado para los jóvenes. El uso del término “inapropiado” es en sí controversial, ya que ha cambiado en gran medida a través de la historia, sería más honesto decir que aquello que se censura no es conveniente para los intereses de los grupos en el poder.

Para hablar de la censura se requerirían muchas páginas, ya que han existido tantos casos en que el decreto, el fuego, el martillo o la tijera han destruido o en el menor de los casos mutilado una obra.

Dicho lo anterior me centraré en hablar sobre la censura en México, en específico sobre el fenómeno que ocurre en el cine, ya que lo ocurrido con una película durante el pasado mes de enero fue lo que inspiró este artículo.

El cine mexicano tiene una estrecha relación con la censura, ya que éste es especialista en la denuncia, en crear cine social que muestra la situación del país en la política, la educación, los medios de comunicación y la sociedad en general. Y claro que no a todo mundo le gusta ver eso en pantalla; de hecho, hay a quienes, por intereses personales, no les conviene que el cine muestre ciertas realidades.

Casos ha habido muchos, sin embargo sólo mencionaré algunos de los que más dieron de qué hablar:

Presunto culpable, de Roberto Hernández (2011): Una de las personas que aparecen en él, demandó uso de imagen y una jueza le otorgó un amparo por el cual la película no podía ser distribuida y menos exhibida. Al final, después de varios amparos y recursos legales, un tribunal falló a favor de los realizadores y fue como la pudimos ver.

El crimen del padre Amaro, de Carlos Carrera (2002): Una adaptación de la novela homónima de José Maria Eça de Queirós escrita en 1875. El filme causó mucha polémica al tratar temas como el aborto y la religión católica, que tanto se profesa en México. Grupos como “ProVida” trataron de censurarla, pero no tuvieron mucho éxito y sólo le dieron publicidad.

La ley de Herodes, de Luis Estrada (1999): El señor Estrada es experto en criticar al gobierno de este país, sin embargo ésta fue la primera película en criticar abiertamente al PRI. Hay quienes dicen que ayudó a que dicho partido perdiera las elecciones del 2000.

Rojo Amanecer, de Jorge Fons (1990): Trata sobre la masacre del 68’, tema bastante incómodo para el gobierno, razón por la cual tardó en ver la luz. La película se realizó en secreto debido a la temática tratada.

Canóa, de Felipe Cazals (1976): Basada en una historia real, la película va de un grupo de estudiantes que son confundidos con comunistas, por lo cual son linchados y asesinados por el pueblo de San Miguel Canóa bajo el mando de un sacerdote. La cinta salió a cines y a los pocos días fue retirada porque el gobierno la consideró “peligrosa”. Se volvió a ver 10 años después.

El caso más reciente, que inspiró este artículo, fue el de Lucifer de Gust Van den Berghe (2014), la cinta narra el paso de Lucifer por un pequeño poblado de Michoacán, donde vive una familia. Lucifer transforma la vida de estos personajes, y de toda la comunidad michoacana, pues muchos creen que es un ser celestial. La película iba a tener su estreno en la Cineteca Nacional, sin embargo al poco tiempo anunciaron su cancelación. Alejandro Pelayo director de la Cineteca comunicó al director del filme lo siguiente:

“Sí, a ustedes les parece muy buena porque ustedes son (personas) educadas, y porque se dedican al cine, por eso les gusta, pero al resto de la gente no. Se necesita mucho contexto para entender una película como ésta, y la gente en México no lo tiene”.

En cuanto se supo que la cinta había sido cancelada, la noticia se esparció como fuego por las redes sociales, y de inmediato comenzaron los comentarios reprobando la postura del señor Pelayo y la institución a la que representa. A los pocos días el director de la Cineteca respondió diciendo que le habían calumniado, que ellos programan para todos los gustos y la película había sido cancelada por un problema de horarios. Al final se reprogramó el estreno de Lucifer en la cineteca y se pusieron en cartelera los dos primeros filmes de Gust Van den Berghe.

Si bien la película trata un tema difícil de digerir para un público mayoritariamente católico, como lo es el mexicano, tampoco es motivo para cancelar el estreno del filme, más si la Cineteca es la encargada de ver por la difusión y preservación del acervo cinematográfico.

Desconozco cuál haya sido la versión real de este suceso, pues siempre existen dos caras de la moneda, lo importante es que la película al final podrá llegar al público de este país y que el suceso seguramente hará que más gente vaya a verla. Sin embargo éste caso y los anteriores son sólo algunos de los muchos que hay, estos pudieron superar la censura impuesta, pero existen otros tantos que nunca vieron o verán la luz.

Uno de los principales frenos que tiene la creatividad en este país es la santurronería de grandes sectores de la sociedad quienes, junto con las autoridades, tienen poca tolerancia a diferentes formas de expresión. Las mentes de este país se exponen a mensajes más peligrosos a diario, como lo es la mediocridad televisiva, esa, que nadie censura.

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