“HIROSHIMA”

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Todos los reportajes hablaban de edificios destruidos,
de las nubes que cubrían la ciudad, y de las sombras de los muertos en las paredes.
John Hersey se dedicó a hablar sobre las personas. Sobrevivientes en shock soportando semejante horror en un artículo que traspasó océanos de radiación, y puso al mundo bajo sus letras.
Hersey lograría el mejor relato en la historia del periodismo.

Por: Redacción Pravia.

Se cumplieron 70 años de la publicación de un reportaje que ha sido elogiado como uno de los más grandes escritos en la historia del periodismo. Titulado simplemente “Hiroshima”. El artículo de 30 000 palabras, escrito por John Hersey para la revista The New Yorker, tuvo un impacto masivo al revelar el absoluto horror de las armas nucleares a una generación de la posguerra.

Antes de sacarlo a la luz, los editores de Hersey, Harold Ross y William Shawn, supieron que tenían algo extraordinario, único, y la edición se preparó en completo secreto. Nunca antes se le había dado todo el espacio editorial de la revista The New Yorker a un solo reportaje, y no ha vuelto a ocurrir desde entonces.

Exactamente a las ocho y quince minutos de la mañana, hora japonesa, el 6 de agosto de 1945, fue el momento exacto en que la bomba atómica relampagueó sobre Hiroshima.
Exactamente a las ocho y quince minutos de la mañana, hora japonesa, el 6 de agosto de 1945, fue el momento exacto en que la bomba atómica relampagueó sobre Hiroshima.

Con su prosa calmada e impávida, John Hersey reportó lo que habían presenciado los sobrevivientes.

Si “Hiroshima” demuestra algo como texto de periodismo, es el poder eterno de la narración. John Hersey combinó toda su experiencia como corresponsal de guerra con sus habilidades de novelista. Fue una muestra de periodismo radical que le dio una voz vital a aquellos que apenas un año antes habían sido enemigos mortales.

En ese panorama catastrófico de pesadillas vivientes, de personas medio muertas, de cuerpos quemados y con la mirada fija, de intentos desesperados por cuidar de sobrevivientes destrozados por dentro y por fuera, de vientos calientes y de una ciudad consumida por incendios conocemos a la señora Sasaki, al reverendo Tanimoto, a la madre Nakamura y sus hijos, al sacerdote jesuita Kleinsorge y los doctores Fujii y Sasaki.

La señora Toshiko Sasaki, empleada de la Fábrica Oriental de Estaño, acababa de sentarse en su oficina de la planta esa mañana.
La señora Toshiko Sasaki, empleada de la Fábrica Oriental de Estaño, acababa de sentarse en su oficina de la planta esa mañana.

Así que, apenas un año después de la guerra, estos seis retratos íntimos de cinco hombres y mujeres japonesas y uno hombre occidental, cada uno de los cuales “vio más muerte de la que jamás pensó que vería“, tuvieron un impacto inesperado y devastador. Los lectores que enviaron cartas a The New Yorker, casi todas elogiando el trabajo, escribieron de su vergüenza y horror que personas comunes y corrientes como ellos hubieran soportado semejante terror.

ALGUNOS TAMBIÉN EMPEZARON A TENER MAYOR CLARIDAD SOBRE ESTA NUEVA ARMA QUE CONTINUABA MATANDO MUCHO DESPUÉS DEL “MUDO DESTELLO”, TAN BRILLANTE COMO EL SOL. TAN MORTAL COMO EL SOL.

Todo el tiraje de 300 000 ejemplares se agotó en cuestión de horas y el artículo fue reimpreso en muchos otros periódicos y revistas por todo el mundo. Cuando Albert Einstein trató de comprar mil ejemplares de la revista para enviarlos a sus colegas científicos, no encontró más que cien copias de segunda mano.

El Club del “Libro del Mes” de EE.UU. envió una edición especial gratis a todos sus subscriptores porque, en palabras de su presidente: “encontramos difícil de concebir cualquier otro escrito que pudiera ser más importante en este momento para la raza humana”.

Agosto 31 de 1946. La primera página del artículo 'Hiroshima' en la revista The New Yorker.
Agosto 31 de 1946. La primera página del artículo ‘Hiroshima’ en la revista The New Yorker.

Dos semanas después, una copia de segunda mano se vendió por 120 veces su precio original.

Cuando la noticia del extraordinario artículo llegó a Gran Bretaña, resultó demasiado largo para su publicación en una época de racionamiento de papel impreso y Hersey no permitía que fuera editado. Así que la BBC siguió el ejemplo de la radio en EE.UU. y, unas seis semanas después, fue leído en su totalidad a lo largo de cuatro noches consecutivas.

Cuando “Hiroshima” fue publicado en formato de libro fue rápidamente traducido a muchos idiomas, incluyendo una edición en braille. Sin embargo, en Japón, el general americano Douglas MacArthur, el comandante supremo de las fuerzas de ocupación y que gobernó Japón hasta 1948, prohibió rotundamente la difusión de cualquier reportaje sobre las consecuencias de los bombardeos.

Las copias de los libros y la edición pertinente de The New Yorker fueron vetadas hasta 1949, cuando el texto finalmente fue traducido al japonés por el reverendo Tanimoto, uno de los seis sobrevivientes en el artículo de Hersey.

El artículo nos hace ser testigos de lo que vivieron, desde el momento cegador de la explosión, hasta el fin inminente de algunos, y la vejez de otros.
El artículo nos hace ser testigos de lo que vivieron, desde el momento cegador de la explosión, hasta el fin inminente de algunos, y la vejez de otros.

John Hersey no fue el primero en informar desde Hiroshima, pero los reportajes y noticieros cinematográficos habían sido una avalancha de números demasiado grandes para comprender. Habían reportado sobre la destrucción de la ciudad, el hongo nuclear, las sombras de los muertos en los muros y las calles, pero nunca se acercaron a aquellos que sobrevivieron esos días del fin del mundo.

“HIROSHIMA” FUE LA PRIMERA PUBLICACIÓN QUE HIZO QUE PERSONAS COMUNES Y CORRIENTES, EN CIUDADES DISTANTES, EN SUS QUEHACERES COTIDIANOS, ENFRENTARAN LA MISERIA.

AQUÍ LA PUBLICACIÓN DEL 31 DE AGOSTO DE 1946
www.newyorker.com/magazine/1946/08/31/hiroshima

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