PHILLIP SEYMUR HOFFMAN

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PRAVIA 11 (mayo – junio 2014)

Por: Omar Padilla.

“Una vez, mientras rodábamos en el set, alguien me preguntó si me estaba divirtiendo haciendo la película… ¡Por supuesto que no me divierto, en absoluto! Le contesté. Cuando he terminado, lo que me divierte es ver que he hecho un trabajo absolutamente bueno, que está aportándole algo a alguien. Es ahí cuando encuentro toneladas de diversión, pero no antes.”

Esta mentalidad no puede ser más que de un actor de gran carácter, profesional, sumamente sacrificado y comprometido con su trabajo. La mentalidad de un grande que se nos adelantó. Phillip Seymur Hoffman.

Quizá le tomó tiempo para que su nombre fuera reconocido mundialmente, quizá fue un largo camino para que pudiera obtener un papel protagónico, pero la realidad es que desde sus inicios, Hoffman interpretó una gran variedad de personajes  peculiares en papeles secundarios que lo mantuvieron trabajando a lado de grandes cineastas como los hermanos CoenSpike LeeCameron CroweAnthony Minghella y Paul Thomas Anderson; con quien trabajó en cinco de sus seis largometrajes hasta la fecha (SydneyBoogie NightsMagnoliaPunch-Drunk Love y The Master).

Desde su primera aparición en la pantalla grande, donde interpreta al adinerado compañero de clase de Chris O’Donell en Scent of a Woman (1992) estelarizada por Al Pacino, se podía notar la brillantez que aportaba a su trabajo actoral. Aunque su papel distaba de ser relevante, él aseguraba que su experiencia en este filme determinó el resto de su carrera profesional. Lo cierto es que Hoffman siempre escogió cuidadosamente a sus personajes, relegando a un segundo plano el beneficio económico que pudieran reportarle.

Independientemente de esto, no es extraño que su presencia brillara de modo tan fugaz como intenso en películas como Hapiness (1998), de Todd Solonz, The Big Lebowski (1998), de los hermanos Coen, o Magnolia (1999), de Paul Thomas Anderson. Personajes siempre extremos: en Magnolia daba vida a un enfermero que trataba de dar con el hijo del moribundo a quien tenía bajo su cuidado; en Hapinness, a un solitario degenerado que acosa a su vecina con llamadas obscenas; en El Gran Lebowski, al despistado mediador de un millonario cuya hija ha sido secuestrada. Todas excelentes películas que de alguna manera realzaron la calidad del Phillip.

En 1999, su aparición en “The Talented Mr. Ripley”, de Anthony Minghella, robó protagonismo a un trío estelar: Matt Damon, Jude Law y Gwyneth Paltrow. Poco a poco, Hoffman ganaba experiencia como actor versátil y camaleónico, conocedor de todos los géneros, desde el drama más crudo hasta la comedia más ácida. Siempre como el eterno y eficaz secundario.

Entrando al nuevo milenio, continuó regalándonos personajes inolvidables como el periodista amarillista Freddy Lounds, en Red Dragon(tercera entrega de la saga de Hannibal Lecter), o Sandy Lyle, el amigo retirado de la actuación de Ben Stiller en la comedia “Along Came Polly”. Pero no fue hasta el 2005 que Hoffman pudo cosechar todo aquello que venía sembrando con los años, una cosecha que le valió el tan esperado papel protagónico… y vendría pintado de oro.

Fueron dos de sus amigos de la adolescencia quienes propusieron que interpretara nada menos que al escritor Truman Capote. Como era de esperarse, el perfeccionista Hoffman aceptó, aun sabiendo que existía un enorme reto, ya que el físico del actor y el del autor no tenían nada que ver. Un corpulento Seymur Hoffman se vio obligado a adelgazar 18 kilos para parecerse ligeramente a su personaje. El filme de Bennett Miller trata sobre los seis años durante los cuales el extravagante novelista escribió su obra maestra, A sangre fría. El trabajo de Hoffman en la personalidad de Capote fue de una profesionalidad estremecedora, y el resultado fue una verdadera lluvia de premios incluyendo el Globo de Oro, el Premio del Sindicato de Actores, el BAFTA y que culminó con el Oscar al mejor actor principal. Era el reconocimiento a una carrera, en la que los personajes secundarios fueron siempre notables, ya que para Hoffman tenían la misma importancia que los principales.

Tras el Oscar, las cosas cambiaron para Hoffman, quien se convirtió en un actor cotizado al que le llovían proposiciones millonarias de las grandes productoras de cine. Sus nuevos proyectos incluían trabajar junto a Tom Hanks y Julia Roberts en CharlieWilson’s War (2007), en un papel que le valdría una nominación al Oscar al mejor actor secundario. Un año después confirmó su condición de perfecto secundario con la segunda nominación al Oscar en tal categoría por Doubt (2008), donde compartió créditos con Meryl Streep. Su carrera seguía a buen ritmo, con una o dos películas al año y títulos destacados como Moneyball (2011) y The Master (2012). Nada hacía pensar que su última película sería TheLate Quartet (2013).

Desafortunadamente había vuelto a su antigua adicción a las drogas que había mantenido sobria por más de 20 años, el 2 de febrero de este año fue hallado muerto en su departamento de Nueva York, víctima de una sobredosis de heroína.

Pero el legado de PSH va más allá de sus geniales interpretaciones, un actor multifacético que deja en claro que el tiempo, la dedicación y la constancia apremian.

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