KROKODIL

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PRAVIA 10 (marzo – abril 2014)

Por: Romina Pons.

Hace cerca de un año, vi un documental de Vice sobre el krokodil y consideré fuertemente incluir el tema en esta revista. Sin embargo para ese entonces la información sobre la droga era casi nula y temí que fuera una especie de falso-documental que nos hiciera quedar en ridículo. De haber sabido, lo hubiera publicado.

El krokodil existe, y es una respuesta accesible a la demanda de heroína en Rusia. Recordemos que éste es el país más extenso del mundo, y comparte frontera con Kazakstán quien a su vez lo hace con Afganistán, el mayor productor de heroína del mundo. Tomando en cuenta que la frontera rusa es más extensa que la distancia entre Nueva York e Inglaterra, deducimos que no está lo suficientemente cuidada y es por eso que la heroína entra. Bien que mal es más barato vendérsela al vecino que a un país del otro lado del planeta.

Muchas de las ciudades fronterizas de este enorme país viven en constante decadencia. Varias de ellas tienen un índice de adicción a la heroína del 20% de su población (en México, a nivel país y con todo el problema que resultan las drogas, no llegamos ni al 1% según cifras del CONADIC).  Esta situación hace que dichas zonas se vuelvan prácticamente improductivas y por ende, pobres.

Es el efecto bola de nieve: la heroína es cara y bajo esas condiciones imposible de comprar. La adicción es tan fuerte que la población empezó a buscar opciones más económicas para satisfacer su necesidad, popularizando el krokodil.

El krokodil es una droga “casera”, hecha de distintos componentes fáciles de conseguir y económicos como codeína; que se encuentra en muchas medicinas sin necesidad de prescripción médica, gotas para los ojos, fósforo extraído de cerillos y hasta gasolina. Además el método de realización es delicado, y si se efectúa mal la persona puede morir con una simple dosis.

¿Porqué se consume? Porque el efecto es similar a la heroína y el precio 10 veces menor. El efecto dura menos tiempo y por eso el adicto necesita cada vez más. El nombre viene de los estragos que genera en la piel, pues los usuarios empiezan a tener llagas y su piel parece como de reptil, como un cocodrilo.

Se dice que la adicción a la heroína es la más difícil de vencer, pues los síntomas de abstinencia son extremadamente dolorosos y duran hasta 10 días. Con el krokodil la agonía se potencializa y dura hasta un mes. Las víctimas deben ser constantemente inyectadas con tranquilizantes para no desmayarse del dolor. La expectativa de vida de un adicto a esta nueva droga es de dos años.

Los rumores afirman que esta droga ya está en América y que podría generar un grave problema pero en lo personal lo dudo. Cada pueblo es víctima de sus circunstancias y en nuestro continente no se consume tanta heroína y, si bien es cara, es más o menos accesible. Quien quiera continuar con heroína lo hará, pero dudo que voluntariamente den el salto al krokodil. Esa es una circunstancia de una zona y tiempo específicos y se desarrolló porque la población ignoraba las devastadoras consecuencias que provocaba. Esperemos que dada la información que ahora se tiene, esto sea la crónica de una muerte anunciada – y no de la población, sino de la droga-.

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