Historia de un matrimonio: las realidades del amor (reseña)

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Mamá siempre dice que las cosas no se intentan, se hacen o no. Sin embargo, a la corta edad que poseo en estos momentos y la capacidad intelectual que he desarrollado, intento entender en qué consisten las relaciones humanas. Y sobre todo, las relaciones en pareja. Esos lazos que dos entes van creando a niveles moleculares.

Me atreveré a analizar esta estructura ya que por ahora, no he sido participe de algún otro tipo de relación en el que se involucren más entes. Y como la pésima escritora que soy, voy a mezclar en este análisis cinematográfico mi punto de vista y mis experiencias, dejando de lado la objetividad con el argumento que un buen amigo me enseño a usar: “porque le pregunte a mis sacrosantos huevotes (ovarios en este caso), y me dijeron que simón”. Esa justificación aplica también a quienes piensen que vamos tarde al hablar sobre esta película porque el hype ya está pasando.

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Luego de esa introducción, me dispongo a iniciar: Noah Baumbach, director de esta película, no sólo muestra como un matrimonio termina y al mismo tiempo, comienza un proceso de separación. Noah (si, mi íntimo amigo Noah), muestra en realidad el sistema entrópico de la familia. La unión de dos que terminan por formar tres y que en su fecha de caducidad, no saben qué hacer con ese tercero.

Y con tercero, van involucradas cosas como la compañía de teatro que ambos formaron, los proyectos, los amigos en común y sobre todo, al pequeño Henry: su hijo de 8 años. 

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A raíz de ello, es donde todos mis cuestionamientos relacionados con el fenómeno romántico entre dos, comienzan a surgir: ¿Qué pasan con ese amor que en un principio estaba? ¿Y los sueños, las promesas y las ganas de ser lo que no pudimos? Se que suena a que estoy desilusionada, y en efecto, lo estoy. Las relaciones en pareja me tienen así. Tal y como se sentían Charlie y Nicole. Eso es lo interesante de la historia, porque todo se va contando de forma lineal. Anticipando lo que va a suceder, preparando al espectador para ver el declive de la historia. Pero, atrapándote con las perspectivas de los personajes. 

No hay buenos ni malos en esta historia, no hay antagonistas, ni siquiera protagonistas. Sólo dos personas que se han envuelto por la monotonía y se han perdido como entes individuales. Al estar con alguien más, la forma en la que evadimos nuestros sentimientos se vuelve hábil y la carga emocional termina por explotar. Esta teoría la corrobora el director de la película, en una entrevista en la que dijo:

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“Cuando hay tanto amor e intimidad, las cosas pueden volverse muy volátiles, y la gente se vuelve muy sensible. Si dos personas están discutiendo, y ambos se sienten dolidos e inseguros, es muy difícil encontrar un punto en común, porque todo parece hacer daño por naturaleza. Es como si se tratara de dos heridas abiertas, pero que no se manifiestan como tal. Los dos están intentando hacerlo de una manera formal, aparentemente más controlada. Pero sabemos que justo debajo de esa superficie todo es sensibilidad.”                                                                                           

¿Cómo vivir siendo dos sin dejar de ser uno? Amar de la manera más honesta y pura posible. Porque, el amor cuando sólo una de las dos partes la sienten,  no es amor, sino una forma pasiva de sufrir en silencio. La historia transmite eso, como una de las partes quiere seguir intentándolo, mientras que la otra parte, no puede entender de razones, porque lo único que quiere es salir de ahí. Terminar con todo sin esperar a explicaciones, porque no son necesarias. Porque llegado ese punto, todo se vuelve insulso. 

Y tratas de contenerlo, lloras, te enojas y te preguntas ¿De qué sirvió todo esto?  Dentro de la historia es un reflejo de ello, cuando en su relación no-relación, intervienen los abogados que les ayudarán a cerrar ese ciclo. Y se encuentran en esa extraña brecha de: “No quiero que te vayas, pero tampoco me molesta la idea de tu partida”.

Eso es Historias de un matrimonio, una montaña rusa de emociones, cúmulos de ilusiones de amores que no pudieron suceder. Es lo que pasa en la vida real y lo que debería transmitir las películas tal y como Noah Baumbach lo logró.

Quizá mi parte sentimental me cierre y se niegue a aceptar que vamos de persona en persona buscando sensaciones y amor, pero es importante mencionar también, el compromiso que se debe tener con uno mismo para no dejar nuestra individualidad.

Tengo esperanzas de que al final de todas las historias, por terrible que haya sido la separación, siempre quedan pequeñas conexiones moleculares que nos atraen a esa persona que por más que neguemos, siempre vamos a querer, un poco en silencio y por lo usual, en secreto. 

y si no estás de acuerdo en ello, entonces tienes que ver Historias de un Matrimonio.

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