Caernos y levantarse: No quiero ser ese ser triste de sueños frustrados.

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 Por Manuel Cabrera

Manejando un día como cualquier otro rumbo al trabajo, me detiene casi al salir de casa un semáforo en rojo. Momento indicado para poner tu playlist favorito, ajustar el aire acondicionado o voltear inevitablemente a tu alrededor para mirar el entorno. ¡Ahí estaba! Una escena desgarradora ante mis ojos. 

Era un joven radiante y feliz pero le acompañaba la muerte en el asiento del copiloto. Un chavo con la vista perdida que contemplaba el pasado con nostalgia. Se le notaba triste y arrepentido al verse a sí mismo esas manos arrugadas que habían aniquilado los sueños de aquel joven. Ese cuerpo viejo que no se hizo caso y ahora lo lamentaba.

Era un conductor que estaba justo en ese momento a mi lado. Un señor cerca de 75 años en un auto viejo y descuidado. Una mirada pérdida al horizonte, un corazón que latía triste y frío esperando solamente la luz verde del semáforo. Un ser en automático manejando un vehículo en el único camino a casa que conoció o tuvo valor de tomar por miedo a caerse, fracasar o equivocarse. Un joven en recuerdos pero anciano en vida.

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Alguien que había abandonando sus sueños. Una persona que dejó ir su gran oportunidad de vida tomando el camino equivocado dominado por sus miedos. Alguien que se le escapó su propia vida por temor. Alguien que no siguió o emprendió aquel gran proyecto que deseaba. Aquel que dejó ir el amor por nunca haber tomado ese tren o vuelo por falta de valor. Ese ser que dejó que el miedo e inseguridades decidieran el miserable rumbo de su vida.

En ese momento un sentimiento desde el estómago me hacia ver que no quería ser ese ser gris y apagado que a pesar de lograr conducir un auto, pareciera muerto en vida. Recordé que venimos a sentir, a caernos y levantarnos, a equivocarnos y caernos hasta aprender la lección, a arriesgarnos y dar todo por lo que queremos y deseamos. A tener el valor de conocernos, despertar conscientemente y lograr estar en sintonía con nuestra verdadera esencia o razón de haber venido a esta vida. 

Estamos para tropezarnos y aprender con experiencias. Para atrevernos a amar y salir lastimados. Venimos a caernos, llorar y levantarnos las veces que sea necesario para lo que nos tenga preparado la vida. A aprender, crecer y evolucionar.

El universo nos lanza pruebas para ver si estamos listos para seguir adelante. Es nuestra decisión aprender la lección y pasar al siguiente nivel o quedarnos en la repetición y estancados incapaces de avanzar.

Todo aquello que no logramos superar tiende a repetirse. Depende de nosotros mismos sanar las heridas y dejar el patrón que hemos estado siguiendo y no nos ha funcionado. Cambiar la manera de hacer las cosas y cambiar tú en el proceso. Atrévete a hacer eso que siempre haz soñado aunque cueste salir de tu zona de confort o que te lleve a hacer cosas que jamás imaginaste hacer o vivir. Hay que caernos, hay que levantarnos.

Ahí está la magia de la vida. En tomar las oportunidades en el momento que se nos presentan. De decidir nosotros mismos y vencer el miedo al ¿qué será? Para llevarnos a nuevos lugares y situaciones. El que no arriesga no gana y vamos por todo o nada. 

Si el cambio qué quieres implica cambiar de casa, de ciudad, de trabajo o de pareja. Dejar malos hábitos costumbres o personas. Atrévete y no te arrepentirás. No estamos diciendo que será fácil. Al contrario es duro pero lo vale toda la pena cuando te ves del otro lado del espejo. Cuando al voltear atrás te das cuenta de todo lo que has crecido y te atreviste a hacer. Que diste ese paso que jamás imaginaste dar. Que eres esa persona que siempre quisiste ser.

Y lo más importante. Que te sientes feliz. Te sientes. Eres tú realmente y estás listo para que la misma vida te lleve a nuevos lugares, situaciones y con aquellas personas que te llenen de risas y vida. Personas que te hagan sentir intensamente, a llorar de la risa, a ayudarte a alcanzar tus sueños. Seres que te hagan vibrar en frecuencias mágicas y a gozar plenamente antes de partir de este momento prestado que llamamos vida.

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