“La caja de zapatos vacía” de Gabriel Orozco

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Por: Carolina Wirz

Para la Bienal de Venecia de 1993, el artista mexicano Gabriel Orozco decidió colocar en el piso del corredor principal una caja de zapatos vacía.

Sí, así, una caja vacía, dentro del lugar más importante para exponer arte. Este acto fue considerado un gran momento en el mundo artístico. Una ruptura de paradigmas haciendo pasar del arte convencional a un nuevo mundo aún sin explorar. Ya habíamos visto algunas cosas pero, ¿una caja de zapatos en medio de una Bienal? Nunca.

El uso de este objeto por parte de Orozco estaba destinado a llamar la atención del espectador. Poner un objeto tan familiar dentro de un entorno por demás vacío permitió más de una toma de conciencia de lo que está y no está en el espacio.

Cortesía.

¿Quién realmente ve lo que el artista quiere plasmar? ¿Se trata de molestarlo o de buscar nuestra propia versión? Lo más interesante siempre es la interpretación personal de las obras.

Gabriel Orozco nació en Jalapa, Veracruz, el 27 de abril de 1962. Estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en Bellas Artes de Madrid entre 1986 y 1987. Un año después, Francesco Bonami se refirió a él como “uno de los artistas más influyentes de esta década, y probablemente también de la siguiente”.

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Cortesía.

El artista es nómada, divide su tiempo entre París, Nueva York y la Ciudad de México. Su padre era muralista y profesor de arte en la Universidad Veracruzana. También fue contemporáneo de David Alfaro Siqueiros. De su padre viene el gusto y talento por el arte, gracias a que siempre le acompañaba en sus labores diarias.

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Entre sus obras más importantes, además de “Caja de zapatos vacía”, destacan: “Naturaleza recuperada” (1991), “Perro durmiendo” (1990), “Turista Maluco” (1991), “Piedra que Cede” (1992), “Home Run” (1993), “Tapas de Yogurt” (1994), “Mesas de Trabajo” (1996), entre otras…

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Cortesía.

La pieza “Mis Manos son mi Corazón” es una pequeña obra escultórica en forma de corazón hecha por el artista en 1991 aplicando presión con los dedos sobre un pequeño trozo de arcilla y dejándolos impresos en la forma de un corazón.

El carácter duradero de la arcilla endurecida contrasta con la vulnerabilidad suave de la identificación del objeto como un órgano humano. La impresión de los dedos del artista deja una meditación sobre el proceso creativo.

Gabriel Orozco es un artista que presta atención al espacio en el que sus espectadores interactúan con su trabajo. Le gusta hacerlos pensar, ya que deja ciertas obras inacabadas, y también utiliza muchos materiales naturales, como objetos de la vida cotidiana y cosas que nos rodean.

Gracias, Gabriel Orozco por invitarnos a ver un mundo en donde los objetos no son lo que parecen, sino que se mezclan y se funden en un universo paralelo al nuestro.

Redacción: Laura Márquez

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2 COMENTARIOS

  1. Qué feo, enserio. De mis ojos salen sangre y de mi pecho una impotencia tal. .. Bueno, pobre persona… No sabe que está viéndose a sí mismo. Así como un mal médico, un mal docente, un mal carpintero, un mal agricultor…¿Qué de bueno nos está dando este señor?

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