Le decimos adiós a la globalización para crear un mundo nuevo

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globalización destacada

La pandemia mundial y la crisis llegan para acabar con la globalización y el capitalismo.

La idea de que un país como Reino Unido pudiese eliminar poco a poco la agricultura y depender de las importaciones de alimentos se desechará como el disparate que siempre ha sido. El sector aéreo se contraerá porque la gente viajará menos y las fronteras duras se convertirán en un rasgo duradero del paisaje mundial

No se tolerará una situación en la que una parte tan importante de los suministros médicos mundiales más necesarios se produzca en China o en cualquier otro país exclusivamente.

La pregunta es qué va a sustituir al aumento del nivel material de vida como fundamento de la sociedad. Una respuesta ofrecida por los pensadores ecologistas es lo que ­John Stuart Mill, en sus Principios de economía política (1848), llamó “economía del Estado estacionario”. La producción y el consumo dejarían de ser un objetivo prioritario y el número de seres humanos descendería. A diferencia de la mayoría de los liberales actuales, Mill reconocía el peligro de la superpoblación. Un mundo lleno de seres humanos, decía, carecería de “parajes floridos” y de vida salvaje.

superpoblación

En muchos sentidos, la idea es atractiva, pero también irreal. No existe una autoridad mundial que imponga el final del crecimiento, de la misma manera que no la hay para combatir el virus. Al contrario de lo que dice el mantra progresista que últimamente repite Gordon Brown, los problemas mundiales no siempre tienen soluciones mundiales. Las divisiones geopolíticas excluyen cualquier cosa que pueda guardar algún parecido con un Gobierno mundial y, si existiese, los Estados actuales competirían por controlarlo. La creencia de que la crisis se puede resolver con un estallido sin precedentes de cooperación internacional es pensamiento mágico en su forma más pura.

La pandemia ha acelerado de golpe el cambio geopolítico

La propagación descontrolada del virus en Irán, sumada al desplome de los precios del petróleo, podría desestabilizar su régimen teocrático. Con la caída de sus ingresos, Arabia Saudita también está en peligro.

Pero la resistencia de los países del norte de Europa, como Alemania y Holanda, a compartir la carga fiscal puede impedir el rescate de Italia, un país demasiado grande para ser aplastado como Grecia, pero posiblemente también demasiado caro para ser salvado.

pandemia Italia
Venecia, Italia (Fotografía: Stefano Mazzola/Awakening/Getty Images)

Como el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, dijo en marzo, “si Europa no está a la altura de este desafío sin precedentes, toda la estructura europea pierde su razón de ser para la ciudadanía”. El presidente serbio, Aleksandar Vucic, ha sido más directo y realista: “La solidaridad europea no existe… Eso era un cuento de hadas. El único país que puede ayudarnos en esta difícil situación es la República Popular de China. A los demás, gracias por nada”.

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En Estados Unidos, Donald Trump claramente considera que reflotar la economía es más importante que contener el virus. Tanto si Trump conserva su poder como si no, la posición de Estados Unidos en el mundo ha cambiado de manera irreversible. Lo que se está desmoronando a toda velocidad no es solo la globalización de las últimas décadas, sino el orden mundial implantado tras el final de la II Guerra Mundial. El virus ha roto un equilibrio imaginario y ha acelerado un proceso de desintegración en marcha desde hace años.

La idea de que las pandemias son incidentes pasajeros más que una parte integral de la historia. Detrás de ella está la creencia de que los seres humanos ya no formamos parte del mundo natural y podemos crear un ecosistema autónomo, separado del resto de la biósfera. El Covid-19 nos dice que no es así. Solo podremos defendernos de esta peste sirviéndonos de la ciencia; los análisis masivos de anticuerpos y la vacuna serán decisivos, pero, si en el futuro queremos ser menos vulnerables, tendremos que hacer cambios permanentes en nuestro modo de vida.

ciencia

Lo que se suele calificar de Apocalipsis es el curso normal de la historia. Muchos salen de él con traumas duraderos, pero el animal humano es demasiado fuerte y versátil para que esos trastornos lo quiebren. La vida sigue, aunque diferente de como era antes.

Una ventaja de la cuarentena es que se puede utilizar para renovar las ideas. Hacer limpieza mental y pensar cómo vivir en un mundo alterado es la tarea que nos corresponde ahora.

Fuentes:

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