EINSTEIN TENÍA RAZÓN

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Por: Armando Amador

¡Hemos detectado ondas gravitacionales, lo hicimos!”  Éstas fueron las palabras que exclamó David Reitze, Director Ejecutivo del Observatorio de Interferometría de Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO) ubicado en Livingston y Hanford en los Estados Unidos.

Einstein

Hace un siglo, Albert Einstein predijo la existencia de las ondas gravitacionales sin tener los instrumentos de medición avanzados que la humanidad posee el día de hoy. Para su época, esto era sólo un elemento exótico dentro de su Teoría General de la Relatividad publicada en 1915 y 1916, llamada así porque generaliza conceptos como: aceleración, gravedad, curvatura del espacio-tiempo, el principio de equivalencia y el principio de covariancia.

Las ondas gravitacionales son “disturbios” que se presentan en el universo, como consecuencia de explosiones de supernovas, agujeros negros súper masivos, emisiones de gravedad provocadas por pulsares y otros eventos exóticos.

Funciona como cuando se arroja una piedra sobre el agua, las ondas fluyen hacia el exterior haciéndose cada vez más tenues y difíciles de percibir.

Pero, ¿qué es todo esto?  Resulta que hasta hace algunas décadas, no se tenía un concepto definido del tejido espacial y todo eran teorías que no poseían evidencias que resultaran determinantes para demostrar que el tejido del espacio-tiempo se ve afectado por la gravedad, y que es la misma gravedad la que mantiene unidos a la mayoría de las cosas que existen en el universo, incluyendo elementos que nosotros pensamos que son intangibles, como el tiempo y la percepción de ocupar un lugar en el espacio.

Con eso en mente, en 1984 se creó el LIGO, que consiste en un sistema de espejos que pretende detectar ondas gravitacionales a través de minúsculos movimientos, haciendo que sensores ópticos señalen los eventos.

fusiondeagujeros

Hasta el día 14 de septiembre de 2015, no se habían registrado eventos que arrojaran los suficientes datos como para hacer una declaración sólida, fue entonces que se registraron los datos necesarios producidos por la fusión de dos agujeros negros a unos 410 megapársecs de la Tierra. A esa señal la nombraron GW150914, y el 11 de febrero de 2016 se emitió una rueda de prensa confirmando la existencia de las ondas gravitacionales.

Este hito en la historia de la humanidad nos abre a la posibilidad real de “oír” el universo y sus eventos aunque hayan sucedido a billones de años luz de distancia y poder comprender el universo que nos rodea.

Así que, apuntémosle una más a Albert Einstein.

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