‘El diario de Ana Frank’ y sus anomalías respecto a derechos de autor

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El diario de Ana Frank se está enfrentando a una disputa por los derechos de autor, peleando que el padre de la joven es el co-autor de la novela.

El diario de Ana Frank, se encuentra en una pelea legal entre los que defienden que la obra debe pasar a dominio publico desde 2016 y el Fondo Anne Frank en Suiza que reclama los derechos de autor como vigentes.

La fudación con sede en Suiza es la propietaria de los derechos de edición de los diarios, reclaman que el padre de Ana Frank; Otto Frank, es coautor de estos escritor, por lo que los derechos no expirarían en 2016, sino en 2050 (una obra en Europa pasa a ser dominio publico después de los 70 años de fallecimiento del autor).

Disputa por dinero

Los diarios han sido traducidos a 70 lenguas y vendidos en 100 países diferentes, y han inspirado a ocho producciones cinematográficas.

La fudación Anna Frank; quienes se encargan de gestionar la casa museo en Amsterdam donde Ana y su familia se refugiaron durante la Segunda Guerra Mundial, debían expirar en 2016.

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Minna Becker, perito calígrafo judía, quien afirmó ante el juez, repetidamente, que toda la escritura del diario pertenece a una misma mano. Para develar la verdad de este tema sólo ha hecho falta acceder a las cartas auténticas que Anne Frank escribió de niña a unas amigas, publicadas en los Estados Unidos; la letra de estas cartas sí tiene el aspecto normal de una niña de 10 ó 12 años, lo que no es el caso del “manuscrito original”, que nos revelan a un autor de mayor edad.

Para que la verdad quede más clara, hubo un juicio donde el conocido escritor judío norteamericano Meyer Levin y el padre de Ana Frank.
El juicio transcurrió entre 1956 y 1958 ante el County Court House de la ciudad de Nueva York, obteniendo el demandante Meyer Levin un fallo a su favor que condenaba a Otto Frank a abonarle una indemnización de 50.000 dólares de la época por “fraude, violación de contrato y uso ilícito de ideas”; el pleito, que se arregló privadamente después de la sentencia por obvio mutuo interés, versaba sobre la “dramatización escenográfica” y venta del “Diario”. El juez, así mismo judío, era Samuel L. Coleman, quien dictó sentencia en el sentido de que Otto Frank debía pagar a Meyer Levin “por su trabajo en el diario de Anne Frank”.

Así revenlandonos la verdadera identidad del autor.

Fuentes:

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