Fútbol, el balón gira y la pasión brilla

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” El fútbol es un juego de errores. Quien cometa el menor error, gana.”

JOHAN CRUYFF

Algo que todo el mundo sabe, aunque a veces se olvide por obvio, es que el mundo gira en torno a los balones de fútbol. Espectáculo, negocios, política, moda y hasta un poco de deporte caben en él. Y al final todo se resume en ese momento en que la red de una portería recibe de golpe al balón, mientras los aficionados reciben un impacto similar en sus emociones (tanto las buenas como las malas).

Fútbol hecho historia

Nací en un país donde se transpira fútbol, parte de una sección del mundo con otros espectáculos que compiten en popularidad. Quizá por eso el gol con el balón de la noche pasada me dejó tantos sabores al mismo tiempo. Acostumbrado a paladear el gusto agridulce de la selección mexicana en casi cualquier competencia internacional, el dulzor salado del segundo gol de Colombia ante Argentina me sorprendió con un salto. Aquí también hay otros deportes con grandes exponentes pero en temporada de Copa América es el único que existe.

Descendí del bus en Riohacha como un ciego recién llegado a una cueva. Las señales estuvieron ahí todo el tiempo y sólo hasta el último momento fue que las reconocí. Unas calles antes de bajar ya había visto desde la ventana un campo de camisetas de la selección de fútbol colombiana.

Muchos ya portaban el uniforme nacional de fútbol y para los que no, los vendedores conservaban largos tendederos que ondeaban ante la brisa marina que sobrevivió a la ciudad. Camino al hostal ví colmenas de seguidores frente a toda pantalla disponible. Tiendas de todo, cafés, bares, casas con televisor cercano a la ventana, cualquier monitor o similar reunía con su magia a quien quisiera acercarse. Mientras tanto yo caminaba, casi rodaba, calle abajo.

Cuando estuve libre de mi mochila salí a caminar. Afuera las calles seguían enmarcando el enfrentamiento de dos selecciones nacionales de una de las regiones con más seguidores del fútbol del mundo. Miré la costa abandonada y caminé. Barcos que descansan, un sol que cae en el mar y la luna que aguarda su turno desde el río. Al otro lado la arena ardía pero yo qué iba a saber, turistas perdidos debe ser algo que sobra en el mundo.

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Futbol1

Después de muchos pasos y ya en oscuridad abrí los ojos. Sobre la playa, al lado opuesto del que elegí al principio, pantallas gigantes encendían la noche. Aún así recorrí los bordes mirando artesanías pero ya acompañado de gritos (de emoción la mayor parte del tiempo). Finalmente, encontré un hueco tras la segunda multitud que apareció en el camino. Me recargué en una palmera y me sumergí en el partido.

Me alegró y por un momento pensé que eso sería todo. Al fondo un grupo de niños pateaba un balón pequeño, frente a la pantalla un grupo de adultos seguía a otro balón (enorme  ratos). Con el grito de gol muchos saltamos, gritamos, aplaudimos, y posiblemente la textura arenosa contuvo un terremoto. Colombia ganaba, una de sus pocas victorias ante Argentina según decían los cronistas. Quizá ese último toque agrio realzó los sabores y las emociones.

Sobre la carretera me preguntaba: ¿por qué ese destino y no otro? Una ciudad de costa como esas que abundan en postales no me terminaba de convencer. Pero ahí estaba yo unas horas después: celebrando el gol de una selección ajena. Porque al final no importa a dónde te dirijas, el único camino posible es alrededor de un balón de futbol.

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