BERLÍN

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PRAVIA 13 (septiembre – octubre 2014)

Por: Romina Pons.

Por algo los alemanes ganaron el mundial. En las calles de Berlín se refleja la ideología de esta sociedad: ordenada, amigable, estructurada y siempre buscando innovar. Es impresionante pensar que hace menos de 30 años la ciudad estaba dividida por un muro, es una sociedad progresista y optimista. Berlín está lleno de parques y áreas verdes que la gente respeta, disfruta y cuida. Nada de puestos de piratería, garnachas o basura en la calle.

Empecemos por lo imperdible: la Puerta de Bradenburgo y el Parlamento. Si tomamos en cuenta que ahí sesionada el partido nazi, la cosa se pone interesante. Hablando de la Segunda Guerra Mundial, el Holocaust Memorial es una obra arquitectónica impresionante. El proyecto corrió a cargo del arquitecto Peter Eisenman y el ingeniero Buro Happold. En palabras del mismo Eisenman, “el espacio está diseñado para producir una atmosfera incómoda y confusa. La escultura representa un sistema “ordenado” que, en su mismo orden, pierde el contacto con la humanidad”.  Ha sido tremendamente criticado pero vale la pena meterse en sus laberintos, el sentimiento de soledad es impactante. Justo en frente se da el contraste con el Tiergarten, el principal parque urbano de Berlín.

Esta es una ciudad que debe recorrerse caminando, o en bici. Una atracción importante en Berlín es el arte callejero: cualquier esquina se convierte en un lienzo, y sin importar el barrio, te sorprenderás viendo el adorno de sus calles. Buscan la manera de intervenir el espacio de forma que conviva en armonía con el entorno y los resultados son tremendamente estéticos y propositivos. Mi recomendación de hospedaje es el Kunsthotel, que se encuentra en Mitte, la zona hip de Berlín. Este hotel/hostal es único porque cada uno de sus cuartos está intervenido y completamente arreglado por un artista distinto. Hay cuartos privados o compartidos, con o sin baño propio, y los precios son bastante accesibles, además de que la ubicación es inmejorable.

Hablemos de comida. Si bien Alemania no es conocido por su alto nivel gastronómico, es indispensable tomarse una buena cerveza alemana junto con un currywurst. Esta es la comida callejera de Berlín: una salchicha de cerdo con cátsup, polvo de curry y acompañadas de pan o papas fritas. Es delicioso. Además de los platos tradicionales como el schnitzel (milanesa empanizada pero con un sabor distinto al de nuestras fondas) la ciudad se destaca por tener comida deliciosa de otros lugares del mundo. Gracias a la migración, puedes deleitarte con deliciosa comida hindú, turca y árabe. Cada quien sus gustos pero no puedes irte de la ciudad sin comer un pollo al curry de algún restaurante hindú servido en el típico plato con velita abajo.

Berlín es una de las ciudades con mayor oferta de museos. Para empezar, es muy conocida por el arte y diseño. El museo de diseño de la ciudad es el Bauhaus Archives, que recopila todos los pormenores del Bauhaus, la corriente de arquitectura, arte y diseño más influyente del SXX. Aquí podrás encontrar obras de Walter Gropius, Moholy-Nagy, Klee, Kandinsky y muchos más.

Para quienes no sólo quieren conocer lo típico, deben ir al Berggruen Museum, que es simplemente (y eso lo decimos con cierta ironía) la colección de arte de Heinz Bergguren. Este recolector de arte compró su primera pieza en 1940, un Klee por $100 dólares. Ahora tiene una colección valuada en más de $450 millones de euros, e incluye obras maestras de Braque, Matisse y Giacometti.

En Berlín hay una zona llamada Museum Island la cual, si se quiere recorrer toda, lleva un par de días. El primero alberga una basta colección de objetos y reliquias egipcias y nubias, así como piezas que van desde el griego clásico hasta la edad media. El segundo me parece de los museos más impactantes que he visitado. Por bizarro que suene, dentro del mismo se encuentra la puerta y el muro para entrar a la antigua Babilonia. El tamaño y los colores de la pieza te dejan sin aliento. Adentro del mismo museo se encuentra la puerta de entrada al mercado de Mileto y el majestuoso altar de Pérgamo, de la isla del mismo nombre. No les contaré cómo llevaron eso hasta Berlin porque es parte del encanto del museo.

Hablaré de un museo más: el DDR Museum, aunque en realidad todos en Berlín valen la pena. La particularidad de este museo es que muestra la vida durante la Alemania comunista de una manera didáctica. Puedes sentarte en una sala de aquella época, escuchar lo que sonaba en radio del lado este de Berlín y hasta ver los programas televisivos. Aunque los niños son felices ahí, les aseguro diversión sin importar la edad.

No podemos hablar de Berlín sin tocar el tema de la fiesta. Es imprescindible tomar en cuenta que, al menos una noche, deben amanecer bailando. La oferta electrónica y gay es de las más amplias del mundo entero, pero en Berlin hay de todo y para todos. Flutgraben es como la zona de estudiantes, y tiene bares/antros de todo tipo: el White Trash que parece un BBQ gringo pero con tienda de tatuajes, escenario para conciertos y un amplia zona exterior; así como lo leen. También está el Club Der Visionaere que es como el antro fresa de la zona. Sin duda el más interesante es el Freischwimmer, que es una especie de club electrónico al aire libre junto a un riachuelo. Del otro lado del riachuelo hay un edificio de la posguerra que bien podría estar embrujado. Este bar está adornado con luces y candelabros de colores entre los árboles, y el contraste con el entorno le da un toque mágico.

Por último, y si lo tuyo es el rock, punk, garaje, etc, no puedes dejar de conocer el SO36, el CBGB de Berlín. Bien puede tocar una pequeña banda alemana que una leyenda del punk en este espacio. Las cervezas son enormes y heladas. La gente que va es de todo tipo, destacando punks de todas las edades (incluyendo cuarentones) con sus mohawks de colores y aretes por todos lados. Sin embargo son tremendamente amables con los turistas. En los 70, era común ver por ahí a Iggy Pop o David Bowie.

Berlín es una de las ciudades más modernas, organizadas, cosmopolitas e interesantes para visitar. Un par de días nunca será suficiente pero es un buen inicio. Si puedes hacerlo, no lo pienses más y ve. Te llevarás más de una sorpresa.Berlin

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