PRAGA

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PRAVIA 08

Por: Ana Karen Chávez.

“Una de las ciudades mas bellas de Europa y del mundo”, “Es como estar en un cuento de hadas”, “Visitarla es un viaje al pasado” …. Todas estas cosas había escuchado de Praga y pensaba en la posibilidad de que como me lo habían vendido tan increíble no me iba a sorprender como con otras ciudades que ya había tenido la oportunidad de conocer. En parte tenía razón, pues sorprender no termina de definir lo que se siente visitar La Ciudad Dorada.

Llegar a Praga es cambiar el canal de tu cabeza. Para empezar llegas a un idioma completamente distinto: no entiendes nada. Sobre el dinero, ¡a cambiar tus billetes nuevamente! Necesitas coronas, que en lo personal, yo prefería llamar checo-pesos, tal vez necesitaba hacer algo un poco más familiar. Ya mentalizado a no entender nada es hora de darle a tus ojos algo en que entretenerse, y qué mejor que salir a conocer una de las pocas ciudades que sobrevivió intacta a la segunda guerra mundial.

Lo mejor para conocer Praga es caminar, casi todo lo que vale la pena ver está a distancias cortas. La ciudad esta dividida por distritos, y cada distrito por municipalidades, las más visitadas son la Ciudad Nueva, Ciudad Vieja, Ciudad Pequeña y el Barrio Judío.

Puedes empezar por la Cuidad Nueva en la que se encuentra la Plaza de Wenceslao, que más que plaza es una avenida con edificios estilo art nouveau, algunos hoteles, restaurantes y tiendas de moda. A lo alto de la plaza se encuentra el Museo Nacional, un monstruo imponente, que de noche se ve increíblemente aterrador. A lo largo de la plaza hay varios puestos de comida rápida, desde hot-dogs con salchichas más grandes que tus brazos, hasta la recomendadísima hamburguesa de queso empanizado (si, leíste bien) que tienes que probar.

Después del pequeño snack es momento de seguir caminando y perderte un rato en los callejones, ya que seguir un mapa es imposible; al final todo el centro de la ciudad está lleno de monumentos y construcciones que te mantienen con ganas de seguir descubriendo. Cuando sientas que la cuidad te esta retrocediendo el tiempo, -50 años a cada paso- y notes que la arquitectura cambia a un estilo barroco y más gótico es señal de que estas entrando a la Ciudad Vieja. Para este entonces tu lengua se encontrará seca y como buen checo, la sed se quita con cerveza; entra a uno de los restaurantes o bares que se encuentran en esta plaza prueba una cerveza local. El precio puede estar un poco elevado por ser zona turística, pero vale la pena tomarse el tiempo para sentarse y disfrutar de la grandiosa vista.

Uno de los principales edificios en la Ciudad Vieja es el Edificio del Ayuntamiento en el cual se encuentra el reloj medieval más famoso del mundo, El Reloj Astronómico de Praga. Hay una leyenda que dice que los concejales dejaron ciego a Hanus, el relojero creador de la obra, para que no hubiera más relojes como ese. Como toda leyenda no se sabe la verdad pero lo que sí es que es una obra muy admirada por los turistas. Mientras esperas a que dé la hora para que la calavera toque la campana y comience el espectáculo del reloj puedes probar uno de los postres típicos de Republica Checa, el Trdelník, (para mi pronunciación en checo trudul) un pan recién hecho, enroscadito con azúcar. En esta área puedes pasar la tarde disfrutando de iglesias con diferentes estilos y torres que servían de puerta para la ciudad.

Ahora sigamos con el monumento más famoso de Praga, El puente Carlos, nombrado por su creador Carlos IV. El puente comunica la Ciudad Vieja con la Ciudad Pequeña, cruzando las aguas del río Moldava. A lo largo del Puente hay estatuas que le dan un toque especial. La vista desde este lugar es increíble y puedes encontrar artistas, músicos y artesanos compitiendo por la atención de los turistas. Del otro lado del puente se encuentra Ciudad Pequeña, un camino muy pintoresco que te lleva hacia el castillo, donde te toparás con muchas tiendas de títeres y souvenirs.

Al llegar al castillo tu cabeza estará a punto de explotar de tanto tratar de absorber lo intrigante de este lugar, pero has espacio por que estás parado en el castillo más grande del mundo, ahora la residencia del Presidente de la República Checa. Lejos de ser como los castillos de los que rescatan a las princesas, éste esta compuesto por un conjunto de palacios y edificios conectados por callejones, dentro de los que se encuentra la Catedral de San Vito, la mayor muestra del arte gótico en la ciudad. Puedes pasar un largo rato recorriendo el castillo y gozando de la vista desde arriba.

Praga es famosa por visitarse en pareja y pasar un rato romántico, pero si de fiesta hablamos, también es una buena opción pues cuenta con una vida nocturna increíble. Un buen lugar para empezar o terminar es el Chapeau Rouge, ubicado en Ciudad Vieja. Es un bar surreal, abierto de día y de noche, que se transforma en antro conforme bajas las escaleras. El primer piso es un clásico pub en donde puedes disfrutar de muy buenas cervezas a buen precio. Después de unas cuantas chelas, estas listo para bajar uno o dos pisos y cambiar totalmente de ambiente en cualquiera de los dos antros subterráneos en los que podrás disfrutar de buena música electrónica y si te animas unos cuantos shots de Absinthe o Becherovka para terminar la noche.

También tienes la opción de ir al antro mas grande de Europa central, Karlovy Iázne con cinco pisos, cada uno con su propio estilo, desde disco hasta trance y techno.

Ahora sólo esperemos que al siguiente día la cruda te deje levantarte para que puedas aprovechar todo lo que a Praga le queda por ofrecer, como el Barrio Judío, en el que encontrarás sinagogas y cementerios a los que nos les cabe ni un alma más, museos de todo tipo, una obra en el teatro negro (por si tus ojos no tuvieron suficiente) y disfrutar de la deliciosa gastronomía, y claro, más cerveza.

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