Emociones: ¿Hace cuánto que no te escuchas?

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Anteriormente hacía mención de la paquetería básica que tenemos como humanos; pero hay otras emociones y sensaciones que muchas veces no reconocemos muy bien, que incomodan, que desearíamos que no estuvieran ahí.

Una de ella se llama ansiedad y otra se llama estrés; ambas también son inherentes a nosotros mismos, sólo que no son tan básicas como las demás, pero eso no les resta importancia o presencia en nuestras vidas, e incluso, ese pequeño hecho de negarlas o evitarlas, puede aumentarlas. Irónico, ¿no?

En esta ocasión, el foco estará presente en la ansiedad. 

“Me siento ansiosa”. “Es que me dio un ataque de ansiedad”. Son frases comunes que escuchamos diario, pero si nos dieran una moneda por cada vez que las oímos durante el día, sería suficiente para pagar la terapia que obviamente necesitamos.

ansiedad

Y es curioso, porque muchas veces ni siquiera sabemos qué es la ansiedad o cómo se siente, y se termina confundiendo con otros sentimientos y emociones. Muchas veces no es estrés, no es miedo, no es incertidumbre, no es enojo, pero no nos damos cuenta. 

Lo más risible, es que muchas veces está tan presente en el día a día, al grado de que ya la normalizamos, siendo que, no siempre es sana su presencia en todo momento. 

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Desafortunadamente, las cuestiones de salud mental y emocional aún son un tabú, pues muchos siguen creyendo que ir al psicólogo es sinónimo de que estás loco, pero no es así. Es sinónimo de que hay algo dentro de nosotros con lo que no nos sentimos cómodos y es necesario tomar una decisión: aceptarlo o dejarlo ir. No hay más.

Y es que creemos que son problemas tan grandes, que afrontarlos resultaría imposible… pero ojo: esa es una trampa de la ansiedad.

emociones

Cosas tan sencillas como respirar profundamente, centrar la atención en el objeto más cercano o beber un vaso de agua son soluciones tan baratas y rápidas a las emociones, que es fácil olvidarlas en una crisis. 

Otra solución, es simplemente ir con un amigo o familiar y contarle lo que sucede. El simple hecho de poner en palabras los pensamientos que rondan por la mente, hace que parte de esa incómoda sensación, se vaya como humo en el aire. Y lo mejor, no te costará nada y aumenta la confianza en la relación.

Lo más importante, es que en esos momentos, después de tranquilizarnos, tener la capacidad de afrontar aquello que detonó el ataque de ansiedad, para que en el futuro, no se repita la situación. 

Pues no es otra cosa que nuestro propio cuerpo tratando de decirnos algo, de recordarnos que somos humanos. 

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